Home

Opinión

Artículo

Alejandra Carvajal Reyes Columna Semana

Opinión

Los colombianos tenemos derecho a ser felices

Pasamos de tener uno de los puntajes más altos en el ‘ranking’ de la felicidad a uno de los más bajos. ¿Qué ha pasado en nuestro país en los últimos dos años para que esto suceda?

Alejandra Carvajal
18 de junio de 2024

Hay un chiste de economistas, bastante famoso, que dice: Bill Gates entra a un bar y, en promedio, todos los que están ahí son millonarios. El chiste, que para la mayoría puede ser no tan divertido, explica con claridad que, en “promedio”, los ingresos de Gates, divididos entre todos los que están en el bar, los convierte en millonarios. Algo parecido sucede con el PIB.

El Producto Interno Bruto (PIB) es un indicador económico que sintetiza toda la actividad económica de un país en un solo número. Sin embargo, este agregado no proporciona información sobre cómo se distribuye la riqueza generada entre la población, es decir, no refleja la desigualdad o la equidad en la distribución de los recursos económicos.

El PIB es útil para medir el tamaño o crecimiento general de la economía de un país, pero no dice nada sobre cómo se reparten esos recursos económicos entre los diferentes sectores y grupos sociales. El PIB no es un indicador suficiente para evaluar el bienestar y la calidad de vida de la población.

Al respecto, Robert ‘Bobby’ Kennedy diría: “El PIB mide todo, menos lo que hace que la vida valga la pena”. Han pasado más de 50 años y esa frase de Kennedy está más vigente que nunca.

El Informe Mundial sobre la Felicidad trata de hacer un análisis distinto, está basado en la encuesta mundial Gallup y estudia seis factores como lo son apoyo social, ingresos, salud, libertad, generosidad y ausencia de corrupción. Entre 140 países, Colombia –al inicio de las mediciones (2012)– tenía una puntuación buena, se ubicaba en un muy aceptable puesto 31.

Ahora Colombia está en el puesto 78, uno de los más bajos del ranking. De acuerdo con varios analistas, lo más preocupante es que el último año nos ubicamos seis puestos más abajo que el año anterior, algo que ha llamado particularmente la atención de los expertos en el tema.

Colombia pasó de encontrarse cerca de los países más felices del mundo (en América Latina, Costa Rica está en el puesto 12) a estar cerca, muy cerca, de los países más infelices del planeta, como lo son Afganistán, la República Democrática del Congo, Zimbabue, Sierra Leona y el Líbano.

¿Qué ha pasado con nuestro país? ¿Cómo hemos llegado a los últimos puestos de este ranking? ¿Por qué y cómo nos hemos dejado robar la felicidad?

La felicidad es un patrimonio con el que contamos todos los colombianos, pero algo ha sucedido en los últimos dos años que nos ha hecho estar a la par con los países con más altos niveles de estrés, insatisfacción y depresión del mundo.

Andrés Oppenheimer, reconocido periodista, en su último libro, titulado ¡Como salir del pozo!, analiza a la felicidad como un nuevo indicador, vital para organizaciones, empresas y naciones. Para ello, visitó varios de los países más felices del mundo y ha investigado el tema como pocos. Con relación a Argentina, su país natal, diría que “para ser felices y crecer hay que terminar con el engaño kirchnerista y con creer que se reduce la pobreza imprimiendo dinero”.

Con relación a esta afirmación de Oppenheimer, ¿sucederá algo parecido con Colombia? ¿Será que hay que dejar de creer en fórmulas mágicas, como que todo debe ser gratis o subsidiado, para ser felices y crecer?

Espero que nuestro país sea de nuevo uno de los más felices del mundo, en el que haya paz y esperanza para todos los colombianos. Por ahora, para que esto suceda, debemos desarrollar nuevas narrativas, ser más positivos, empáticos y trabajar conjuntamente para crear dinámicas que forjen un país mejor.

A propósito, ¿qué propuesta tiene usted para hacer de Colombia un mejor país y cómo cree que podremos lograrlo? Los leo en los comentarios.