Cuando era niño, mi madre y mi abuela siempre me enseñaron sobre los valores de la bondad y el agradecimiento por los privilegios con los que uno cuenta. Frases como: “Es comida de Dios” o “Donde come uno, comen dos” se convirtieron en parte de mi vocabulario, igual que le ocurrió a millones de niños colombianos a lo largo de las generaciones. Un dicho de abuelos que por mucho tiempo permaneció en el argot popular y en el vocabulario de todo colombiano. Estas frases se pusieron a prueba el lunes 10 de agosto, cuando nuestra patria vivió uno de los desastres naturales más devastadores de la última década, un terremoto de magnitud 7.4 que dejó a miles de familias damnificadas y un país en crisis.
A pesar de la tragedia, el Gobierno nacional se movilizó rápidamente. Nombró con urgencia al nuevo director de la UNGRD y reveló el presunto escándalo de corrupción de la administración anterior, que dejó a la administración en ruinas. Además, tanto el presidente como sus ministros se desplazaron a las zonas afectadas para hacer un trabajo conjunto con las entidades territoriales. Las medidas ordenadas por el presidente De La Espriella para la reconstrucción de estas ciudades y municipios, al igual que el manejo de la crisis en general y el apoyo internacional que logró conseguir de las principales potencias del mundo, representaron un alivio para nuestro país, el cual llevaba sin tener presidente por cuatro interminables años.
No obstante, lo más impresionante que ocurrió fue el comportamiento de los colombianos. Cuando supe de la noticia por varios amigos de Pereira y Cali, junto con la empresa de mi padre, decidimos actuar rápidamente. Es así como comenzamos a comprar insumos para los afectados y a colaborar con miembros de la comunidad para brindar apoyos. Sin embargo, lo que me sorprendió de sobremanera fue la solidaridad de los colombianos con sus compatriotas. Me acuerdo cuando asistí el miércoles pasado a El Campín. Eran hordas de voluntarios, desarrollando cadenas humanas tan amplias que le daban la vuelta al estadio y un fervor popular que se sentía en el ambiente. Ese día entregamos dos camionetas llenas de donaciones; también nos quedamos a hacer voluntariados hasta que cayó el sol. En días posteriores continuamos recaudando donaciones y haciendo voluntariados hasta altas horas de la noche.
Este esfuerzo no solo se ha desarrollado desde el bolsillo del ciudadano de a pie, sino también desde los imponentes conglomerados empresariales; justamente la Andi donó $ 201.000 millones de pesos. Por otra parte, Jaime Gilinski y su esposa donaron alrededor de $ 150.000 millones de pesos, un gesto que agradeció profundamente el alcalde de Cali, Alejandro Eder. Sumado a esto, los Sarmiento tomaron la decisión de donar más de $ 200.000 millones de pesos. Por último, destacados artistas como Shakira, J Balvin, Karol G y Maluma, entre otros, aportaron a esta causa entregando donaciones y prestando su imagen para realizar conciertos benéficos. En el caso de la barranquillera más famosa del mundo, ella tomó la decisión de reconstruir 10 escuelas para los más necesitados.
Hoy, el Gobierno nacional registró 314 fallecidos, 26.845 viviendas afectadas y más de 1,2 millones de personas afectadas que necesitan ayuda humanitaria, según explicó la ONU. De la misma manera, él fue enfático en que hubo una afectación en 1/3 de nuestro país, dejando cientos de estructuras en ruinas, por lo cual la unión no debe cesar, sino que debe incrementarse para desarrollar la nueva fase de reconstrucción de ciudades intermedias y municipios.
La pregunta es: ¿cuál es el siguiente paso? Tanto la Cruz Roja como los organismos del Gobierno nacional han informado que es imperativo donar materiales de construcción como lo son el cemento, arena e hierro. Estos son fundamentales para la reconstrucción, por lo cual nuestra nueva tarea es contribuir con nuestra modesta dosis de colaboración para la reconstrucción de la infraestructura afectada.
Es así como el célebre dicho “Donde come uno, comen dos”, que creíamos una frase más en el argot popular, resultó ser la llave maestra para demostrarle al mundo que, sin importar lo que pase, la solidaridad y el amor del colombiano por sus compatriotas superan cualquier barrera ideológica, de clase y racial.
