Ahora que se encuentra nuevamente sobre el tapete el tema de las aspersiones sobre los cultivos de coca, que se ha constituido en un punto fundamental en las relaciones con los Estados Unidos, podría resultar importante repasar la situación ocurrida en 2008, cuando Ecuador nos demandó ante la Corte Internacional de Justicia por las aspersiones aéreas realizadas en territorio colombiano, en el departamento del Putumayo y en el suroccidente de Nariño. Igualmente, los sólidos y extensos argumentos que Colombia presentó en esa ocasión ante el tribunal.
Las aspersiones se realizaron por instrucciones del presidente Álvaro Uribe, en desarrollo de un acuerdo con los Estados Unidos que contó con la ayuda, aunque casi nominal, de la Policía Antinarcóticos colombiana.
La demanda, más que por las aspersiones, se derivó del ataque realizado por un destacamento combinado de Fuerzas Militares y de Policía de Colombia al campamento de Raúl Reyes, dirigente de las Farc, en la madrugada del 1.° de marzo de 2008. Este se encontraba en territorio ecuatoriano, en la margen derecha del río Putumayo, y desde allí se mantenían los cultivos de coca en la margen colombiana y se atacaba a embarcaciones comerciales y militares.
En la operación murió el dirigente guerrillero y otros miembros del grupo armado. Ecuador rompió relaciones diplomáticas con Colombia y se movilizó en todos los organismos internacionales y en las cancillerías para denunciar la acción.
Para entablar la demanda ante la Corte, el Congreso ecuatoriano aprobó a las volandas el Pacto de Bogotá, firmado en abril de 1948, pero que no había sido ratificado. Ecuador sostuvo que Colombia había violado su soberanía por el sobrevuelo de los aviones fumigadores sobre su territorio y que las aspersiones habían alcanzado su territorio, afectando el medioambiente y contaminando las corrientes de agua, la salud humana, la fauna y la flora.
Curiosamente, la demanda no se hizo, como era de suponer, por el ataque a territorio ecuatoriano. La razón fue que en la Operación Fénix el destacamento colombiano había incautado computadores en los cuales se verificaban los vínculos de las Farc con el presidente Rafael Correa.
La proliferación de los cultivos de coca en la región del Putumayo, que alcanzaba el 40 % de la producción mundial; la actitud de Correa de abandonar la provincia de Sucumbíos, que era la gran productora del petróleo ecuatoriano; así como la corrupción rampante de las autoridades en esa región, facilitaron el establecimiento del campamento de Reyes.
No bastaba la realización de una tanda de aspersiones. Había que repetirlas periódicamente porque las matas de coca se reproducían poco tiempo después. Se requería una acción mucho más profunda, diversa y continuada.
Las aspersiones eran censuradas también masivamente en el departamento del Putumayo. Generaban además en ciertos medios ajenos a la región preocupación generalizada por el eventual deterioro del medioambiente. El Ecuador, al final, retiró la demanda y los dos países resolvieron actuar conjuntamente para enfrentar el problema.
Ahora a esa grave situación se ha agregado, en proporciones gigantescas, el problema de la inseguridad rampante en el área.
