OPINIÓN

Nicolás López Martínez

Esfuerzos por reconstruir una verdad atropellada

En la construcción de una verdad genuina pueden aparecer narrativas que la debiliten. Por tal razón, la inauguración de la Comisión Civil para el Esclarecimiento de la Verdad es un esfuerzo por recoger los retazos de una verdad que buscan manipular.
19 de abril de 2023 a las 9:45 a. m.

La construcción de la verdad del conflicto en Colombia ha sido un largo proceso al que todavía le falta mucho por recorrer. Los constantes intentos de algunos para adueñarse de ella, y mostrarla según sus intereses, han obstaculizado su verdadero esclarecimiento. Los únicos dueños de la verdad son las víctimas que la han vivido y el Estado tiene la obligación de darla a conocer sin maquillajes.

Algunas entidades encargadas de ello, y con gran peso simbólico, no han sido capaces de estar a la altura de semejante responsabilidad, ya que han excluido a muchas víctimas que le darían un tono muy distinto a la verdad manipulada que hoy se quiere imponer como la verdad absoluta. Lo cierto es que hay pruebas de ello.

El sinsabor que dejó la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad (CEV), liderada por el padre De Roux, tiene como sustento: la carencia en la investigación de crímenes realizados por la guerrilla de las Farc, el señalamiento generalizado hacia la Fuerza Pública por ejecuciones extrajudiciales de algunos integrantes y la exclusión de testimonios de cierto grupo de víctimas durante la consolidación del informe.

Con respecto a lo anterior, la CEV demuestra sus intereses por desconocer la realidad de lo sucedido durante casi 60 años e implantar una nueva versión.

El primer informe de la nueva Comisión Civil para el Esclarecimiento de la Verdad (CCEV) denuncia el pobre cuestionamiento que Roux y sus comisionados le hacen a las Farc por la práctica de fusilamiento, que sistemáticamente ejercían contra la población civil. En el cuestionado Informe Final solo les dedican dos páginas a tan miserables actos.

En la inauguración de la nueva comisión se amonesta la poca profundidad en la investigación sobre los llamados Concejos de Guerra, en los que sentenciaban a muerte a personas que no colaboraban con la causa revolucionaria. Hubo niños que fueron juzgados como adultos y posteriormente fusilados. Estos crímenes deben ser reconocidos para que el aporte a la verdad sea sincero; si no, de nada sirve un informe intencionalmente sesgado.

Con respecto a la imagen que quieren mostrar de las Fuerzas Militares, la dirección que se ha tomado de estos acontecimientos ha contribuido a la construcción de una narrativa que atenta contra la verdad. Nadie niega las ejecuciones extrajudiciales, lo que sí se ha de negar es la colectivización de la responsabilidad individual que forzosamente tratan de adoctrinar como la realidad.

La intención de señalar estas violaciones de los derechos humanos como políticas de Estado es mezquina, sabiendo que nunca lo han sido. Teniendo claro que sí se cometieron arbitrariedades individuales, hay que avanzar en una verdad completa, específica.

En el libro Memorias militares, de Martín Nova, se muestran las indicaciones que aparecían en los boletines de los comandantes del Ejército, como tener en cuenta “la dignidad humana y el buen trato”, “la honestidad y los derechos humanos”, “las estrategias en derechos humanos y derecho internacional humanitario”.

Las fuerzas del Estado nunca han sido enemigas de la paz, como lo buscan exponer ahora. No se puede replantear las responsabilidades en la Fuerza Pública como si fuera el mayor victimario. El señalamiento más grande debería ser a los verdaderos responsables que se alzaron en armas contra la población.

Asimismo, muchas son las víctimas que manifiestan no haber sido escuchadas y que hoy acuden a la CCEV creada con el fin de escucharlas. El único militar representante de las víctimas militares en la CEV, el mayor en retiro Carlos Guillermo Ospina, denunció que las víctimas que él representaba eran constantemente ignoradas y que el sesgo de la comisión fue el detonante para pedir la renuncia antes de que saliera el Informe Final.

Recordemos que fueron 5.508 los miembros de la Fuerza Pública los que determinó la Unidad de Búsqueda como desaparecidos en medio del conflicto colombiano.

Por tal razón, la nueva Comisión Civil para el Esclarecimiento de la Verdad da una nueva esperanza a esas víctimas a las que no se les dio la posibilidad de hablar. Además, les hace honor a esos testimonios, a esa verdad que no permitirá que se reescriba la historia de las víctimas.

En ese primer encuentro ya se dio un mensaje de reconciliación. Uno de los autores materiales del secuestro de Ingrid Betancourt le pidió perdón por lo sucedido. Solo con la verdad se pueden sellar las esquirlas de la guerra.

En ese orden de ideas, no estaría mal acudir a Aristóteles, quien decía que la verdad era “la adecuación de la realidad con el intelecto”. Por favor, no busquen cambiar la realidad para entorpecer el intelecto. La verdad de estos crímenes, que por años se han dado en Colombia, no puede ser parcializada y debe tener una correcta orientación y categorización.

La diferenciación de los actores es sumamente importante para esclarecer correctamente la verdad. Meter a los actores en el mismo saco y darles prioridad a ciertas víctimas sobre otras solo afianza una verdad a medias. Esa es la verdad que hoy quieren imponer. Tal como se dijo en el primer informe de esta iniciativa civil presentada el 11 de abril: “Una comisión no debe contribuir a cambiar la historia, sino a ratificarla”.

La verdad hay que encontrarla para irradiar una paz verdadera y los esfuerzos por conseguirla deben ser promovidos.

Twitter: @NicolasLopezM_