OPINIÓN

Jorge Enrique Vélez

Por la Patria y contra el continuismo, votemos por Abelardo y José Manuel

A los colombianos nos ha llegado la hora de la verdad; no podemos permitir que el miedo, la resignación o la tibieza nos roben el presente y el futuro.
17 de junio de 2026 a las 11:14 a. m.

El próximo domingo, Colombia se juega la decisión más trascendental de su historia democrática reciente. No es una elección cualquiera; es, en el fondo, un plebiscito definitivo en el que cerramos de una vez por todas el paso a la amenaza de una dictadura, o blindamos nuestra democracia ratificando la vigencia de la Constitución de 1991. Durante meses, desde estas líneas de opinión y en el espacio de Nos cogió la noche por Cosmovisión, he insistido en que este día llegaría.

Pues bien, amigos lectores, el momento de actuar ya está aquí, y la única herramienta que nos queda a los verdaderos patriotas es un arma pacífica pero contundente: nuestra cédula de ciudadanía, la cual debemos utilizar masivamente este 21 de junio para votar de frente contra el continuismo.

El país enfrenta un punto de quiebre que va mucho más allá de elegir a Abelardo de la Espriella y a José Manuel Restrepo para la Presidencia y Vicepresidencia. Lo que realmente se decide en las urnas es si preservamos nuestra carta política o si permitimos que nos arrastren a un supuesto “acuerdo nacional”, un camino engañoso diseñado para abrirle la puerta a una asamblea constituyente cuyo único propósito real es cumplirle los caprichos a los aliados de la “paz total”, particularmente al ELN y a las disidencias de las FARC, buscando desmontar la institucionalidad y consolidar un proyecto que se inició hace muchos años por estas organizaciones y que en el cuatrienio actual comenzó a afianzar Gustavo Petro.

En esta segunda vuelta, la dualidad para los colombianos es en blanco o negro: democracia o dictadura. Por un lado, la opción liderada por De la Espriella y Restrepo encarna la defensa de la patria, el respeto por las instituciones, la mano dura contra la criminalidad y el urgente retorno del orden institucional.

Por el otro, la alternativa en cabeza de Iván Cepeda y Aída Quilcué representa el peligro inminente de la continuidad, un supuesto cambio que terminó entregándole el país a la delincuencia, a la politiquería y a la corrupción. La moneda está en el aire, pero el poder de decidir el rumbo de la nación sigue en nuestras manos.

Cada uno de mis escritos de los últimos meses ha sido redactado sin temor, incluso arriesgando mi propia integridad en más de una ocasión. Sin embargo, siempre he mantenido la coherencia y los argumentos sólidos para oponerme no solo al actual gobierno, sino a todo lo que representa. Opinar con independencia y sin miedo significa no callar verdades incómodas ni caer en fanatismos ciegos. Por eso, como columnista, he cuestionado con severidad las estrategias de muchos de los cientos de candidatos que iniciaron la carrera por la presidencia y terminaron prestándose como tontos útiles del régimen.

Para nosotros era absolutamente claro que su fragmentación hacía parte de una estrategia fríamente calculada para posicionar a Iván Cepeda como el candidato único del oficialismo, garantizando así la continuidad del proyecto iniciado por Gustavo Petro.

Ese es el deber que nos asiste a todos los colombianos que opinamos con carácter y sin dilaciones: escribir y decir aquello de lo que estamos convencidos, aunque genere incomodidades y el rechazo de quienes pretenden envenenar nuestra democracia para darle muerte. El fin que persiguen, por más de que intenten disfrazarlo, es imponernos una constituyente dictatorial controlada por Petro, Cepeda y sus aliados de las narco guerrillas.

De este lado del espectro político habremos cometido muchos errores en el pasado, pero la política no es un ejercicio de purismo eterno. Se trata, en cambio, de la enorme responsabilidad que hoy tenemos la mayoría de los colombianos de saber elegir, en este momento histórico, la opción que mejor proteja la democracia, la propiedad privada, la seguridad institucional y el futuro de las nuevas generaciones.

En la primera vuelta, los colombianos reaccionaron contundentemente y dejaron un mensaje claro. Más de once millones de ciudadanos, muchos de ellos en el exterior, no por voluntad propia, sino empujados por el impacto de este cuatrienio, rechazaron el continuismo y apostaron por opciones de oposición. Esto consolidó un triunfo indiscutible para el discurso de orden, familia tradicional, libre mercado y patriotismo que lideran Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo.

Hoy, la única alternativa viable para frenar el avance del petrismo es unir fuerzas en torno a quienes verdaderamente pueden derrotar al oficialismo en las urnas. La única pregunta a la que debemos dar respuesta el próximo domingo es por qué votar contra el continuismo.

Los vamos a derrotar porque Abelardo y José Manuel representan la seguridad y la mano dura frente a un gobierno como el actual, que de prolongarse seguiría entregando la gran mayoría de las regiones del país a sus aliados de la “paz total”. Esto pondría en grave peligro la protección de la propiedad privada, base fundamental de cualquier democracia, e impediría lo más importante: la recuperación del monopolio legítimo de la fuerza en manos del Estado. A esto hay que sumarle la defensa de la institucionalidad.

Votar por el continuismo es votar contra la Constitución de 1991 e involucrarnos en una asamblea constituyente que ya fue pactada por Iván Cepeda en favor del ELN. Por eso he sostenido que la elección de este 21 de junio es, en realidad, un plebiscito contra Gustavo Petro y lo que representa. Colombia tiene la oportunidad, a través de De la Espriella y Restrepo, de lograr una reducción del gasto estatal y una defensa real del emprendimiento para devolverle la confianza a la inversión privada, la cual ha sido ahuyentada por el actual gobierno, aumentando la desigualdad y la pobreza.

También es momento de hacer un llamado al pragmatismo democrático. En la primera vuelta hubo múltiples opciones, pero ahora tenemos la responsabilidad histórica de unificar el voto opositor. Esto jamás será una traición a los principios; por el contrario, es una muestra de madurez política, pues la democracia se define con votos y no con divisiones estériles. Como lo he reiterado en este espacio y en Nos cogió la noche por Cosmovisión, el riesgo que significa un gobierno de Cepeda es sinónimo de más deuda, más inseguridad y más ideologización.

Hoy me reafirmo en esa postura y los invito a votar por Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo. Hacerlo no es firmar un cheque en blanco; es otorgar un mandato ciudadano para que gobiernen con firmeza y sin improvisaciones, permitiéndonos exigir resultados por el bien de nuestra democracia en el próximo cuatrienio.

Hermanos colombianos, ante este momento crucial que vive la patria, no nos quedemos, como escribí en una columna anterior parodiando a Shakira, ni sordos, ni ciegos, ni mudos. El 21 de junio la disyuntiva es absolutamente clara: votar contra el continuismo de Cepeda es defender la patria, rechazar el caos y abrir la puerta a un nuevo comienzo de orden y libertad. El futuro de Colombia depende de que salgamos de manera masiva e histórica a las urnas.

A los colombianos nos ha llegado la hora de la verdad; no podemos permitir que el miedo, la resignación o la tibieza nos roben el presente y el futuro. El próximo domingo 21 de junio debemos levantarnos con furia patriótica, con el corazón enardecido y el alma en alto para derrotar contundentemente al continuismo. Si es necesario, defenderemos con determinación nuestra Constitución, recuperaremos la seguridad y salvaremos la libertad que nos quieren arrebatar. Esto solo lo lograremos si tenemos claro que cada voto debe ser un rugido de dignidad y un golpe certero contra el caos y la destrucción.

¡Por la dignidad nacional, no nos rendiremos! Que nadie se quede en casa este domingo; vamos a votar masivamente con un grito que se escuche en todo el territorio nacional, vistiendo la camiseta amarilla de nuestra selección para demostrar, con la garra y el coraje del tigre, que defenderemos nuestra patria hasta el final.

Firmes por la Patria