opinión

Alberto Donadio  Columna
Alberto Donadio - Foto: DAVID ESTRADA LARRAÑETA

El fiscal Pecci

Esa dicotomía entre monstruos como el Chapo y los clientes finales de la cadena, a los cuales no se les atribuye ninguna responsabilidad, hace que la política antidrogas esté diseñada para fracasar.


Por: Alberto Donadio

Las fotografías del inmolado fiscal paraguayo Marcelo Pecci y de su esposa, Claudia Aguilera, de turistas en Cartagena muestran una pareja sencilla, casi vulnerable. Pecci tenía 45 años. El suyo y el de su esposa son dos rostros abiertos, despejados, que generan simpatía. Son dos personas que podrían tener cabida en el álbum de cualquier familia. Aunque se conocían profesionalmente de tiempo atrás –él, fiscal antidrogas, ella, presentadora de la televisión–, se hicieron noviosen diciembre, se casaron el 30 de abril y pasaban la luna de miel en Barú. Ella estaba embarazada. Pero él había abierto una cuenta con la mafia que no se cierra nunca. Pensar en un viaje de bodas en la playa, sin escoltas, de incógnitos, aun en otro país, ya no era viable. El fiscal Pecci tal vez conocía la historia de Giovanni Falcone, el fiscal antimafia siciliano asesinado hace 30 años, un 23 de mayo de 1992.

En 1984 fue extraditado de Brasil a Italia un mafioso llamado Tommaso Buscetta, que se volvería notable como il pentito, el arrepentido. Fue el primer miembro de la mafia siciliana que se convirtió en informante, el primero en traicionar el juramento de omertà o código de silencio. Él accedió a hablar con Falcone porque en una guerra de mafia le mataron dos hijos, un hermano, dos cuñados y cuatro sobrinos. Cuando se reunió con Falcone, Buscetta fue claro: “Le advierto, señor juez, después de este interrogatorio usted se volverá una celebridad. Pero tratarán de destruirlo física y profesionalmente. Y conmigo harán lo mismo. No olvide que la cuenta que abrió con Cosa Nostra no se cerrará nunca. ¿Insiste en interrogarme?”. El testimonio de Buscetta fue fundamental para condenar a más de 300 capos de Cosa Nostra, muchos a cadena perpetua. Cuando las condenas quedaron en firme, la Comisión, el órgano supremo de Cosa Nostra, dio la orden de eliminar a Falcone. Se colocaron siete barriles de TNT y Semtex debajo de una autopista por la que pasaría Falcone en su carro.

Él, de 53 años, su esposa y tres agentes de la escolta volaron por los aires. El asesinato del fiscal Pecci revive la conmoción que se sintió el 30 de abril de 1984, cuando fue asesinado el ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla; el 17 de noviembre de 1986, cuando fue ultimado el coronel Jaime Ramírez Gómez, director de la policía antinarcóticos; y el 17 de diciembre de 1986, cuando fue acribillado don Guillermo Cano, el director de El Espectador. Marcelo Pecci obró con valentía innegable. Pero su arrojo fue fútil porque la política antidrogas mundial se basa en una estrategia fallida: la criminalización selectiva de la cocaína. Se persigue a los carteles, a los revendedores y a los cultivadores, pero no a los consumidores. Es como perseguir al que siembra tabaco, al que seca las hojas en un caney, pero no al que se fuma un puro. Se presenta al Chapo Guzmán como un criminal de la peor laya, terrorista, secuestrador, torturador.

Pero la DEA no causa ninguna molestia a los compradores de los miles de toneladas de productos ilegales que el Chapo colocó en el mercado de los Estados Unidos. Lady Gaga, Paris Hilton, Drew Barrymore, Al Pacino, Jack Nicholson, Robert De Niro y muchísimos otros personajes del cine y del espectáculo que han reconocido ser consumidores de cocaína fueron clientes del Chapo, o de otro cartel mexicano o colombiano.

Esa dicotomía entre monstruos como el Chapo y los clientes finales de la cadena, a los cuales no se les atribuye ninguna responsabilidad, hace que la política antidrogas esté diseñada para fracasar. La DEA infiltra bancos y carteles en operaciones encubiertas para capturar a los lavadores y a los narcos. ¿Cuándo ha habido una operación encubierta para detener a actores famosos de Hollywood en sus mansiones y llevarlos a la cárcel por una conducta, como el consumo, que está penalizada? Un artículo del New York Times pregunta qué tan común es el uso de cocaína en Hollywood y cita a un profesional de la salud que contesta: “Los pacientes me cuentan que no conocen a nadie que no use drogas ilícitas”.

El artículo es del 22 de septiembre de 1980. El surgeon general de los Estados Unidos afirmó en 1964 que el cigarrillo era causante de enfisema y de otras enfermedades pulmonares y cardiovasculares. En los siguientes 60 años se logró por medio de leyes y campañas públicas la casi total proscripción del cigarrillo. Antes en las películas casi todos los actores fumaban. Hoy ninguno. Pero el consumo de cocaína entre personajes famosos no genera estigma. Está destinada a la derrota, y al sacrificio inútil de un valiente como Marcelo Pecci, una guerra contra la cocaína que criminaliza todas las fases de producción y comercio, menos el consumo final.