Es muy triste decirle enemigo a un candidato presidencial. Nunca lo había hecho, por primera vez utilizo ese término, y la razón es clara y contundente: Cepeda es enemigo de la democracia liberal y de la libertad de expresión, de la libertad política y de la libertad de empresa. No nos engañemos. Si llega al poder, vamos a tener constituyente que acaba con la separación de poderes, vamos a ver expropiaciones masivas y sin debido proceso, y vamos a ver una justicia que es utilizada para silenciar al enemigo político o económico.
Los informes de inteligencia revelados esta semana demuestran tres cosas. La primera, la injerencia de la inteligencia cubana, rusa y venezolana en el sistema político y electoral de Colombia con absoluta protección del actual Gobierno. La segunda, cómo se ha utilizado esa infraestructura de inteligencia para penetrar entidades, para penetrar campañas de la oposición y ponerlas a pelear, para tener lista la penetración del sistema electoral si pierden las elecciones y así evitar la reacción institucional de preservación de la democracia por parte de las respectivas entidades oficiales. Y tercero, la preparación del mal llamado “estallido social” en Cali, Medellín y Bogotá con la liberación de presos de la primera línea, líderes de bandas criminales y de organizaciones terroristas, ahora gestores de paz, con un objetivo: incendiar el país. ¿Las declaraciones de Petro de que las fachadas de las casas son espacio público y que la policía no puede intervenir son una casualidad? No, es la justificación de ese incendio de ciudades que preparan.
Esta no es una elección normal. Ojalá el centro entendiera, aunque el comportamiento de Fajardo en la reunión con Paloma la semana pasada muestra lo contrario. Paloma es una alternativa real, seria y de aproximación a acuerdos claves entre distintas posturas políticas que hay en Colombia, sin dejar de lado su clarísimo sentido de autoridad y de libertad, que tiene y que ha demostrado en sus 12 años de parlamentaria. Mi voto está con ella en esta primera vuelta, no solo por lo que ella y Juan Daniel Oviedo representan, sino porque son la mejor opción para la segunda vuelta. La derecha se une sin duda. ¿Y el centro? Con Paloma se viene todo; con Abelardo no lo sé y no lo creo, aunque el pánico que hay por la alternativa abre un espacio de reflexión. Si ese centro piensa como Fajardo, que prefiere el incendio de Colombia y el fin de la democracia, digámosle adiós a la libertad y alistémonos para lo que viene.
Por eso, esos informes de inteligencia son tan importantes. No estamos en una elección normal. Acá estamos frente a un Gobierno que, con ayuda de aparatos de inteligencia extranjera y de organizaciones criminales, les mete la mano a las elecciones como nunca lo habíamos visto. Por eso, esta decisión de quién pasa a la segunda vuelta es fundamental y de ahí mi voto por Paloma, quien derrota a Cepeda por mucho y no les alcanza para robarse las elecciones. El riesgo con Abelardo, que sin duda Petro y sus amigos cubanos, rusos y venezolanos tienen claro, es que el centro es reticente y en segunda vuelta van a hacer que el centro lo odie. Van a utilizar los mismos métodos, filtraciones, infiltraciones, bodegas y billete, como lo hicieron para poner a pelear a la derecha en esta primera vuelta. Si usaron un montaje de foto de Miguel Uribe papá apoyando a Cepeda para generar escozor, división y rabia, qué no van a usar o a inventarse en esta segunda vuelta para que ese electorado odie a Abelardo. Con Paloma es otra cosa. Es un tema emocional, pues la ideología está clara.
Dicho lo anterior, si Abelardo pasa a segunda vuelta, estoy listo para cargar maletas, abrir puertas, limpiar vidrios, lo que sea para que gane en la segunda vuelta. No he insultado en esta campaña; al contrario, me han insultado de manera horrible, incluso algunos que consideraba amigos, pero no importa. No me enredo en pequeñeces, pues el futuro de Colombia está en juego. Mi mensaje es este: “Abelardo, si estás en segunda vuelta, cuenta conmigo sin esperar nada a cambio, pues lo que me importa es el futuro del país de mis hijos y mis nietas”.
No me importa decirlo de manera clara y franca. Las razones que enumeré en esta columna, y espero que usted, señor lector, esté de acuerdo, me dejan claro que el enemigo es Iván Cepeda, lo que representa y lo que va a hacer de Colombia si llega al poder. Sé que en las semanas anteriores el enemigo era Paloma si eras de Abelardo, o era Abelardo si eras de Paloma, lo que, de verdad, fue un error. Es una lástima no haber acordado unas reglas de juego antes, pero eso ya es agua bajo el puente. El daño está hecho. Yo estoy listo para reparar puentes y trabajar con él o ella a fin de evitar el fin de la democracia.
La pregunta es: ¿usted qué quiere de Colombia? El domingo tiene claras opciones. Así que a votar. Yo, por Paloma.
