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Las siete torturas de la capital

Se siente la falta de justicia y de la chancleta disuasiva.

David René Moreno Moreno
13 de junio de 2024

No vamos a hablar de los siete pecados capitales establecidos por el Papa Gregorio I, sino de las siete torturas a que se someten diariamente los habitantes de la capital, comenzando por la inseguridad, pasando por el estrés causado por las motos y las bicicletas, sin dejar atrás los insufribles trancones en las principales vías, así como también la impotencia ante los carteles de la señalización, de las multas y de las eternas obras, las basuras por doquier, los ‘ejecutivos’ que laboran diariamente en los semáforos y la falta de educación ciudadana.

Es muy difícil vivir gratamente en cualquier lugar de la geografía nacional cuando el delito, la corrupción, los escándalos y la impunidad que cabalgan a sus anchas desde los más altos niveles del sistema político se han convertido en el peor de los ejemplos; la ausencia de principios éticos y morales no solo en algunos integrantes del Gobierno sino en otros poderes, personajes que se encuentran investigados por sus posibles fechorías, o por los discursos que tratan de mostrar una conciencia libre de pecado, así como el tratar de ser los adalides de la pulcritud en el manejo de los recursos, se han convertido en el motor del caos que vive el país.

El apoyo brindado desde las entrañas del poder ejecutivo hacia quienes han cometido crímenes de todo tipo convirtiéndolos en ‘gestores de paz’ para burlar la justicia y la permanente motivación al empleo de la violencia para ‘gobernar libremente’, tema que acompaña el actual delirio de persecución, pues aduce que la oposición le impide gobernar, sumado a frases como “Es decir, que si deciden violar el voto popular en Colombia del año 2022, se instaura en Colombia el poder constituyente, de una vez, a través de la movilización masiva del pueblo colombiano” insinuando que si lo investiga el Consejo Nacional Electoral por la posible violación de los topes de campaña saca a la gente a las calles para generar una guerra civil, son motivaciones para la anarquía en que quieren hundir al país.

Lo anterior indica que la justicia no actúa como elemento disuasivo ante la violación de la ley y, por el contrario, motiva a delinquir a quienes interpretan que ‘el delito paga’. La inseguridad se ha tomado el país en general, llegando hasta el ataque con armas pesadas y drones por parte de los narco-subversivos a la fuerza pública, pues el Gobierno ordena que no se ataque a las diferentes cuadrillas de bandidos cuando están en ‘procesos de negociación’, los que más bien deben llamarse ‘procesos de fortalecimiento’, dándole estatus político a los narcotraficantes, posiblemente buscando apoyo para las próximas elecciones.

El desorden que se vive en las vías debido a la falta de control efectivo sobre las motocicletas que cometen toda clase de arbitrariedades arriesgando sus propias vidas y las enormes imprudencias de quienes conducen bicicletas, especialmente por parte de los que actúan como repartidores, sumado a la falta de educación de los peatones que pasan las calles por cualquier lugar, los habitantes que botan la basura a las calles y además de las imprudencias de quienes se atraviesan las avenidas exponiendo su vida para entrar al TransMilenio sin pagar tiquete, son parte del caos diario; sin duda, faltó la ‘chancleta disuasiva’ en la formación de muchos ciudadanos.

No puede dejar de mencionarse los huecos de las vías que reducen la velocidad de avance o el desfase de los semáforos que impiden una rápida circulación de vehículos, así como tampoco se puede olvidar la aberración de ‘carteles’ como el de la señalización, que despilfarran el presupuesto colocando plásticos en todas las calles sin ninguna necesidad e instalando semáforos innecesarios en lugar de emplear estos recursos para reparar las vías, o el cartel de las multas que coloca sensores de velocidad para proteger a los peatones en lugares donde no hay paso de personas, como es el caso de la autopista norte con la calle 100, solamente para que con estas multas se equilibren las finanzas del municipio ¿Actuaciones que benefician a terceros?

Sin duda las torturas que se viven en Bogotá son heredadas de los antiguos gobiernos municipales que se especializaron en ordeñar el presupuesto en su beneficio y el de sus aliados, así como en buscar votos en los barrios deprimidos, logrando pésimos resultados de burgomaestres como Gustavo Petro, Samuel Moreno, Claudia López y otros que por coincidencia pertenecen a la izquierda colombiana. Ojalá la historia enseñe que vender el voto o dejarse engatusar por la verborrea de los zurdos trae desgracia a la ciudad.

Todos debemos colaborar para hacer de Bogotá una ciudad diferente, una gran capital.

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