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Carta a Maluma

El presidente habla el lenguaje de la música. De ahí que haya tenido más encuentros con cantantes que con líderes sociales.

Por: Daniel Samper Ospina

Señor:
Juan Luis Londoño.
Maluma.
Ciudad.


Mi muy estimado Juan Luis:

Antes que nada permítame felicitarlo por su más reciente éxito, Borró cassette, compuesto, como se viene a saber ahora, en honor a las promesas de bajar impuestos que hizo Iván Duque durante su campaña. Qué bonita letra, querido Juan Luis; qué audacia lírica, comparable, apenas, con la de su señor padre, Fernando, Fernando Londoño, en La hora de la verdad, aunque las letras de sus canciones son más hondas que aquellos editoriales, más humanas, cuando dice cosas como estas: “Te dije, mami, tómate un trago / Y cuando estés borracha pa mi casa nos vamos”: hermoso manejo de la sintaxis, impecable rima asonante tan inesperada como la borrachera misma de la muchacha en cuestión. Qué bonita canción. Renueva usted su repertorio con ese dejo petrista en que asume el hábito gramatical de hablar de tú y de usted en una misma frase. “Cuando desperté yo te quise llamar / y ahora me dice que borró cassette”, dice, vanguardista, en aguda provocación a los cimientos mismos del idioma. También se arriesga en el aspecto semántico al abrir paso a un Maluma, ese Maluma moral, ahora monógamo, que convoca a Eros en una sola musa, ya no en cuatro. En Cuatro babys, me refiero: como cuando decía: “Cuatro chimbitas/ Cuatro personalidades / Dos me hablan bonito / Dos dicen maldades”.

En síntesis, felicitaciones, hermano, como le decía el mismo presidente.

Me animé a escribirte esta carta por lo siguiente, mi querido Juan Luis. Yo sé que usted, a diferencia de los estudiantes de universidades públicas que llevan años tratando de reunirse con él, tiene línea directa con el presidente Duque; que frecuenta Palacio de Nariño y hablas de usted a tú con el primer mandatario, con quien comparten inquietudes y gustos comunes: la utilización pedagógica de la música, la promoción general de la cultura y el tipo de tintura que no maltrata el pelo.

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El presidente, lo hemos podido ver, habla el lenguaje universal de la música de manera instintiva; de ahí que, en estos cien días de su gobierno, haya sostenido más encuentros con cantantes que con ministros o líderes sociales.

Y usted mismo, querido Juan Luis, pudiste constatar la forma en que el primer mandatario toma guitarras sin permiso e improvisa acordes con la misma facilidad con que improvisa reformas tributarias. Es un rapero de los tributos.

El presidente habla el lenguaje de la música. De ahí que haya tenido más encuentros con cantantes que con líderes sociales.

Bien. Al margen de ese gusto admirable del primer mandatario por Orfeo, en particular, y por la farándula, en general, existen algunos asuntos de Estado que es urgente resolver y a los que, por su apretada agenda, el doctor Iván no puede dar cumplimiento.

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Y por eso –ahora sí retomo– decidí escribirte esta misiva: para rogarte le eches una llamadita al doctor Duque y, una vez te reciba de nuevo en Palacio, le transmitas varios mensajes urgentes: él a ti sí te oye; él a ti sí te para bolas: ¡él te necesita, Juan Luis, a ti te recibe! ¡Tú no eres estudiante!

Cuando lo vuelvas a tener al frente, pídele cantar al alimón estos versos de los Cuatro babys, que seguramente los recuerda:

“Y es que todas lo maman bien / Todas me lo hacen bien / Todas quieren chingarme encima de billetes de cien”.

Poesía pura, de evidentes dejos becquerianos. Y ahí, cuando hables de los billetes de cien, tócale el tema: pídele que retire su reforma tributaria; que no haga con la clase media lo que tú mismo pretendías hacer con la muchacha de Borró cassette, diablillo; o con la nena de Cuatro babys a la que aludías cuando rimabas con la palabra “funda”.

Dile que es miserable recostar toda la reforma en la clase trabajadora; que es infame gravar el pan y el huevo, tan utilizado en las letras del reguetón. Coméntale que los proyectos anticorrupción se hunden en el Congreso sin que él, a diferencia de lo que sucede cuando enfrenta un acorde, sea capaz de mover un solo dedo. Y explícale que sin corrupción dispondríamos de 50 billones, tres veces la suma que pretende recoger el ministro Carrasquilla gravando la canasta básica, como las proteínas y el tomate.

Sé, Juan Luis, que desconoces quién es el ministro Carrasquilla. Y qué es la canasta básica. Y qué significa gravar, con cualquiera de las dos B. Y qué es la proteína (aunque quizás te suene el tomate). Pero, por el bien de la clase media, debes hallar la manera de colar esos temas en tu próxima visita, quizás con rimas, quizás como un coro, para que el presidente reaccione y los atienda. No nos dejes solos, Malu. Esa reforma tributaria quebrará a medio país. Y él solo tiene tiempo y oído para músicos como tú.

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En ti reposa el futuro de Colombia, mi señor. Manipula a tu regordete y bien intencionado fan. Ayuda a tumbar esa temible cascada de tributos. Mi querido Juan Luis: ¡salve tú la patria!