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Alberto Donadio  Columna
Alberto Donadio - Foto: DAVID ESTRADA LARRAÑETA

El sino trágico de la familia Lara Bonilla

En el lapso de cuatro meses murieron pues un sobrino, un hermano, una hermana y un hijo de Rodrigo Lara Bonilla. Ninguno por covid. Ninguno estaba enfermo, salvo Jorge Lara Bonilla. El hombre muere tantas veces como pierde a cada uno de los suyos, decía el escritor romano Publio Siro.


Por: Alberto Donadio

Murió esta semana uno de los tres hijos del matrimonio de Nancy Restrepo y Rodrigo Lara Bonilla, el ministro de Justicia de 38 años de edad asesinado hace 38 años por órdenes de Pablo Escobar. Jorge Andrés Lara Restrepo tenía 43 años y era hermano del senador Rodrigo Lara Restrepo. Murió en París de una bacteria que lo venció en muy pocos días. Era cineasta y vivía recorriendo los más insólitos lugares de Colombia, en contacto con comunidades indígenas,desplazados y campesinos. Viajó a Europa hace poco porque la televisión francesa y alemana estaban terminando un documental sobre él. Hace dos meses, el 4 de enero a las nueve de la noche, murió su tía Cecilia Lara Bonilla, hermana del ministro y la que más se le parecía por su temple y su semblante.

Fue gobernadora del Huila nombrada por el presidente César Gaviria. Tenía 81 años y estaba consagrada a su trabajo en el Albergue Infantil de Neiva, donde conocía por su nombre a un centenar de niños. Se broncoaspiró durante una endoscopia diagnóstica y estuvo 50 días en la UCI en sedación consciente. Murió sin saber que su hijo Jorge Luis García Lara, de 53 años, que sembraba arroz en el Huila, falleció el pasado 4 de diciembre, también a las nueve de la noche. Tampoco supo que su hermano Jorge Lara Bonilla, de 77 años, murió el 16 de diciembre. Ambos ingresaron al hospital con fuertes dolores abdominales. En el lapso de cuatro meses murieron pues un sobrino, un hermano, una hermana y un hijo de Rodrigo Lara Bonilla. Ninguno por covid. Ninguno estaba enfermo, salvo Jorge Lara Bonilla. El hombre muere tantas veces como pierde a cada uno de los suyos, decía el escritor romano Publio Siro.

La tragedia vuelve a golpear a la familia del ministro, asesinado ese lunes 30 de abril de 1984, pocos días antes de la fecha en que debía viajar como embajador de Colombia a Checoslovaquia, considerado un país donde estaría a salvo de los sicarios de Pablo Escobar. Los agentes del DAS que supuestamente debían proteger al ministro víctima del atentado cometido por Iván Darío Guisao Álvarez, el parrillero que disparó, y por Bayron Velásquez (alias Quesito), que manejaba la moto, en lugar de llevar al herido inmediatamente a una clínica, inexplicablemente lo llevaron a su casa en el barrio Rincón de los Frailes. Nancy Restrepo, que quedó viuda a los 28 años, no había llegado a la casa. Rodrigo Lara Restrepo, que tenía 8 años, se montó en el Mercedes donde estaba ya muerto su papá y les dijo a los escoltas, que querían llevarlo al Hospital Militar, que lo condujeran a la más cercana Clínica Shaio. No es difícil suponer el trauma que sufrió el niño, que estuvo todo el trayecto con su papá muerto y luego una hora más en la clínica.

Hoy la familia Lara Bonilla debe estar pensando que las cuatro muertes seguidas son un encarnizamiento del destino y debe haber pensado todos estos años que el sacrificio del ministro fue en vano. Rodrigo Lara Bonilla tendría hoy 76 años. Sí, se le reconoció el valor, como lo hizo el expresidente Carlos Lleras Restrepo: “El mérito insigne de Rodrigo Lara fue el de entender bien que era necesario purificar el clima moral del país y que esto no podía conseguirse sino denunciando abiertamente los orígenes del mal y sus actores”. Pero no se le protegió. Y los orígenes del mal se volvieron otro cultivo colombiano de exportación, como el café y el banano. El clima moral del país se volvió completamente inmoral. Rodrigo Lara Bonilla, el primero en denunciar públicamente a Pablo Escobar, está muerto, y Alberto Santofimio, que se vendió a Pablo Escobar, está vivo y hace poco lo aplaudieron en Ibagué. Ni siquiera se le ha concedido a Rodrigo Lara Bonilla el derecho a la verdad. Gracias a las gestiones de su hijo Rodrigo Lara Restrepo se produjo en 2013 un dictamen del exdirector de Medicina Legal, Máximo Duque, el cual señaló que probablemente el vehículo del ministro fue detenido para acribillarlo.

El testimonio de los escoltas indicaba que el sicario disparó contra el lado derecho del carro, pero Lara Bonilla recibió también un proyectil que entró por el lado izquierdo. El chofer y el escolta que ocupaban los asientos delanteros salieron ilesos en un tiroteo que ellos mismos describieron como continuo mientras supuestamente seguían la marcha. Rodrigo Lara Restrepo logró que el asesinato fuera declarado de lesa humanidad y entregó el dictamen al fiscal Eduardo Montealegre, que solamente ordenó la exhumación del cadáver del ministro. Pero no fue llamado a declarar el escolta Luis Arturo Buitrago Torres, que tenía 24 años, el cual en 1984 afirmó que el Mercedes estaba detenido cuando él, que se había retrasado, llegó al lugar del crimen. Buitrago Torres pertenecía al CTI de la Fiscalía. Pablo Escobar indudablemente contrató a los sicarios, pero los escoltas les facilitaron el crimen deteniendo el vehículo.