OPINIÓN

Aurelio Suárez Montoya

La vía hacia el FMI, la ruta del tigre que nos lleva al fondo

Para salir de la inercia de la deuda, la economía debería crecer al 5,8 por ciento anual. ¿Lo alcanzarían las recetas del FMI?
17 de octubre de 2026 a las 7:32 a. m.

Abelardo De La Espriella instruyó “solucionar el problema fiscal con el Fondo Monetario Internacional (FMI)”, con lo cual revivió el debate sobre la injerencia de esta institución en la política económica nacional. Existen razones –fundadas en realidades económicas– que confrontan la draconiana orden y la opinión de columnistas y exministros afines a dicha vía, usada varias veces desde 1999.

El FMI actúa frente a las economías medianas –como la de Colombia– en concordancia con el Consenso de Washington, un decálogo adoptado para acoplarlas a la globalización, que prescribe el libre comercio, el libre flujo de capitales, las privatizaciones, la reducción del gasto público al mínimo y la inversión extranjera como variable central.

Así ha sido en los últimos 36 años, sin excepción, con una caída dramática del ahorro neto en la economía colombiana (ver gráfico). Va acompañada de una brecha creciente entre el ahorro y la inversión que en 2005 era solo de 1,5 por ciento del PIB y escaló a 5,9 por ciento en 2025. El estancamiento de la inversión se explica en parte por dicho descenso del ahorro.

Aunque el ahorro sea una variable tratada a veces como cualquier otra, es determinante para el crecimiento. Eduardo Sarmiento, en el libro El modelo propio (2002), demuestra que la elevación de la tasa de ahorro en Japón, China y los países asiáticos obedeció a “procedimientos directos” de los gobiernos para elevarlo y “acelerar el crecimiento”.

La pregunta es si el programa del FMI buscará la recuperación del ahorro o si, al contrario, lo empuja hacia abajo. Para esclarecerlo, ayudan datos del trabajo académico del economista Stiven Vitola, profesor de la Corporación Universitaria del Caribe (Cecar).

Vitola resalta el efecto “bola de nieve” de la deuda pública. En una economía con bajo crecimiento y altas tasas de interés se configura una trampa de la que es imposible escapar, aunque el FMI y la anunciada Ley de Ajuste decreten mayor austeridad. Con los intereses de los títulos del tesoro TES del 6 al 7 por ciento real y el crecimiento del PIB del 2,6 por ciento, no hay nada que hacer. Para salir de la inercia de la deuda, la economía debería crecer al 5,8 por ciento anual. ¿Lo alcanzarían las recetas del FMI?

Asimismo, la relación entre lo que desembolsan los prestamistas a Colombia y lo que el país les amortiza por cada peso de crédito era de 2,5 entre 2010 y 2019, y de 3,1 de 2022 a 2026, y en 2027 se treparía a un escandaloso 4,1, según el presupuesto “sincero” del ministro Gómez. ¿Hay receta del FMI para bajar tan asfixiante proporción siquiera a niveles de 2019? El reto es doble: disminuir las tasas de interés de los TES e impulsar, en simultánea, el crecimiento de la economía.

Por mucho auxilio venido del FMI, si las tasas de interés no bajan, el efecto “bola de nieve” seguirá en curso y los sectores que requieren crédito para avanzar no lo encontrarán, porque los prestamistas –bancos, fondos de capital extranjero, fondos de pensiones y compañías de seguros– seguirán especulando contra la deuda pública. Si bien el “salvavidas” del FMI daría liquidez a la Hacienda al cambiar obligaciones caras por otras menos onerosas, el monto adeudado no disminuirá.

Nigel Clarke, subdirector gerente del FMI, en la revisión reciente a Colombia en septiembre de 2026, formuló “reducir las barreras a la inversión, mejorar las condiciones de seguridad, abordar las deficiencias de infraestructura (...) y la inversión continua en infraestructura energética, educación y desarrollo de competencias (...) para aprovechar las oportunidades que ofrecen la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes”. Es decir, sentó como base de la operación de “salvamento” atraer capital extranjero en ciertas áreas.

El FMI no contempla intervenir el mercado monetario para bajar la tasa de interés, ni el cambiario para devaluar el peso frente al dólar a fin de acrecentar los ingresos por las exportaciones y estimular el ahorro neto nacional. Propone implantar nuevos “dolarductos” de riqueza constante extraída hacia el exterior, a partir de una ola de inversiones foráneas, que sacará más de lo que pone, como hoy a una renta neta promedio del 6 por ciento anual o todavía más.

A tal “redención”, que refuerza la dependencia de Colombia del capital externo, se sumarán gravosas exigencias, como eliminar instituciones, aumentar la base de los contribuyentes y del IVA, alzar los parámetros de las pensiones y forzar una que otra privatización, como en 1999 y 2004. Al FMI, al final de cuentas, solo le interesa mantener el recorrido de deuda y poco el crecimiento y el ahorro nacionales. Urge, a contramano, un sistema propio que sí los tenga como protagonistas.