OPINIÓN

Luis Carlos Vélez

Hora del compromiso

En política, como en la vida, a veces ganar implica ceder; la victoria verdadera es construir desde la diversidad una respuesta común que preserve la democracia.
30 de mayo de 2026 a las 7:11 a. m.

Colombia se juega la democracia. No es un eslogan, es la realidad que enfrentamos cuando las discusiones públicas se vuelven más sobre egos que sobre soluciones. Los ciudadanos debemos recordar que la responsabilidad última de preservar instituciones, libertades y un sistema de mercado no recae en las ambiciones personales de los políticos, sino en nuestra exigencia y sentido común. Me explico.

Las rencillas internas dañan. Esta semana vimos un ejemplo: los ataques directos de Paloma Valencia a Abelardo de la Espriella, un intento por recuperar impulso que solo alimenta divisiones. Entiendo que equipos y candidatos busquen visibilidad, pero, cuando la pugna pública se antepone al objetivo común, todos pierden. Heridas abiertas entre la oposición reducen su capacidad de competir eficazmente y ponen en riesgo la contención frente a proyectos que buscan transformar la Constitución y el modelo económico hacia una agenda de izquierda más radical.

Comprometerse no es traicionar convicciones, es priorizar lo esencial. Si realmente se cree en la democracia, hay que estar dispuesto a ceder en algunas banderas para defender otras más fundamentales: la institucionalidad, el Estado de derecho y las libertades básicas. Eso exige liderazgo con humildad y capacidad de negociación, no protagonismo permanente. No solamente se debe pregonar la defensa de la patria, sino realmente ejercerla, así esto signifique perder en lo individual para ganar en lo colectivo.

Los votantes también tienen un papel: diferenciar peleas internas de propuestas de país. No se trata de avalar acuerdos sin contenido, sino de exigir coaliciones coherentes que pongan por delante empleo, seguridad, educación, inversión y respeto por la ley. Cuando la oposición se desgasta en disputas públicas, pierde fuerza para ofrecer una alternativa creíble y para frenar cambios constitucionales que podrían alterar profundamente el rumbo del país.

La tarea es doble y urgente. Por un lado, los liderazgos opositores deben iniciar procesos de encuentro y articulación, ya sea antes de la primera vuelta o inmediatamente después. Es preferible un frente coherente desde ahora, pero, si las circunstancias obligan, la unidad no puede postergarse hasta que sea tarde. Por otro lado, la ciudadanía debe exigir acuerdos programáticos claros, líneas rojas defendibles y compromisos públicos de conducta política que prioricen el interés nacional sobre el protagonismo personal.

Si la oposición actúa con responsabilidad democrática, podrá no coincidir en todo, pero sí ofrecer una alternativa sólida que proteja la institucionalidad y permita soluciones reales a los problemas del país. Si prevalecen la dispersión y los egos, la factura la pagarán los ciudadanos. En política, como en la vida, a veces ganar implica ceder; la victoria verdadera es construir desde la diversidad una respuesta común que preserve la democracia y avance en lo que Colombia realmente necesita. Que Dios nos bendiga.