opinión

Julio Londoño Paredes
Julio Londoño Paredes, excanciller de Colombia y especialista en temas de fronteras y límites de Colombia, posa el martes 26 de enero de 2016, en Bogotá. Foto: Carlos Julio Martínez / SEMANA - Foto: Carlos Julio Martínez

Pragmatismo entre Colombia y Venezuela

¿No habrá llegado la hora de que estos países hagan un alto a la confrontación?


Por: Julio Londoño Paredes

La invasión rusa a Ucrania ha puesto en evidencia un cambio dramático en la geopolítica mundial, cuyo epílogo todavía es difícil de predecir. Todo está por definirse. No obstante, está resurgiendo el pragmatismo.

Tener en los setenta, relaciones con “China Popular” era una afrenta a la democracia y al país latinoamericano que lo hiciera o que tuviera el más pequeño intercambio comercial, era fichado por los Estados Unidos. Colombia, naturalmente, reconocía a Taiwán como la verdadera China, hasta que nos dimos cuenta de que Washington vendía millares de tractores a Pekín. No directamente, sino a través de la sucursal de una poderosa empresa norteamericana establecida en Argentina. Claro está con conocimiento y apoyo del Departamento de Estado.

Ahora, esa actitud pragmática de los estados se ha incrementado. Lo que pareció una extraña posición del presidente Bolsonaro de no apoyar una resolución de la asamblea general de Naciones Unidas condenando la invasión, ha encontrado una explicación. El Brasil, una de las grandes potencias agrícolas del mundo, estaba sumido en la angustia por falta de fertilizantes, que se importaban de Rusia. Pero después de la actitud brasilera en la ONU y no obstante la situación, los fertilizantes rusos llegaron nuevamente salvando la agricultura brasilera.

No obstante, las declaraciones de la administración Biden, condenando a Venezuela, se han dado aproximaciones por efecto de la guerra en Ucrania. Sin embargo, seguimos siendo el “gran socio” de los Estados Unidos. De pronto nos pasa lo mismo que con Taiwán.

Curiosamente, la época de oro de las relaciones con Venezuela, fue durante la administración Barco, luego de que estuvimos al borde de la guerra con el incidente de la corbeta “Caldas”. La balanza comercial llegó a casi 7.000 millones de dólares. Se acabaron los cotidianos incidentes en la frontera; se establecieron grupos de diálogo e integración; se constituyó el llamado “Grupo de los Tres”, incorporando a México; y, se comenzó a dar solución al problema de los llamados “indocumentados” en Venezuela.

Eso cambió fundamentalmente. Llevamos años de confrontación. No solamente durante el gobierno de Duque, también en el de Juan Manuel Santos.

Las relaciones entre los países no se pueden regir por las simpatías o antipatías que tenga un mandatario de turno hacia el jefe de gobierno de otro estado. Esa historia ya la sufrieron muchos países latinoamericanos. Los resultados fueron funestos.

Todo indica que no es conveniente continuar una relación pugnaz y distante entre Colombia y Venezuela. Si se hubiera pretendido esperar a tener identidad entre los gobiernos, para tener algún tipo de relación, en los últimos 190 años, casi que no hubiéramos podido entendernos.

A la desastrosa situación en Venezuela, así como a la inseguridad urbana y rural; a la acción de los carteles de la droga, a los paros y bloqueos armados, a los asesinatos a diestra y siniestra, a la desconfianza en las instituciones que se presentan en Colombia, no se le pueden agregar las confrontaciones entre los dos países.

No se trata ahora de darnos de la noche a la mañana, abrazos con el régimen venezolano, especialmente después del lenguaje procaz que ha utilizado durante mucho tiempo. Pero si, dar pasos para restablecer el diálogo y dejar de lado la confrontación.