OPINIÓN

Humberto Rafael Amín Martelo

¡Gobierne, hermana!

Por: Humberto Rafael Amín Martelo, Concejal de Bogotá por el partido Centro Democrático 2020-2023
19 de julio de 2021, 11:08 p. m.

Si se tratara de una enfermedad, la “excusitis” de la alcaldesa Claudia López tendría el doble de las víctimas en Bogotá que ha dejado la pandemia. Su narcicismo la ha llevado al punto de crear mil pretextos para no reconocer que es incapaz de llevar a cabo acciones concretas en la capital, lo que evidencia su incompetencia, que en el último mes le costó una disminución del 11 % en su favorabilidad, pasando del 61 % al 50 %, y una baja del 39 % desde el inicio de su mandato (89 %), según la más reciente encuesta Invamer.

Es ajena a lo que se comprometió con los bogotanos en campaña y las cifras de los resultados de su gestión lo reafirman. Sus “legítimos argumentos” a la hora de pedir recursos para su plan de gobierno, también sirven para prometer sus proyectos populistas durante sus ruedas de prensa, convirtiéndola en una mandataria mediática, pero al final de cuentas, inoperante. Como se ha podido revelar en debates de control político, a esta administración se le aprobó un cupo de endeudamiento de 10,8 billones de pesos, de los cuales no se ha comprometido nada. La gestión y la ejecución de los recursos son completamente lamentables.

En más de un año y medio de administración distrital, la mandataria se convirtió en una experta en cargar a otros con sus obligaciones, para que sean ellos quienes respondan por sus errores u omisiones. En junio de 2020, la alcaldesa arremetió contra la Policía, haciéndolos responsables del incremento de atracos en la ciudad; acto seguido, convocó a un Consejo de Seguridad junto con el Gobierno nacional, donde los inculpó de todos los fenómenos de inseguridad en Bogotá. De ahí en adelante, pese a las ayudas dadas por el presidente, todos tienen la culpa, menos ella.

Afirma constantemente que se trata de un tema de percepción ciudadana, y que es Iván Duque el verdadero comandante de la Policía, cuando en campaña dijo que sería la jefa de policía que haría “temblar a los bandidos”. Finalmente, acusó a la Policía de desconocer sus protocolos y directrices, olvidando que es ella quien, en la capital, tiene el poder de mando sobre esa institución, y por lo que pudimos constatar, todas las acciones e intervenciones se hicieron con su conocimiento, el de su gabinete y con presencia constante en los puestos de mando. Esa falta de diligencia representa un retroceso abismal para la seguridad, y hoy, los ciudadanos seguimos atemorizados sin conocer resultados contundentes.

Algo muy similar ha pasado con el manejo de la salud. Desde el inicio politizó la pandemia enfrentándose al Gobierno nacional por la falta de unidades de cuidado intensivo, cuando fue ella la que no cumplió con la meta de 4.000 camas UCI para Bogotá al mes de agosto de 2020. De igual forma, se evidenció el retraso en la compra de ventiladores, pese a que otros departamentos ya los estaban gestionando por su propia cuenta y, aun cuando el Distrito contaba con dinero suficiente, fue de las últimas ciudades en hacer adquisiciones propias. Hoy sabemos que de los 1.744 ventiladores que ingresaron en el 2020, solo 143 fueron comprados por la administración de Claudia López y terminaron siendo los más caros del país. Y ni hablar del hospital de Corferias, que resultó siendo un monumento a la improvisación.

Desde entonces, culpa a los ciudadanos del impacto en el aumento de contagios por no acatar las medidas a pesar de que fuimos la ciudad con más cuarentena en el país; atacó al Gobierno diciendo que el 2021 no sería el año de la vacunación masiva, que no estaba cumpliendo con el cronograma de vacunación y todo para después salir a celebrar los récords de aplicación de vacunas en la ciudad. No contenta con eso, inculpó a las empresas de estar obligando a sus trabajadores a dirigirse hasta sus instalaciones y que esta situación generaba aglomeraciones, pero no se percató que estas ocurrieron por su mal manejo en las rutas de Transmilenio, el cual operó un lunes como si fuera fin de semana o festivo, reduciendo la operación de la flota de articulados en un 49 %.

Las contradicciones la persiguen. En diciembre reunió multitudes en varios eventos navideños, propició el descontrol en la zona comercial de San Victorino y pasó desapercibida cuando los hinchas de fútbol salieron a celebrar atestando las calles. En este último mes, se fue en contra del Comité del Paro por promover las movilizaciones en medio de la pandemia, cuando en un principio les echó flores por “aglomerarse pacíficamente” y les acolitó conciertos en nombre del paro; ahora, nuevamente le dio palo al Gobierno por no concertar con los manifestantes, cuando en la última semana fracasó su primer diálogo con jóvenes de la Primera Línea por no presentarse en la mesa de diálogo y, peor aún, terminar haciendo una reunión de espalda a la ciudadanía.

Su imposibilidad de gobernar, de liderar la chequera presupuestal y de retornar el orden público se torna cada vez peor, pues en vez de actuar en defensa de los ciudadanos y la constitución que juró proteger, insiste en controvertir a sus opositores como lo hizo durante años en su papel de senadora. Sus polémicas acusaciones están más cerca del engaño que del argumento. Partidos políticos de ideologías diferentes hemos pedido que se retracte de sus afirmaciones y hoy vemos cuatro partidos declarados en oposición a su administración como resultado de un gobierno improvisador que no escucha al que piensa distinto y que no tendió puentes de comunicación con sectores que no le fueran totalmente afines.

Su forma de hablar deslenguada la ha llevado a decir cosas sin ningún tipo de evidencia, como asegurar irresponsablemente que el uribismo la quiso matar, razón por la que se encuentra denunciada en la Fiscalía y la Procuraduría por injuria y calumnia, además de tener una investigación preliminar por presunta participación en política al publicar un trino en el que se refirió sobre el caso del expresidente Álvaro Uribe.

Como ciudadanos no podemos acostumbrarnos a sus declaraciones calumniosas para luego escucharla pedir disculpas, ignorando su poder y causando daños irreparables para la ciudad. No nos podemos acostumbrar tampoco a las actitudes de una alcaldesa que enfrenta a diario su propia incapacidad de reconocer sus faltas, además de la enorme inexperiencia en la gestión pública. Ella, que ante las cámaras se muestra vehemente y contundente, es tibia y blanda a la hora de tomar decisiones, evade los interrogantes de la prensa en temas de institucionalidad y regaña públicamente a los que la cuestionan. Sin embargo, y conforme con sus desafortunadas palabras, al parecer, por el resto de su mandato tendremos que seguir lidiando con una alcaldesa que se contradice a diario y que busca lavarse las manos en todo momento. ¡Gobierne, hermana!