OPINIÓN

Wilson Vega

¿El regreso de los ‘glassholes’?

Una tecnología de enorme potencial benéfico puede terminar satanizada por la incapacidad de una industria para prevenir y manejar el desastre de PR más predecible del mundo.
31 de julio de 2026 a las 10:00 a. m.

Las gafas inteligentes de Meta ya están Colombia. Desde este 28 de julio las Ray-Ban Meta y las Oakley Meta se distribuyen oficialmente en el país. Ambos modelos llegan provistos de cámara, micrófonos y altavoces, además de procesamiento de IA. Ambas llegan también rodeadas de un innegable —y, en últimas, lamentable— halo de desconfianza, que esta semana alcanzó en Europa niveles brutales de significación.

Ocurrió por cuenta del colectivo Everyone Hates Elon, que ha usado vallas y avisos en paraderos para llamar la atención sobre cómo las gafas de Meta se han convertido rápidamente en una pesadilla para la privacidad. El anuncio, en al menos una estación de autobuses en Londres, muestra al delincuente sexual Jeffrey Epstein cuando fue tomada su foto para el registro de delincuentes sexuales de Nueva York. El fallecido pederasta aparece usando un par de gafas inteligentes de la compañía y sobre su imagen un letrero dice: “Gafas para quienes no creen en el consentimiento”.

Es, como decía, una imagen brutal, y un reflejo de un problema tan potencialmente explosivo que tiene a muchos temiendo un remake del escándalo de las Google Glasses, que provocaron tal rechazo que se llegó a acuñar el término glassholes. Por eso Meta ahora intenta prohibir a los manfluencers y a los bromistas juveniles que usan las gafas para grabar a personas sin su consentimiento. En medio de una creciente ola de rechazo, comienzan a multiplicarse los testimonios de quienes compraron un par de gafas, pero eligen dejarlas en casa.

Yo, que he querido un par de estas gafas desde que las anunciaron, no creo que boicotearlas sea la solución. Pero las preocupaciones de protección en torno a las grabaciones no autorizadas son lo suficientemente reales como para que hablemos seriamente de cómo regularlas.

La principal diferencia de estos dispositivos frente a unas gafas tradicionales es que permiten tomar fotos y grabar videos sin usar las manos. También se puede escuchar música, responder llamadas y hacer preguntas al asistente Meta AI mediante comandos de voz. Eso significa que funciones como traducciones en tiempo real, búsqueda de información y recomendaciones pueden ejecutarse mientras el usuario camina o realiza otras actividades.

Eso les da a las Meta Glasses el potencial de ser convenientes para muchos usuarios, de plano útiles para muchos otros y absolutamente trascendentales para personas con condiciones especiales como baja visión o ceguera. Un usuario ciego, por ejemplo, puede pedirle a sus gafas que le describan una escena, lo guíen a su destino o le lean el menú en un restaurante. Conozco a varios creadores de contenido que usan sus gafas para producir cosas absolutamente bellas sin necesidad de grabar a nadie sin su permiso.

Pero todo eso podría estar en peligro si se permite que una tecnología de enorme potencial benéfico termine satanizada por la incapacidad de una industria para prevenir y manejar el desastre de PR más predecible del mundo. El enfoque tradicional de dejar la responsabilidad en el usuario no cabe en este caso.

Necesitamos leyes que evolucionen con la tecnología y que obligue a los fabricantes a impedir que las gafas graben de manera discreta. Las Meta Glasses tienen, es verdad, una luz piloto que se enciende cuando se inicia la grabación, pero en la red es fácil hallar maneras —que no discutiré aquí— de saltarse esa salvaguarda. Claro, si tus gafas suenan como un camión en reversa cada vez que oprimes REC, es posible que las encuentres, súbitamente, mucho menos cool.