OPINIÓN

Alejandro De Bedout Arango

El evangelio según Iván

Si permitimos que Iván Cepeda llegue a la Presidencia, esta será la última vez que elijamos en libertad.
13 de mayo de 2026 a las 9:00 a. m.

Colombia, ¡ojo con esto! Lo que Iván Cepeda nos está notificando no es una propuesta de gobierno; es una amenaza directa a nuestras familias y a nuestra libertad. Leímos con lupa su mentado plan El poder de la verdad y la conclusión es una sola: quieren incendiar el país para quedarse con las cenizas. Bajo ese cuento de la “segunda etapa del cambio”, lo que realmente están cocinando es un plan para desvalijar la democracia y montar un régimen a la medida de los bandidos de las Farc. Este es el evangelio de quien ha pasado más tiempo visitando cárceles y defendiendo criminales como Santrich, Iván Márquez y Maduro, que dándole soluciones a los problemas de la gente.

Cuando Cepeda habla de “poder constituyente”, no se refiere a la gente votando en paz; se refiere a las turbas en la calle presionando a los jueces y al Congreso. Es la receta de las dictaduras vecinas: usar la primera línea y los bloqueos como un garrote para saltarse las leyes cuando no les dan la razón. Decirle a la gente que se tome las calles para que no burlen su voluntad es, en plata blanca, darle permiso a la anarquía para que acabe con la tranquilidad de los colombianos.

Pero lo que realmente indigna es lo que quieren hacer con la justicia. Quieren inventarse unos jueces especiales con superpoderes para perseguir lo que ellos llaman “aparatos criminales”. ¡Por favor! Conociendo al personaje, ya sabemos quiénes van a ser los “criminales” para ellos: cualquier opositor, cualquier empresario que genere empleo y cualquier ciudadano que no se arrodille ante su ideología. Quieren convertir la justicia en un arma de venganza para cobrarle cuentas a quienes siempre hemos defendido la ley.

Y en la economía, el plan es el hambre. Su “revolución agraria” es un asalto al que suda la gota gorda en el campo. Quieren que el Estado sea el único que compre las cosechas. ¡Imagínese eso! El campesino va a terminar convertido en un mendigo del político de turno para que le compren sus productos. Destrucción absoluta del libre mercado. Y para completar el descaro, quieren feriarse la plata de sus impuestos dándoles los contratos a dedo a sus “colectivos” y organizaciones amigas, saltándose todas las reglas. Eso es legalizar el clientelismo para alimentar la mermelada de su revolución.

Para rematar, nos salen con una “revolución ética” para cambiarnos la conciencia. ¡Qué cinismo! Los que han caminado de la mano de los peores criminales ahora nos van a dar clases de moral y nos van a decir cómo tenemos que pensar hasta dentro de nuestras casas. Eso tiene un solo nombre: autoritarismo.

Me da más miedo Iván Cepeda que Gustavo Petro. Votar por Cepeda es entregarle las llaves de Colombia a quienes se la han pasado tratando de tumbarla. No podemos dar ese salto al vacío. Colombia no necesita un evangelio de odio y división; necesita orden, libertad y que los bandidos de las Farc estén en la cárcel, no mandando desde el Palacio de Nariño.

Si permitimos que Iván Cepeda llegue a la Presidencia, esta será la última vez que elijamos en libertad. Su evangelio no busca salvarnos, busca sepultarnos.

O defendemos a Colombia en las urnas, o nos tocará llorarla mañana desde la miseria de un país arrodillado y gobernado por las Farc en cabeza de Iván Cepeda.