OPINIÓN

Germán Calderón España

Los 50 días más peligrosos de nuestra patria

El país está en nuestras manos y si no nos pellizcamos, lo vamos a perder, como cuando la sal que se vacía en las palmas abiertas, ante un descuido o el desplazamiento de los dedos, cae en forma vertiginosa y rauda perdiendo lo que teníamos bajo nuestro control.
5 de mayo de 2026 a las 1:15 p. m.

Desde ahora hasta la definición de la primera vuelta presidencial, este espacio temporal de aproximadamente un mes estará plagado de atentados terroristas, sin que se conozcan sus autores; guerras del Gobierno contra la institucionalidad; imposición de la anarquía por parte de la minga indígena, que le dio por usar como escudos a los menores de edad para destruir todo lo que se les atraviese y les suena a institucional; ataques a las altas cortes y a sus decisiones, y muchos actos más de desequilibrio estatal, porque desde hace más de un año hemos vaticinado un estado de caos que motivará la declaratoria de la conmoción interior con el fin de ambientar un fraude electoral si el heredero del régimen no gana y, de pronto, el aplazamiento de las elecciones y hasta el alargue del periodo presidencial.

Y dependiendo de los resultados del 31 de mayo, muy probablemente se activarán todas las formas de lucha propias de la izquierda radical y de los gobiernos despóticos: perfilamientos, seguimientos, amenazas y, nada raro, que se constaten algunos magnicidios sobre los opositores directos e indirectos, como sobre sus equipos de campaña. Muchos inocentes podrían morir asesinados, como así sucedió con una veintena de ciudadanos inermes en los atentados de los últimos días en el Cauca y otras regiones del territorio nacional, cuyos pobladores ya perdieron el sentido de la seguridad, la autoridad y el orden jurídico.

No hay herramientas más peligrosas que un gobierno pueda utilizar, en época electoral, como son los estados de excepción, pues ya estamos presenciando el abuso del poder económico y fiscal decretado mediante sendas emergencias económicas y sociales dirigidas a recaudar sumas billonarias para inyectarle a un desgobierno que quiere darles a sus seguidores pan y circo para que voten masivamente por el heredero. Solo basta con mirar cómo trasladaron los recursos de los cotizantes del sistema pensional individual y privado que por ley no se podían vaciar a las cuentas de Colpensiones, que por fortuna el Consejo de Estado suspendió, o las otras medidas sospechosas que se han venido cayendo en la Corte Constitucional.

¿Qué sería de los colombianos sin la Corte Constitucional, que muy a pesar de tener en su seno exmiembros del Gobierno, actúa independientemente?, o ¿sin el Consejo de Estado, que le viene cumpliendo al país en términos prontos y eficaces?, o ¿sin la Corte Suprema de Justicia, que hace lo propio, especialmente, en materia de instrucción y enjuiciamiento a los políticos involucrados en los grandes desfalcos del erario público de este mandato?

El país está en nuestras manos y si no nos pellizcamos, lo vamos a perder, como cuando la sal que se vacía en las palmas abiertas, ante un descuido o el desplazamiento de los dedos, cae en forma vertiginosa y rauda perdiendo lo que teníamos bajo nuestro control. Hoy, a pesar del desastre del Gobierno, aún tenemos ramas del poder público sólidas que garantizan la separación de poderes, estandarte esencial de un Estado de derecho y de una democracia. Pero si no actuamos con racionalidad e inteligencia en estas elecciones, mañana, ya no tendremos instituciones ni libertades, y muchos de nosotros no contaremos con camino distinto a tomar nuestras familias y pocos bienes para comenzar el camino tortuoso que los venezolanos vienen recorriendo de país en país desde hace más de dos décadas.

Estoy seguro de que muchos están amarrados a un puesto público, a un contrato estatal, a una migaja que le arroja el soberano de izquierda; sin embargo, me he dado cuenta en los recorridos por muchos municipios del país de que, por encima del miedo que sienten, votarán por una alternativa diferente, que restaurará el cauce de nuestra patria, que no le temblará la mano para imponer la autoridad y para cambiar las formas anárquicas y los excesos de democracia que se implementaron en parte en este nefasto periodo de nuestra historia.

Particularmente, los invito a votar en masa por Abelardo de la Espriella, quien arrasa en el fervor que emana del pacto que ya hizo con el pueblo y para el pueblo. ¡No se equivoquen, compatriotas! Porque la tibieza y la apatía al ejercicio de nuestros derechos políticos nos puede costar muy caro. Salgamos todos el 31 de mayo temprano y con amor patrio, porque en este momento nos la jugaremos toda por Colombia, pues, tal vez, jamás tendremos esa oportunidad de oro de restablecer nuestros valores fundacionales.