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Opinión

  • | 2018/09/08 16:00

    Ideas para el Ministerio de la Familia

    ¿Cuáles pueden ser los rangos de semejante cartera? ¿viceministerio del hermano menor? ¿consejero para primos hermanos? ¿alto comisionado para el tío borracho de las fiestas?

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El proyecto de ley que busca crear el ministerio de la familia para “garantizar su protección integral” aún en “su aspecto moral y su armonía” ha causado revuelo en algunos opositores, generalmente opinadores liberales todos hijos de su madre. Su autor es el representante conservador Juan Carlos Wills y cuenta –según amenazó él mismo– con el interés de la ministra de Interior. Y de su familia, naturalmente.

Hombre, sí, suena un poco premoderno y parece el escenario ideal para que el gobierno de turno imponga su definición de familia, “en su aspecto moral y en su armonía”. Y parece un poco burocrático andar en esas a estas alturas: me imagino la abrumadora invención de puestos nuevos, todos rimbombantes, porque ¿cuáles pueden ser, acaso, los rangos de semejante cartera? ¿Viceministro del Hermano Menor? ¿Consejero para Primos Hermanos? ¿Alto Comisionado para el Tío Borracho de las Fiestas? Y, sobre todo, ¿a qué clan familiar le entregarán el manejo del ministerio de la familia? ¿A los García Zuccardi? ¿A los Valencia Cossio? ¿A los Lizcano?

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Pero veámoslo de otra manera: el ministerio al fin pondría orden ante tanto relativismo moral, señores. Y si el presidente lo impulsa, demostraría que no es un mandatario joven en vano: que, por el contrario, está dispuesto a apostar por medidas verdaderamente audaces como esta, a tono con la de otros países, como Venezuela, donde existe el Ministerio de la Felicidad; o como Inglaterra, donde abrieron el Ministerio de la Soledad, en medio de un estruendoso fracaso porque el ministerio vive solo.

Porque es cierto: no se puede ser innovador y juvenil únicamente en la fachada, como si se fuera, apenas, un sencillo ministro de la Felicidad. Ha de tocarse guitarra con gracia, hacer cabecitas con el balón, dar grandes volteretas al bailar, pero nada de eso sirve si tanto vigor juvenil no se traduce en el apoyo a esta propuesta revolucionaria.

Tomo entonces la delantera para nutrir la idea, y mi primer aporte es sugerir que, por simple coherencia, se nombre como ministro ya no a una persona, sino a un matrimonio: la doctora Viviane Morales y don Carlos Alonso Lucio, esposos modélicos que podrán expedir, previas comprobaciones, certificados a parejas idóneas.

Para que no se diga que la nueva entidad atenta contra la austeridad en el gasto público, o que este es un “gobierno derrochón”, conseguiremos que el ministerio se autofinancie a través de un sistema de tributos que, a la vez que efectivo en términos financieros, resulte ejemplarizante en asuntos morales: se creará la multa para segundos matrimonios; la multa por divorcio. Hijos de padres separados deben tributar más; madres solteras deben tributar más. Y, por el contrario, habrá subsidios para la familia convencional colombiana, siempre y cuando la compongan padre, madre e hijos no heterosexuales que, ojalá, vaya a comer fresas con cremas a Sopó los domingos: con este sistema tributario financiaremos la base de la economía cristiana, anunciada en reciente trino por Álvaro Uribe Vélez, senador y exmesías.

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Vamos a desestimular la organización de familias que no sean normales, y por normales nos remitiremos al Libro Sagrado, no necesariamente en los apartados en que se señala que un hombre se casa con su costilla, o que Nuestro Señor es hijo de una paloma y una mujer virgen; sino de aquellos en que se habla expresamente de que familia es varón, mujer e hijos.

Convertiremos en política pública sanas prácticas que instauraremos en los hogares colombianos. En convenio con MinTic, estimularemos la creación de grupos familiares de WhatsApp. En convenio con el Ministerio de Ambiente, protegeremos al delfín presidencial, tenga el coeficiente intelectual que tenga. Y como otro guiño al doctor Andrés Pastrana (y al Presidente Eterno Álvaro Uribe) abriremos la oficina de atención al viudo, especialmente al viudo del poder.

¿Cuáles pueden ser, acaso, los rangos de semejante cartera? ¿Viceministro del Hermano Menor? ¿Consejero para Primos Hermanos? ¿Alto Comisionado para el Tío Borracho de las Fiestas?

Emitiremos esclarecedoras resoluciones sobre horarios y métodos para el sexo reproductivo entre cónyuges, y normativas estrictas para que el Estado intervenga con presteza allá donde la familia requiera ser regulada: decretos mediante los cuales se limita el comportamiento de las tías en las reuniones familiares, decretos que permitan sancionar de modo efectivo a primos que se arrimen a primas, o a madres solteras que busquen novio, o a hijos de divorciados que pretendan comulgar en misa.

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Al fin el país retoma la ruta correcta. En una misma semana pretenden penalizar de nuevo la dosis mínima y criminalizar al adicto. Alejandro Ordóñez nos representará en la OEA. Regresará el glifosato como eje fundamental en la lucha contra los cultivos. Y la familia podrá contar con un ministerio idóneo para restaurar el orden moral. Celebraré todas estas novedades en la próxima fiesta familiar. Espero no verme en la obligación de reportar a nadie ante el Alto Comisionado para el Tío Borracho.

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