Especialmente después del resultado de las elecciones en Colombia, muchos se preguntan por qué en América Latina se han ido entronizando gobiernos de derecha.
Ante todo, es difícil hacer una dicotomía entre izquierda y derecha, ya que algunos de quienes se califican como de derecha han adoptado medidas de carácter liberal y, viceversa, otros que se califican de izquierda siguen políticas que podrían considerarse de derecha.
No es posible que el límite que divida las dos tendencias sea el grado de amistad con Estados Unidos. Se puede tener una relación cordial con Washington sin que implique, de manera alguna, una identidad total con sus posiciones. Así lo han hecho varios gobiernos de Colombia.
Sin embargo, hay naciones que han estado padeciendo la inseguridad, la violencia y la coacción, y que, ante la impotencia, ven en un candidato una luz al final del túnel, en momentos, además, del deterioro generalizado de los partidos políticos, cualquiera que sea su tendencia o denominación. Por eso triunfó Chávez en Venezuela y ese fue uno de los factores que influyeron en el triunfo de Abelardo De La Espriella en Colombia.
Los ejemplos de Cuba y Venezuela han precipitado también la preocupación sobre el futuro de varios países. Uno de los planteamientos que más impacto ha tenido en esas campañas presidenciales ha sido, con razón, el de: “no queremos ser otra Cuba ni otra Venezuela”.
En las cuentas que se hacían antes de las elecciones en Colombia, se hablaba de que en América Latina, con la elección de Abelardo De La Espriella, quedarían tan solo dos países de izquierda en el continente, que incluso algunos los calificaban como de “tendencia socialista”: México y Brasil. No se mencionaba a Uruguay.
Aunque todo indica que el presidente Lula da Silva será reelegido, Brasil se encuentra a mucha distancia de ser socialista. El país está en otra cosa, aparte de que quiere ser otra vez campeón mundial de fútbol. Como dijo un mandatario brasileño: “No somos ni cola de león, ni cabeza de ratón: somos cabeza de león”. Tiene una política exterior pragmática y logró por fin una economía floreciente. Incluso aspira a ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.
Por su parte, la presidenta de México ha manejado con tino la relación con los Estados Unidos. Incluso ha aceptado complejas “sugerencias” de Trump, pero manteniendo la posición tradicional de independencia de su país. También México está a años luz de ser socialista.
Trump sigue afirmando que el triunfo de Abelardo se debe en parte a él. Está sin duda mal informado. Seguramente no le dijeron que él no es en Colombia tan popular como Lucho Díaz o Shakira, como él cree. Por el contrario, tiene muchos críticos.
Hay una vieja canción del compositor puertorriqueño Rafael Hernández, que lleva como título: “Amor, no me quieras tanto”.
