OPINIÓN

Salud Hernández-Mora

Por fin, el payaso sale del Palacio

No sorprende que Abelardo De La Espriella no quiera meter a su familia en lo que era una digna sede presidencial y Petro convirtió en una suerte de lupanar.
1 de agosto de 2026 a las 5:41 a. m.

Bastaba que creyeran que era la última novia de Petro para que le abrieran las puertas de par en par. Jóvenes, bonitas, seguras, sin pudor, con demasiado desparpajo e insuficiente preparación, ningún alto cargo masculino las habría elevado a los altares de no ser por la sospecha de que el emperador las había sumado a su harén.

Más de uno pensaría que si un presidente acosa en público, con insultante desvergüenza, a la directora del PNIS, qué no hará tras los muros del Palacio.

De ahí el trato de favor y el ascenso meteórico de Gabriela Muñoz y Juliana Guerrero. El caso de Vanessa Cortés y el de Laura Sarabia son diferentes. La primera era la amante permanente desde años atrás y esa sola condición le garantizaba jugosos contratos y otras gabelas como incluirla, sin justificación alguna, en la visita al santo padre en el Vaticano.

“Actos de corrupción que son minúsculos. Imaginen, una chica cobrando un millón de pesos por una cita”, analizó con sorna el autor de Sin senos no hay paraíso.

Sarabia, a su turno, pertenece al grupo de las gargantas profundas, sin distinción de sexo, que consiguen lo que anhelan a cambio del eterno silencio.

A Verónica también le pagan por mantener la boca cerrada, está incluida en la categoría de esposas que tragan sapos y exigen retribuciones costosas, nada que no hayamos visto en todos los estratos sociales. La diferencia radical, que la pareja Petro-Alcocer olvidó enseguida, es que ostentaban el título de primera dama y jefe de Estado de una nación democrática y no de una república bananera.

No podrán alegar ninguno que irrumpo en sus vidas privadas. Ha sido Gustavo Petro el que las hizo públicas, sin recato ni consideración hacia sus compatriotas, desde el primer día de su funesto mandato.

A la que figuraba como su esposa, le concedió sus caprichos. Concepción Baracaldo a la cabeza del ICBF; Eva Ferrer, una Consejería de Presidencia; los catalanes Xavier Vendrell y Manuel Grau, negociantes de cabecera; Ligia Margarita Quessep, embajadora de Italia, entre otros, sin hablar de ingresos inconfesables.

Un día debería confesar la verdadera razón para residir meses en Suecia, dejando por los suelos la imagen de Colombia, según el embajador en Estocolmo, y quien pagó su sinuoso retorno (Petro tuvo el cinismo de acusar a la oposición, al borde del llanto, de apartarla de su hijita). Y si utilizaron fondos públicos para promover su posible candidatura presidencial y los verdaderos motivos para que su esposo, además de regalar tantos altos cargos a sus amigos, permitiera que algunos hicieran negocios sucios.

También Laura Sarabia debe a Colombia muchas verdades, comenzando por la que provocó la muerte del coronel Óscar Dávila y mantiene en prisión a dos incautos patrulleros. ¿Qué platal guardaba en su casa y por qué era la guardiana? Todos sabemos quién era el dueño del valioso botín que tantas vidas ha truncado.

Lo incomprensible es que Petro, Sarabia y Carlos Feria sigan frescos como si nada. Y que aún haya quienes se crean el culebrón de un sediento escolta que se baja de la camioneta para comprarse una gaseosa, deja su pistola en el asiento y Dávila, su protegido, aprovecha el supuesto descuido para agarrarla y pegarse un tiro. Horas antes había entregado 50 millones a un abogado bandido para que lo defendiera y anunciado que hablaría.

Fue el primer escándalo que tuvo por escenario el Palacio de Nariño.

El lugar donde la sordidez, el vicio, la perversión han aplastado la majestad del principal cargo del Estado. Ha sido marco de rumbas duras, libertinas, con drogas y alcohol, que derivaron en ultrajantes y casi que ininteligibles mensajes escritos de madrugada en X y en guayabos que le obligaban a desatender sus labores presidenciales y a protagonizar escenas denigrantes como la del San Juan de Dios.

No sorprende que Abelardo De La Espriella no quiera meter a su familia en lo que era una digna sede presidencial y Petro convirtió en una suerte de lupanar.

Cuando por fin la abandone el 6 de agosto, dejará la estela siniestra de un personajillo empeñado en escupir odio y rencor a toda hora, y que exhibió como reliquias patrias la sotana de un cura que traicionó las enseñanzas de Jesucristo y el sombrero de un exguerrillero que quiso imponer sus ideas a bala.

NOTA: La masacre del coronel Libardo Osorio y los mayores Harold Sánchez y Rodrigo Amórtegui, todos retirados, cuando practicaban ciclismo, debería despertar la dormida conciencia de Iván Cepeda. Los asesinaron en Silvia los mismos del voto de fusil a su favor en Cauca.

En el pacífico Vaupés llevan días con paro armado que cortó el transporte fluvial con Guaviare. En poblaciones de Huila, las Farc están apretando las tuercas para recaudar más plata porque, dicen, la gente votó por la guerra. Y unos 500 habitantes debieron acudir obligados a una capacitación de las farianas Guardias Campesinas.

La paz total de Petro y Cepeda solo trajo muerte y miseria.