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El asedio a la Corte

El asedio a la Corte continuará porque, contrario al Congreso, Petro no la puede comprar. Eso quiere decir que la Corte no tiene condiciones para nombrar fiscal general de la nación, ni de esta ni de ninguna otra terna que presente un presidente que los presiona con violencia.

Francisco Mejía
9 de febrero de 2024

El asedio a la Corte Suprema ordenado por Gustavo Petro, que su presidente, Gerson Chaverra, calificó de “violento e ilegal”, marca el comienzo de una nueva fase en el plan que tiene Petro para Colombia, ese plan que está en su cabeza desde que entró al M-19 en los setenta.

Nadie como él ha llegado a perfeccionar tanto la combinación de formas de lucha: a la Corte le aplicó apenas la dosis suficiente de violencia para el momento. Pero más grave que la violencia física fue la violencia psicológica: mandar a agitar banderas del M-19 es un mensaje contundente para los magistrados: si no me nombran mi fiscal rápido, ¡ya saben de lo que soy capaz!

Es una regla que no falla: la impunidad, tarde o temprano, hace que el verdugo vuelva sobre su víctima. Luego de cinco horas de asedio violento, Petro envió a su comandante de Policía, confeso petrista, quien, en un impecable uniforme, se desplazó tranquilamente, como quien va a una reunión de amigos, al sitio donde una turba agitando banderas del terrorismo tenía encerrada a la cúpula de la Justicia.

Otra sutileza para recordarle a la Corte quién manda sobre los que deben protegerlos y hasta dónde ha llegado a permear con su ideología a la institucionalidad armada. Pero la revolución no se puede hacer en el marco de la Constitución, porque las revoluciones no admiten separación de poderes, todo el poder debe estar concentrado en el caudillo que la lidera. De hecho, ese es el verdadero objetivo de la revolución, el poder absoluto e intemporal.

El ideario progresista o neomarxista solo es un instrumento político que se ha probado eficaz en la causa, porque no solo restringe las libertades políticas, sino las económicas, lo cual es necesario para que el caudillo nunca sea removido del poder. Los dictadores modernos se cuidan de repetir el error de Pinochet.

Para Petro, la toma de la Fiscalía es crucial, no solamente por los procesos penales que afectan a su familia y a su campaña, sino para su plan revolucionario. Es un hecho que las tres ternadas para ser fiscal general tienen afinidades inocultables a su causa; si no las tuvieran, ya habrían renunciado al ver el método criminal que utiliza su nominador para que sean nombradas.

Por eso es fácil predecir que, si alguna fuera nombrada, empezaría en la Fiscalía el mismo proceso de purga que hemos visto en el Ejecutivo. Los fiscales profesionales serán reemplazados por activistas y la persecución contra quienes se opongan al régimen sería implacable. Pero, además, es imprescindible una Fiscalía que no investigue la corrupción, tan necesaria para afianzarse en el poder, porque tanto los afines a su causa, como la casta política corrupta sin causa que ha comprado, deben poder robar tranquilos. Esa es una parte fundamental de la revolución, o sea, de la consolidación del caudillo en el poder.

Muchos robarán tranquilos hasta que ya no sean necesarios. Una vez voten las reformas y la constituyente para la reelección, deberían tener claro que habrán vendido su último voto, ellos mismos habrán acabado su negocio y, de paso, la democracia.

El asedio a la Corte continuará porque, contrario al Congreso, Petro no la puede comprar. Y Petro no va a cambiar. Eso quiere decir que la Corte no tiene condiciones para nombrar fiscal general de la nación, ni de esta, ni de ninguna otra terna que presente un presidente que los presiona con violencia. Si la Corte se deja intimidar y le nombra su fiscal a Petro, y la mayoría del Senado se deja comprar, como ocurrió en la Cámara, y le aprueban sus reformas, entraremos en la siguiente fase, aun más violenta que esta y ya desinhibida de cualquier pudor democrático. Es el punto de no retorno para Colombia.

En conclusión, para los que no se han enterado, ya está en marcha la revolución. La turba tratando de entrar a la fuerza a la Corte Suprema, agitando banderas del M-19 para presionar a los magistrados, marca el comienzo de una nueva fase. Una vuelta de tuerca más en que Petro va a acudir a la intimidación y la violencia, y aumentarán las apuestas en la compra de conciencias.

Este año es definitivo: si la Corte se deja intimidar y le nombra un fiscal de bolsillo de la actual terna, y el Congreso se deja comprar y le pasa sus reformas, tiene más revesa un tobogán que la revolución en Colombia. ¡Pilas!

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