OPINIÓN

Aurelio Suárez Montoya

Un tigre integrado a la burbuja nuclear

Trump convirtió la energía nuclear en filón especulativo para Estados Unidos y sus compañías, en un commodity, y está metiendo a cuanto país pueda en esa burbuja.
3 de octubre de 2026 a las 4:25 a. m.

De los dos memorandos que firmó Abelardo De La Espriella con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en su visita el 8 de septiembre, el de minerales estratégicos se entiende como algo “natural” por la condición histórica de Colombia de proveedora de materias primas. El otro, el que trata sobre energía nuclear civil, no parece tener una explicación tan obvia.

En tiempos de MAGA, energía y tecnología son temas prioritarios y lo son para su “patio trasero”. Está el interés de la superpotencia de promover la energía nuclear con reactores e implementos adicionales mediante una orden ejecutiva expedida el 23 de mayo de 2025, con la que denota “una postura agresiva de la administración Trump para reafirmar el dominio de Estados Unidos en el mercado nuclear mundial”, “revitalizar la base industrial nuclear” y “liderar la innovación mundial mediante reactores avanzados –en particular, los modulares pequeños (SMR)– y promover su despliegue en bases militares” (Sasakawa Peace Foundation, 23/5/25). (https://www.spf.org/jpus-insights/uspolicy-community-en/publications-07.html).

El Departamento de Estado define el interés y los alcances de este tipo de memorandos, a los que denomina de entendimiento para la cooperación nuclear (NCMOU, por su sigla en inglés), como el de “ayudar a Estados Unidos a desarrollar relaciones estratégicas de cooperación nuclear civil, apoyar a la industria nuclear civil estadounidense y promover nuestros objetivos de seguridad nacional y no proliferación nuclear”, e igualmente “profundizar las relaciones bilaterales entre países extranjeros y los expertos, la industria y los investigadores de vanguardia”. Los NCMOU son paso previo para los Acuerdos 123 que facilitan la transferencia de equipos y materiales, aunque, en ciertos casos, pueden ser mecanismos más flexibles (Departamento de Estado, EE. UU., 2025). (https://www.state.gov/bureau-of-international-security-and-nonproliferation/releases/2025/01/nuclear-cooperation-memoranda-of-understanding-ncmou).

En este competido mercado global de energía nuclear en ascenso, hay una verdadera carrera, como la de los minerales estratégicos, entre China, Rusia y Estados Unidos, los principales proveedores de tecnología nuclear. Mediante la firma de acuerdos con distintos países, como los NCMOU, buscan ganar cuota de mercado y ampliar sus esferas de influencia. “El ganador de la carrera de exportación nuclear establecerá normas de transparencia en los contratos y estándares de seguridad, protección y no proliferación”, afirman los expertos (Energy for Growth Hub). (https://energyforgrowth.org/article/2025-update-the-global-race-for-nuclear-energy-agreements/).

Rusia ha firmado tratos con 28 países como Sri Lanka, Bolivia, Egipto, Irán, Uzbekistán, Zimbabue y Vietnam; China ha suscrito 14, con Francia, Hungría, Nigeria, Kazajistán y otros diez, y Estados Unidos ha pactado 24 NCMOU, sumado el de Colombia, junto con Canadá, El Salvador, Eslovaquia, Corea, Polonia, Ruanda, Lituania, Suecia, Singapur y varios más. Un aspecto principal es servir de soporte a los demandantes procesos energéticos para los centros de inteligencia artificial, pero también como sucedáneo a fuentes renovables no convencionales y demás fines conexos de la industria.

La inversión en energía nuclear en los países emergentes se funda en reactores nucleares de nueva generación que “ofrecen ventajas adicionales en materia de seguridad, y su tamaño los hace ideales para redes eléctricas de menor escala en economías en desarrollo”. Es un renovado nicho de jugosa atracción, alineado con recientes intereses económicos y geopolíticos del Tío Sam. La Colombia del Tigre, como su satélite, se integra a esta ola, que podría incluir la presencia de empresas norteamericanas con esta modalidad en los mercados de generación de energía o su implantación en instalaciones militares.

Hay compañías estadounidenses que cuentan con potentes respaldos como Constellation Energy, el mayor operador, de propiedad en un 66,6 por ciento de grandes fondos financieros como Vanguard, Black Rock, State Street Corporation y Fidelity; o NextEra Energy, a la que sumados J. P. Morgan, Goldman Sachs y Morgan Stanley llegan hasta el 96,1 por ciento de la propiedad, y Duke Energy, en la que los inversores institucionales suman el 55,2 por ciento. Son, en último término, las beneficiarias de la avanzada “nuclear civil” en sus portafolios, y algunas decenas de empresas más a las que se les pronostican positivos dividendos en 2027, así el alto precio del petróleo les compita por el dinero invertido.

Trump convirtió la energía nuclear en filón especulativo para Estados Unidos y sus compañías, en un commodity, y está metiendo a cuanto país pueda en esa burbuja; a ella integró al Tigre De La Espriella, que le firma lo que le ponga.