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Opinión

  • | 2020/05/05 23:53

    La cuarentena ya no es la solución

    Ya logramos lo que se pretendía con el encierro. Es momento del siguiente paso.

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En el cruce de información, artículos y gráficas sobre la pandemia que he establecido con amigos y colegas, logré conocer la herramienta virtual diseñada por Marcel Salathé y Nicky Case En este sitio, de manera rápida y fácil, los usuarios podemos analizar y generar diversas simulaciones sobre la propagación de la covid-19.

Estos ejercicios generan una mezcla de esperanza y desolación que, según los citados autores, es precisamente lo que necesitamos. Debemos entender la gravedad del problema para hacerle frente con determinación. Pero también racionalizar que este no es el fin del mundo y que hay luz al final del túnel. Insisten los autores en dicha mezcla al citar a GB Stern: “El optimista inventa el avión mientras el pesimista inventa el paracaídas”. ¡Necesitamos ambos!

Una primera opción de simulación es utilizar lo que sabemos sobre la elevada capacidad infecciosa del virus, en combinación con un supuesto de que los gobiernos no implementan ninguna medida restrictiva a la movilidad. En tal escenario, el pico de la enfermedad se alcanza en un par de meses y la epidemia habrá finalizado antes de llegar a mitad de año.

La parte terrible es que en dicho contexto se presenta una alta proporción de población infectada en un corto tiempo, generando una condición en la que las necesidades de tratamiento de la enfermedad superan la capacidad del sistema de salud. Para el caso colombiano esto significa la posibilidad de millones de enfermos y decenas de miles de muertes.

Un segundo escenario, mejor sin duda, es la implementación de cuarentenas generalizadas durante varios meses, como hoy ocurre en numerosos lugares del mundo, incluida Colombia. Los resultados de la simulación muestran la obvia efectividad de tales medidas, logrando una disminución sensible en la velocidad de contagio y la consecuente reducción en el número de casos mortales.

Sin embargo, la misma herramienta muestra que tales resultados son solo de corto plazo. La “segunda ola de contagio” que llegará al liberar la cuarentena será tan grave e intensa como si no hubiéramos hecho nada. Esto sugiere que si el Estado limita su operación a la imposición de restricciones (que tanto gustan a algunos gobernantes), quedaremos atrapados en ellas de manera indefinida. Y esto a su vez compromete la sostenibilidad misma de nuestra sociedad.

Un tercer escenario es el que hace referencia a la muy nombrada combinación de “testear y aislar”. Esto incluye un relajamiento documentado de la cuarentena, basado en una estrategia comprensiva de toma de muestras diagnósticas del virus. En suma, se trata de desarrollar la capacidad para identificar los casos positivos, aislarlos para que no se conviertan en focos de contagio y proveerles del tratamiento que requieran. Y esto combinado con medidas preventivas de uso masivo como el distanciamiento físico, la desinfección de la infraestructura pública y la utilización de tapabocas.

La anterior es receta probada en varios de los países que están superando la emergencia. Es fácil de enunciar, pero difícil de implementar. Requiere el ágil y coordinado esfuerzo de diferentes organismos y niveles del Estado, así como entre este y el sector empresarial. Requiere también de una ciudadanía comprometida con su propio cuidado y el de los demás, que efectivamente respete y apropie la utilización de las medidas de mitigación.

Y también hará falta mucha paciencia pues, en ausencia de una vacuna mágica que nos resuelva todo, las cuarentenas escalonadas y selectivas implican un término de varios años antes de que alcancemos la “inmunidad colectiva” que ponga punto final a la epidemia.

Colombia ha sido relativamente exitosa en el manejo de la primera etapa de la pandemia. El número de casos totales es inferior al de muchos países y la velocidad de propagación muestra tendencias favorables en comparación con economías más desarrolladas, así como otras de la región. Logramos comprar tiempo. Y lo hemos usado para fortalecer el sistema de salud (en especial la disponibilidad de unidades de cuidados intensivos) y resolver la cadena de abastecimiento para realizar una mayor cantidad de pruebas diarias para la detección del virus.

Es tiempo entonces de dar el siguiente paso. ¡Ya! Así como la ciudadanía ha apoyado las medidas de supresión, es momento de exigir más de nuestros gobernantes. Requerimos mejores y más sofisticadas soluciones, incluyendo cuarentenas flexibles e intermitentes fundamentadas en información científica. No podemos quedarnos encerrados viendo cómo se destruye el tejido productivo del país, a la espera de una solución inexistente. La solución somos nosotros mismos.

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