La madrugada del viernes despertó al país con un temblor tal que dejó insomnes a gran parte de los colombianos sobre las 4:15 a. m. Este despertar era tal vez el preludio del temblor político que se avecinaba: Aída Merlano Rebolledo regresaba al país, después de estar más de tres años en Venezuela.
La excongresista había sido la protagonista de una de las fugas más increíbles de los últimos tiempos, cuando el 1 de octubre de 2019 saltó de una ventana del consultorio de un odontólogo y, con la ayuda de su hija, huyó en una motocicleta para refugiarse en el país vecino. Tres meses después, la prófuga fue capturada en Maracaibo, y allí permanecía gracias al ridículo internacional al que se sometió el país por la decisión del Gobierno del entonces presidente Iván Duque de pedir en extradición a Merlano ante Juan Guaidó, y no a Nicolás Maduro. Tuvo que llegar un nuevo Gobierno para que finalmente el pasado viernes Aída fuera deportada a Bogotá, donde ahora muchos tiemblan con su llegada.
Lo que sabe Aída Merlano Rebolledo no es asunto de poca monta. Esta mujer fue primero representante a la Cámara por el Atlántico (2014-2018), por el Partido Conservador, y luego quiso ser senadora en 2018, esta vez por una coalición entre el Partido Conservador y Cambio Radical. En pleno día de elecciones, la Fiscalía allanó su sede de campaña en Barranquilla, llamada la Casa Blanca, e incautó 18 computadores en los que se registraban datos de personas con sus números de cédulas, certificados de votación, letras de cambio, armas y una caja fuerte con 261 millones de pesos en efectivo.
Merlano fue capturada y dentro del proceso se comprobó que en esa Casa Blanca funcionaba toda una red de compra de votos y corrupción al sufragante, liderada por una organización criminal de la que eran parte empresarios y políticos de reconocida importancia en Atlántico. Los nombres de los clanes Gerlein, Char y Name comenzaron a resonar.
Esta organización criminal, según obra en el expediente que adelantó la Corte Suprema contra Merlano, ya había logrado elegir en el 2014 a Roberto Gerlein Echeverría como senador de la república, a Laureano Acuña y a Aída Merlano como representantes a la Cámara por el Atlántico. Un año después, eligieron como diputada de la Asamblea a Margarita Ballén y como concejales de Barranquilla a Jorge Luis Rangel, Aissar Castro y a Carlos Rojano Llinás, este último exesposo de Merlano.
Esta estructura fue financiada, según los documentos judiciales, por Julio Gerlein Echeverría.
Para las elecciones del periodo 2018-2022, Roberto Gerlein ya tenía quebrantos de salud, por lo que se decidió que sería Aída Merlano Rebolledo quien iría al Senado de la República en representación del Partido Conservador, y Lilibeth Llinás haría lo mismo en la Cámara de Representantes como cuota de la familia Char y del partido Cambio Radical.
Trascendió, además, que Julio Gerlein habría sostenido por más de 17 años una relación afectiva con Aída Merlano, que lo habría llevado a confiar en ella como la sustituta del poder de la casa Gerlein en el Congreso.
En la investigación judicial se muestra cómo durante años Aída Merlano realizó varias actividades con empresarios y políticos para asegurarse el poder de la costa en los cargos del Estado y los recursos para diversos proyectos.
Según obra en el expediente, un investigador del CTI manifestó: “No había visto una campaña política con el grado de sistematización, concluyendo que funcionaba como una empresa con una estructura piramidal, que desempeñaba sus actividades no solo en Barranquilla, sino en otros municipios del Atlántico y Cesar”.
Fruto de estas pesquisas, la Corte Suprema de Justicia condenó a Aída Merlano a 11 años de prisión por los delitos de concierto para delinquir, corrupción al sufragante y porte o tenencia ilegal de armas de fuego. Tiempo después profirió otra condena a cinco años por violar los topes de financiación de campañas.
Merlano asegura que, una vez detenida, empezaron las amenazas para que guardara silencio y que fue Alejandro Char Chaljub quien financió su fuga para evitar que hablara. El 20 de enero de 2022, publicó una carta en la que afirmó que demostraría todo el entramado de corrupción que gira en torno a las familias poderosas de la costa atlántica. Dice haber tenido una relación con el exalcalde de Barranquilla y que este obtuvo diversos ingresos por pago de coimas de contratistas, favorecidos con contratos direccionados.
Aída Merlano ha hablado varias veces ante la Justicia. Ha dicho que también son parte de esta red de corrupción Arturo Char, Laureano ‘Gato Volador’ Acuña y el senador de La U Miguel Amín.
Aunque ha hecho señalamientos escandalosos, las declaraciones de Merlano fuera del país no han tenido el impacto mediático que se esperaría a pesar de su gravedad. Pero ya está acá, y ahora sí todas las cámaras y micrófonos tienen la atención en ella.
En su primera declaración en Colombia, ha dicho que tiene como prioridad hacerles frente a todos los procesos que cursan en su contra. “Voy a seguir dando la batalla para demostrar la inocencia y los montajes de los que fui víctima de un clan político mafioso de la costa Caribe (…) temo por mi vida”.
Merlano aseguró que no huyó de la Justicia, “me fui porque mi vida corría peligro en este país, me fui para prepararme y poderle entregar las pruebas a la Corte Suprema de Justicia”. Afirma que ha entregado pruebas suficientes para que se les otorgue medida de aseguramiento a los implicados.
Aída Merlano tiene información para hacer temblar a toda la costa Caribe. Y todos esperan su “canto”. Porque lo que cuente será la prueba de cómo se mueve realmente la política en este país, y esto aplica no solo para la costa, sino para cualquier lugar de Colombia. Una red que empieza en los congresistas, pasa por las gobernaciones y alcaldías y termina en los contratistas.
