La izquierda sabe manosear el pensamiento de la población e introduce temas insustanciales que acaparan la atención de un país, polarizan a la opinión pública y generan cortinas de humo que impiden ver las realidades, especialmente en los momentos actuales, cuando la transición hacia un nuevo modelo de gobierno, que está tratando de hacer el empalme, va descubriendo los actos corruptos que cometieron muchos bandidos, saqueando las arcas del Estado para enriquecerse y seguramente para conformar la bolsa mágica que les permitió comprar miles de conciencias en las pasadas elecciones.
Esta situación ha permitido evidenciar, en medio de controversias bizantinas, la forma en que algunos políticos populistas buscan ‘darse el vitrinazo’ en el primer día de su gestión parlamentaria, argumentando teorías cantinflescas, especialmente relacionadas con el tema del acto de posesión que desea tener el presidente electo; el argumento de que el hacer la ceremonia de posesión en una instalación militar es una demostración de sujeción del poder político al poder militar es más una payasada que un planteamiento racional y analítico de quien o de quienes ya han recorrido los caminos del poder en pasados gobiernos.
Lo interesante de la nueva legislatura sería que los parlamentarios hubieran entrado con toda su energía a tratar de solucionar los grandes problemas que ha generado al país el mal llamado “progresismo”, en lugar de estar divagando sobre la ceremonia de posesión, pues lo que están haciendo es darle una gran satisfacción al saliente, que actuando al estilo dictatorial los distrae de su rol legislativo y busca imponer su voluntad. Ahora es cuando más se requiere la unión de todos los colombianos alrededor de la recuperación de las libertades y de la democracia para impedir que nuevamente la izquierda tenga en las manos los argumentos para llegar al poder y se cumpla el “volveremos” que ha pronosticado Petro.
El gobernante saliente ha logrado atraer la discusión popular alrededor del lugar de la juramentación del presidente De La Espriella, produciéndose un ambiente adverso hacia el nuevo mandatario y hacia la institución castrense que tanto parece odiar, pues los desplantes y las actuaciones negativas que afectaron a la Fuerza Pública durante su Gobierno así lo confirman. No se puede olvidar que en estas últimas semanas parece que se está buscando distraer a la opinión pública para que no analice los últimos decretos ni los nombramientos ‘amarrados’ que ha hecho el Gobierno para dejar sembrada la semilla del comunismo en las principales instituciones del país.
Parece que algunos no quieren reconocer que el poder es efímero y que, al término del período para el cual una persona ha sido elegida, esta debe dar el paso al lado para que otros puedan demostrar sus capacidades, o incapacidades, como ha sucedido en el último Gobierno; debido a posiciones ideológicas abyectas de un comunismo fracasado, no se quiere reconocer la decisión de un pueblo que derrotó a la izquierda y eligió un nuevo presidente, que no era el candidato del gobierno, pero eso no valida la siembra de cizaña por parte del jefe de gobierno en contra de la administración entrante, pues lo único que ha logrado es corroborar la ausencia de principios y valores en el instigador saliente, quien siempre se ha victimizado.
“Además de mentiroso, bufón”, decían los abuelos y se confirma con la última perorata ‘veintejuliera’, donde se trató de engatusar a los asistentes con mentiras como negar la aguda crisis en seguridad, las falencias en la economía, el déficit fiscal disparado, el incremento del trabajo informal, los falsos datos sobre la salud, los supuestos nuevos cupos en la educación superior y hasta “la fabricación y exportación” de vehículos eléctricos; pero sí quedaron claros la promoción del odio de clases, el rencor político, el rechazo a quienes generan empleo, el no reconocimiento del nuevo Gobierno y las intenciones de la izquierda de recuperar a toda costa el poder en el próximo período.
Hay que aprender la lección de los errores pasados; la izquierda ha logrado el poder no solo por los egos y ambiciones de sus adversarios políticos, sino por la desunión de los partidos que se supone deben tener objetivos y metas comunes. La Alcaldía de Bogotá, considerada el segundo cargo de poder político del país, ha quedado varias veces en manos de la izquierda por la desconexión del centro y de la derecha, que solo piensan en sus beneficios personales y no en lo que debe hacerse para lograr progreso, bienestar y prosperidad de la ciudadanía en general.
Lo mismo ocurrió en las pasadas elecciones presidenciales, donde por un margen estrecho se derrotó a la izquierda, pero esta estuvo muy cerca de imponer la continuidad del comunismo. En la primera vuelta de estas elecciones, el triunfo pudo haber sido apoteósico si se hubieran unido los partidos, pero hasta último momento estuvieron dándose codazos y haciéndose zancadilla tratando de ganar por una nariz. Los políticos no aprenden o no quieren aprender de sus propios errores y el pueblo es ‘el paganini’ de sus tropezones. Ahora no podemos trenzarnos en una guerra entre partidos, como propone un distinguido parlamentario, porque el que pierde es nuestro bello país; sin duda, la unión hace la fuerza.
