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Galán, seguridad y herencia

Hágale, alcalde, que contrario a Petro y sus bodegas los ciudadanos sí queremos que a la ciudad, y, por ende, a usted, le vaya bien.

Francisco Santos
2 de marzo de 2024

El primer error del alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, fue no haber hecho un corte de cuentas claro sobre el tema de seguridad. Entiendo la razón, no crear más polarización, pues el país estaba, y está, hasta la coronilla, y de paso no romper puentes con los verdes y uno de sus símbolos, Claudia López. Pero está pagando el costo de un problema heredado y en el que tienen que ver tanto la mala gestión de la anterior alcaldesa como la franca desidia, y estoy siendo generoso, del actual presidente Gustavo Petro y de su monigote de ministro de indefensa.

El lío de la seguridad en Bogotá tiene nombre propio, y no es Carlos Fernando Galán, quien lleva apenas dos meses en el cargo. Sin embargo, Petro y sus activistas, lo que incluye el Gobierno, ya comienzan a crear la narrativa del fracaso de este alcalde. Necesitan hacerlo para recuperar algo de lo que perdieron en Bogotá, de 2,2 millones de votos en el 2022 a 660.000 en el 2023.

De ahí que Galán no puede esperar nada distinto de este Gobierno que un sabotaje permanente empezando por el tema de seguridad. Escuchar hablar a Petro, quien entiende que ese es su talón de Aquiles, de seguridad en el país y mentir descaradamente con la complacencia del periodista de Caracol (lo que da para otra columna) muestra en qué anda, por un lado. El otro es fortalecer sus aliados criminales que luego le darán votos y debilitar la seguridad ciudadana, especialmente en las cuatro principales ciudades del país donde perdió de manera abrumadora en las elecciones regionales.

En medio de este panorama, ¿qué puede hacer Galán? No le van a aumentar el pie de fuerza, eso lo debe tener claro, pero hay muchas otras acciones que puede emprender a corto y mediano plazo. Lo primero para empezar a cambiar la percepción es ver al alcalde muchísimo más activo en el tema, pero en la calle, con el ciudadano y la policía. Un plan de consejos de seguridad por localidad con la ciudadanía y las autoridades, con metas y compromisos claros que la Policía debe lograr, y con seguimiento detallado y público debe ser el inicio de esta acción.

También hay que lograr dos cosas: una, el empoderamiento de una Policía, que hoy se siente sola. El reconocimiento por parte de los ciudadanos y las autoridades de la ciudad de la labor de la Policía y de sus sacrificios debe ser tarea pública de todos los días. El alcalde debe tener eso como prioridad. La segunda es la cooperación de la ciudadanía con información, con fortalecimiento de los frentes de seguridad y con pago por delación y entregas de delincuentes.

El plan PAIS de la Dirección de Protección para crear espacios de confianza y zonas de seguridad para adolescentes e infantes es un ejemplo de programa institucional de la Policía que se debe fortalecer. Ahí hay una guía y un camino para lograr los dos objetivos anteriores. La urgencia, el compromiso de la Alcaldía y, obviamente, presupuesto.

Pero a mediano y largo plazo hay dos cosas para hacer. Uno, un sistema integral de cámaras con reconocimiento facial para controlar la delincuencia. No es lo que hay hoy de unas camaritas. No. Un programa de un millón de cámaras, como lo tiene Las Vegas, por ejemplo, que con inteligencia artificial reconoce al delincuente, alerta en cambios de patrones de comportamiento en un espacio y, obviamente, genera las alertas, por un lado, y le hace seguimiento el delincuente automáticamente cuando reconoce el crimen o es alertado por la ciudadanía o el policía.

Se necesita un gran centro de control y una capacidad de reacción que hay que construir. Y, de nuevo, cooperación ciudadana. Una alerta silenciosa en un robo de un restaurante genera inmediatamente el seguimiento del delincuente y la reacción policial por fuera del establecimiento para capturar o darlo de baja si hay oposición armada.

De la misma manera, el tema de drones debe ser prioridad para la seguridad de la ciudad como complemento a las cámaras y con capacidad de neutralizar la amenaza o el delincuente o la asonada, pues hoy ese instrumento se ha convertido tanto en la nueva forma de guerra asimétrica como en la capacidad de neutralizarla. Drones articulados con las cámaras y con inteligencia artificial cambian la necesidad de pie de fuerza por un control más detallado, obviamente, con capacidad de reacción, que es fundamental. Es más, ya hay drones especializados en el control de este tipo de eventos de violencia con instrumentos no letales, y letales también dependiendo del nivel de violencia, que hoy se vuelven una necesidad para una ciudad con esta crisis en seguridad.

Galán es un hombre decente, de centro y que entiende el problema. Le tocó bailar con la más fea, como dice el dicho, pues tiene un presidente que le va a hacer la vida imposible en este tema y con un ministro de indefensa activista, que tiene el mismo objetivo de su jefecito.

Lo que sí tiene es presupuesto para utilizar la tecnología que le va a permitir suplir ese saboteo que viene desde arriba. Pero necesita ser agresivo y rápido en el tema, con liderazgo personal, con presencia en las calles y sin miedo o timidez política. Hágale, alcalde, que contrario a Petro y sus bodegas los ciudadanos sí queremos que a la ciudad, y, por ende, a usted, le vaya bien.

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