OPINIÓN

Rolando González

Empresarios gigantes frente a la pequeñez de un expresidente

La reconstrucción es responsabilidad del Gobierno y tendrá que hacerse con presupuesto, instituciones, transparencia y resultados.
25 de agosto de 2026 a las 10:00 a. m.

Gustavo Petro decidió llamar “limosnas de los ricos” a los aportes de quienes han metido la mano al bolsillo para ayudar a Colombia después del terremoto. La frase dice más de quien la pronuncia que de quienes hoy están ayudando.

Mientras miles de familias intentan entender cómo volver a empezar, buena parte del empresariado colombiano hizo lo que suele hacer cuando el país atraviesa momentos difíciles: apareció. Y esta vez apareció con nombres propios.

Luis Carlos Sarmiento Angulo y Fanny Gutiérrez de Sarmiento anunciaron $200.000 millones. Jaime Gilinski y Raquel Kardonski, $150.000 millones destinados a la reconstrucción de hospitales y colegios. La familia Santo Domingo puso $100.000 millones y David Vélez y Mariel Reyes, otros $100.000 millones. A eso se suma Empresas Unidas por Colombia, la iniciativa liderada por la ANDI que logró reunir a cientos de empresas y movilizar más de $200.000 millones para atender la emergencia. Son cifras enormes, claro. Pero más allá de la plata hay algo que Petro parece no entender: nadie los obligó a hacerlo. Pudieron mirar la tragedia desde lejos y no lo hicieron. Y eso importa.

Durante años nos dijeron que el empresario era casi un problema que había que resolver. Que generar riqueza despertaba sospechas, que al que le iba bien había que cobrarle más y señalarlo más. Ahora resulta que, cuando el país está en el piso, varios de esos mismos empresarios están ayudando a levantarlo.

¿Eso es una limosna? No. Es entender que a uno también le corresponde responder por el país en el que hizo su fortuna.

Y ahí sí vale la pena devolverle la pregunta al expresidente: ojalá durante cuatro años hubiera puesto en resolver los problemas de Colombia una parte de la energía que gastó buscando culpables para ellos. Porque gobernar también era hacer. Ejecutar. Resolver. Construir. Dejar resultados.

Por supuesto que ninguna donación reemplaza al Estado. No confundamos las cosas. La reconstrucción es responsabilidad del Gobierno y tendrá que hacerse con presupuesto, instituciones, transparencia y resultados. Los empresarios no están para hacerle la tarea al Estado.

Pero una cosa es exigirle al Estado que cumpla y otra muy distinta despreciar al que ayuda.

Además, el aporte de un empresario al país no comienza cuando ocurre un terremoto. Está en las nóminas que paga puntualmente todos los meses, en los empleos que sostiene, en los proveedores que contrata, en los impuestos que paga y en el capital que decide invertir en Colombia.

Eso también debería contar en la conversación pública. Colombia perdió demasiado tiempo enfrentando empresarios con trabajadores, ricos con pobres, inversión privada con Estado. Como si para defender a uno hubiera que atacar al otro. No funciona así: un país necesita un Estado que responda, pero también requiere gente dispuesta a invertir, crear empresa, generar empleo y asumir riesgos.

Y cuando llega una tragedia, necesita, además, gente dispuesta a ayudar. Lo hemos visto en el ciudadano que dona un mercado, en el joven que carga ayudas, en las familias que envían lo que pueden desde otras ciudades y también en empresarios capaces de poner cientos de miles de millones de pesos sobre la mesa.

La solidaridad no vale menos porque quien ayuda tenga más.

Por eso me cuesta entender que un expresidente mire semejante movilización y lo primero que encuentre sea una palabra para disminuirla. Yo prefiero otra lectura. En medio de una tragedia que nos golpeó a todos, Colombia volvió a comprobar que hay empresarios que no se sienten espectadores del país, sino parte de él. Y eso, lejos de merecer desprecio, merece reconocimiento.

Porque cuando un país está en el suelo, la discusión no debería ser quién tiene más. La pregunta es quién está dispuesto a poner el hombro para volverlo a levantar.