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Opinión

  • | 2018/08/25 19:15

    El Twitter de Uribe

    En privado y en público, Uribe ha profesado su interés en que a Duque la vaya bien. No será posible mientras siga tan activa @alvarouribevel. La adicción mediática a la cuenta es incurable.

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En el año 2009, en una joven plataforma de comunicación tecnológica con un extraño nombre y cuya imagen era un pajarito, nacieron @realDonaldTrump y @AlvaroUribeVel. Nueve años después, el hoy mandatario estadounidense y el expresidente y senador colombiano son usuarios permanentes de Twitter, con millones de seguidores a quienes entretienen con sus tuits diarios. Trump y Uribe fueron de los primeros en maximizar el extraordinario poder de esta herramienta en la comunicación política. Twitter fue clave para la triunfante candidatura presidencial del primero y la exitosa oposición del segundo al gobierno de Juan Manuel Santos.

Ambos dirigentes no solo comprendieron el valor intrínseco de esta red social –la posibilidad de comunicarse directamente con sus simpatizantes sin la necesidad de intermediarios–, sino, más importante aún, identificaron su público cautivo, una audiencia obsesionada con la información, la controversia y el sensacionalismo. En otras palabras, los periodistas, adictos como pocos a Twitter. La genialidad de Trump y Uribe fue suplir esas ansias de noticias con tuits provocadores, generando de paso un círculo vicioso de polémica y debate.

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Para Uribe, Twitter ha sido una bendición. Le permitió mantenerse vigente en los primeros años de popularidad de Santos y cuando los principales medios de comunicación (y el gobierno) lo querían relegar al cuartel de invierno de los expresidentes. Con Twitter, pudo expresar sus críticas a Santos a cualquier hora y sin filtro. Con Twitter, dirigió la campaña del No al plebiscito. Con Twitter, transmitió a sus simpatizantes que Iván Duque era el que “quiere Uribe”.

En privado y en público, Uribe ha profesado su interés en que a Duque la vaya bien. No será posible mientras siga tan activa @alvarouribevel. La adicción mediática a la cuenta es incurable.

Si bien @AlvaroUribeVel fue una eficaz herramienta de confrontación política y un valioso medio de movilización de votantes, desde la elección de Duque el 17 de junio ha demostrado sus limitaciones y vulnerabilidades. Sus tuits son interpretados bajo otra óptica. Ya no como contradictor del gobierno, sino como vocero de este. Más aún dada la estrecha relación de Uribe con el nuevo presidente. Mientras que Duque ha dicho en repetidas ocasiones que no apoyaría un golpe militar en Venezuela, el expresidente y senador tuiteó el 5 de agosto su preferencia por esa opción. Esa posición dificulta las labores diplomáticas de Duque y su canciller, Carlos Holmes Trujillo, en la región.

Durante los años de Santos, Uribe compartía por Twitter todos los artículos negativos sobre Colombia que encontraba en el ciberespacio. Esa cuestionable práctica no ha cesado aún con Duque de presidente, un autogol innecesario.

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@AlvaroUribeVel también se convirtió en un portavoz de las preocupaciones de seguridad de las regiones. Era una manera de insistir en que la paz de Santos era una farsa y generarle malestar al gobierno. En estos últimos días, Uribe advirtió que “comunidad informa: esta mañana llegaron criminales con brazaletes de ELN a extorsionar campesinos exigiendo 3 mil a cada uno. Amenazan llevarse a los niños. Vereda el Hato, Caicedo, Antioquia”. Y en Concordia, “comunidad informa: a nombre de alias Sangre del Clan del Golfo amenazan que no respetarán la vida del alcalde y de su familia si continúan allanamientos al microtráfico”.

No veo cómo le aportan esas denuncias públicas, generales y sin contexto a Duque, su ministro de Defensa o las Fuerzas Militares. Lo único que generan es zozobra.

En su cuenta de Twitter sigue promocionando su propuesta de aumentar el salario mínimo legal mensual, una iniciativa que se ha convertido en un chicharrón para el gobierno. Lejos de facilitarle el camino a la reforma tributaria, le ha abierto otro frente de batalla. Y peor aún, le quitó protagonismo a su presidente, en estas primeras semanas que son críticas para cualquier mandatario.

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En privado y en público, Uribe ha profesado su interés de que a Duque le vaya bien. Que no quiere eclipsarlo. Que quiere permitirle gobernar tranquilo. No será posible mientras siga tan activa @AlvaroUribeVel. La adicción mediática a la cuenta es incurable.

Trump no fue capaz de dejar Twitter. ¿Podrá Uribe por el bien de la patria?

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