OPINIÓN

Carlos Iván Pérez

Querida ministra

La Perimetral de Oriente quedó incompleta. Reformularla permitiría conectar el Llano con el norte de Bogotá y Boyacá y aliviar la congestión de la capital.
31 de julio de 2026 a las 5:36 p. m.

Querida ministra Noguera, usted conoce de primera mano una visión de la infraestructura que hoy resulta tan ausente como necesaria. En 2010 acompañó a Germán Vargas Lleras como fórmula en su aspiración a la Presidencia y luego ambos hicieron parte del gobierno de Juan Manuel Santos. Desde la Vicepresidencia, su antiguo compañero impulsó una agenda que entendía las obras públicas como una condición indispensable para integrar territorios, ampliar mercados y promover el desarrollo. Ahora que se prepara para asumir el Ministerio de Transporte, merece su atención la Perimetral de Oriente de Cundinamarca, uno de los proyectos contratados durante aquellos años. No para revivir una concesión que terminó sin cumplir su propósito, sino para recuperar una idea que sigue siendo estratégica para el país.

Contratada en 2014 como parte de la primera ola de las vías 4G, la Perimetral tenía en Cundinamarca su principal impacto territorial. La obra habría unido poblaciones separadas por una geografía difícil y por carreteras que todavía obligan a realizar largos recorridos entre lugares cercanos. El trazado recorría el oriente cundinamarqués y articulaba el sector de Briceño con municipios como Sopó, Guasca, La Calera, Choachí, Ubaque y Cáqueza.

Sin embargo, el proyecto también cumplía una función interregional. El Gobierno lo presentó como una alternativa para la movilidad de esos municipios y, además, como una conexión entre Meta y Boyacá capaz de evitar el largo y, hasta ahora, casi obligatorio paso por Bogotá, reducir el tráfico que atraviesa la ciudad y aliviar la presión sobre su malla vial. Una misma iniciativa articulaba así los intereses de tres departamentos y del Distrito Capital. ¿Por qué no recuperar esa perspectiva?

Desde Cáqueza, el tránsito procedente de los Llanos Orientales podía continuar por Choachí y La Calera, hasta alcanzar Sopó y Sesquilé. De esta manera, los llaneros podían llegar al norte de Bogotá, enlazar con la vía hacia Tunja o continuar hacia otras regiones sin atravesar la capital desde su extremo sur.

Esa conexión era especialmente valiosa para el comercio. Cada recorrido innecesario dentro de Bogotá aumenta el consumo de combustible, encarece los fletes, acelera el desgaste de los vehículos y vuelve más inciertos los tiempos de entrega. Para los alimentos perecederos, las demoras también afectan la calidad y el precio final. A esos costos se suman las horas perdidas, el cansancio y el estrés que soportan conductores y pasajeros. La Perimetral acercaba los centros de producción del Llano y del oriente cundinamarqués a los mercados de la Sabana, Boyacá y el norte del país.

Bogotá también ganaba. Una parte de los vehículos que ingresan por el sur tiene como destino la Sabana, Boyacá o localidades como Barrios Unidos, Chapinero y Usaquén. Al ofrecerles una ruta exterior, la Perimetral podía reducir viajes de paso por la malla urbana y aliviar la presión sobre el acceso por Usme y las vías que cruzan la ciudad de sur a norte. No era solo una carretera para llegar a Bogotá. También permitía evitarla cuando no era el destino.

La ejecución se interrumpió precisamente en los segmentos que daban al proyecto su alcance interregional. Según la auditoría técnica de la ANI, las tres primeras unidades funcionales, que comprendían los corredores Salitre–Sesquilé y Sopó–La Calera, además de los accesos La Calera–Patios y límite Bogotá–Choachí, quedaron prácticamente terminadas. En cambio, el tramo entre La Calera y Choachí alcanzó apenas el 5 % de ejecución y el comprendido entre Choachí y Cáqueza, el 1 %. En consecuencia, aunque hubo intervenciones parciales, nunca llegó a materializarse la conexión que debía enlazar la vía al Llano, a la altura de Cáqueza, con La Calera, el norte de Bogotá y el corredor hacia Boyacá.

La presencia de cuerpos de agua no identificados durante la estructuración hizo inviable construir esos dos tramos en las condiciones previstas. En 2018 se reconoció un evento eximente de responsabilidad y comenzó un plazo de 730 días para acordar una solución. No hubo acuerdo. En diciembre de 2024, un tribunal arbitral internacional declaró la terminación anticipada del contrato y condenó a la ANI a pagar cerca de $1,33 billones al concesionario. Con los intereses y las costas determinados posteriormente, la obligación ascendió a aproximadamente $1,7 billones. El laudo concluyó que la entidad no había identificado oportunamente esas condiciones hidrogeológicas y que tampoco actuó con la diligencia necesaria para superar el problema dentro del término establecido.

El 12 de junio de 2026, la infraestructura fue entregada al Invías, la Gobernación de Cundinamarca y las alcaldías de los municipios, que asumieron la administración y conservación de los tramos correspondientes. La ANI también identificó 53 puntos críticos en las unidades comprendidas entre La Calera, Choachí y Cáqueza y anunció intervenciones para mejorar su seguridad y mantener las vías en condiciones de uso. Es una transición necesaria, pero no equivale a completar la conexión concebida en 2014.

El tribunal resolvió la controversia contractual, pero no la necesidad que dio origen a la obra. Los municipios del oriente de Cundinamarca siguen sin el corredor que debía integrarlos, mientras el Llano continúa dependiendo del ingreso por el sur de Bogotá para alcanzar el norte de la ciudad o la vía hacia Tunja.

La respuesta no consiste en reproducir el diseño inicial. Corresponde actualizar los estudios hidrogeológicos, revisar alternativas de trazado, medir nuevamente la demanda y determinar si la conexión puede construirse por etapas. El Ministerio de Transporte puede reunir a la ANI, el Invías, Bogotá, Cundinamarca, Meta y Boyacá alrededor de ese propósito.

El proyecto podrá tener otro diseño, otra fuente de financiación y otro nombre. Lo importante es conservar su función, que consiste en integrar el oriente de Cundinamarca, darle al Llano una salida hacia el norte de Bogotá, fortalecer el comercio con Boyacá y evitar que atravesar la capital siga siendo el costo obligatorio de viajar entre regiones vecinas. El contrato terminó, pero la necesidad permanece. Querida ministra, mire hacia oriente.

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