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Opinión

  • | 1994/12/12 00:00

    ENTREGA TOTAL

    La descripción que hace Gilberto Rodríguez Orejuela de su poder sobre los demás narcotraficantes coincide con la definición del diccionario sobre lo que es un cartel

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CREO FIRMEMENTE QUE LA ENTREGA de Gilberto Rodríguez Orejuela a la justicia le haría un gran bien al país, si se realiza en condiciones presentables, y que el momento es bueno para intentarlo.

Procedo a señalar unos puntos para explicarlo, y lo hago con párrafos numerados para no salirme de la moda que han implantado legales y prófugos para referirse al tema del narcotráfico:

1. En su carta a Juan Lozano, columnista de El Tiempo, Gilberto Rodríguez habla de la necesidad de llegar a un acuerdo jurídico-político que sea justo para las partes. Estoy de acuerdo con Rodríguez Orejuela. Este proceso debe contemplar una realidad política, y es la de que la entrega es el resultado de la declaratoria (expresa o tácita, da igual) de la impotencia del Estado para capturarlo.

2. Si el acuerdo tiene carácter político, debe tenerlo en ambos sentidos. Es decir, que a pesar de no existir ningún proceso en su contra, Rodríguez Orejuela debe confesar delitos de narcotráfico, pues el único riesgo que no puede correr el gobierno es detenerlo y no tener motivos para procesarlo. Gilberto Rodríguez es un narcotraficante, aunque esa afirmación no figure en ningún documento que lo pruebe; y Rodríguez, si está hablando en serio, debe tener el valor de afirmarlo en una confesión ante un juez y que esto tenga implicaciones en su condena. Si no lo hace, el acuerdo no es político, y si no lo es, no funciona.

3. El cartel cuya jefatura se le atribuye a Rodríguez Orejuela no es una ficción, como él afirma. Independientemente de si Gilberto Rodríguez ha sido un narcotraficante grande, mediano o pequeño (lo cual, en la práctica, importa muy poco), la verdad es que su propuesta implica que él tiene la fuerza suficiente como para influír de tal forma sobre los demás narcos como para afectar el precio de la cocaína en Estados Unidos. La descripción que hace Gilberto Rodríguez Orejuela de su poder coincide con la definición del diccionario sobre lo que es un cartel: "Convenio entre varias empresas similares para evitar la mutua competencia y regular la producción, venta y precios en determinado campo industrial". (El subrayado es mío).

4. Esa capacidad que ofrece Rodríguez para convencer a los narcotraficantes es la garantía de que se puede desmantelar realmente ese conjunto de redes delictivas.

5. Gilberto Rodríguez es un ingenuo si cree que Estados Unidos va a participar en un acuerdo de esa naturaleza. Pero que participe o no participe no afecta en nada el asunto. Lo importante para Colombia, para Estados Unidos y para el mundo es que al final del proceso se haya avanzado en la lucha contra el narcotráfico.

6. Es comprensible que el gobierno de Ernesto Samper diga que las conversaciones en este sentido deben hacerse a través de la Fiscalía, pues es la entidad facultada legalmente para negociar los términos de las entregas. Pero para que un proceso de esta naturaleza funcione, debe estar avalado completamente por el gobierno. Este asunto tiene un componente muy grande de decisión política y un fiscal, por bueno que sea, no debe tener la facultad de manejar con autonomía total un tema de semejantes implicaciones. Y mucho menos en contra del criterio del gobierno. Basta recordar el enfrentamiento De Greiff-Gaviria para comprobarlo.

7. En el pasado, los gobiernos colombianos han luchado contra el narcoterrorismo con más o menos éxito y con mucho dolor. Ya que no hay narcoterrorismo, vale la pena mirar este proceso como un ensayo eficaz de lucha contra el narcotráfico.
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