¿Quién es el culpable?
"Los comandantes de las Farc estarán muertos de la risa, felices de ver la parafernalia que se monta para encontrar chivos expiatorios", escribe el general (r ) Eduardo Herrera Verbel, indignado con la reacción de funcionarios y analistas de encontrar culpables después de cada ataque guerrillero.
¿Quién es el culpable? Ésta parecería ser la consigna única por pregonar después de cualquier insuceso operacional que sufran las Fuerzas Armadas, como el recientemente acaecido en el Putumayo, donde murió un grupo de valientes soldados en cumplimiento de la sagrada misión de defender a los colombianos.
Extraña sobremanera que sean muy pocas las voces de reconocimiento al sacrifico de tan buenos y excelsos compatriotas, y que estas cruentas acciones terroristas sólo generen un sórdido y perverso interés en determinar quién o quiénes son los responsables, y cuáles son las cabezas de generales y militares que debe rodar para satisfacer equivocadas percepciones sobre el desempeño de las Fuerzas Militares y los reconocidos protagonismos personales que nunca faltan.
De verdad que son pocas las voces de solidaridad y de acompañamiento a las familias que sufrieron con estoicismo y resignación tan penoso trance de perder a sus seres queridos en el Teteyé, así como a unas Fuerzas Armadas que en esos momentos difíciles es cuando más necesitan de la compresión y respaldo del pueblo que defienden.
Sin aún conocerse el balance final de la cruenta acción armada, no demora en aparecer en los medios de comunicación la pléyade de los concebidos violentólogos de marras, autoridades e incluso comandantes militares, para hablar sobre lo divino y humano, criticar la actuación de esas unidades militares, sustentando sus apreciaciones en juicios de valor ligeros, producto más del calor de los acontecimientos aún en desarrollo que de un proceso de autocrítica responsable y de profunda reflexión interna que permita esclarecer, sin tapujos ni maquillaje alguno, la realidad operacional de lo sucedido.
Me preocupa que está haciendo carrera en el país un esquema bastante inmediatista de pretender juzgar en caliente lo que se suceda en el campo de combate, de por sí muy irregular e impredecible. Le hacen un flaco favor a la derrota del terrorismo y a la defensa nacional los que quieren arrogarse estas facultades inquisidoras.
Antes de juzgar si la falla fue de la inteligencia o fue consecuencia de tener puestos militares desguarnecidos, y antes de atreverse a poner en tela de juicio la moral de nuestros soldados -que en el caso del Teteyé fue tan alta, que ellos prefirieron morir antes de entregarse o claudicar a sus principios y responsabilidades con la patria-, la búsqueda de la verdad operacional debe ser producto de un proceso investigativo serio, institucionalizado, desarrollado por las instancias que existen para tal fin en las Fuerzas Armadas y más aún, si es del caso, acompañado por los entes de control y judiciales del Estado.
No es amenazando con el coco de la Justicia Penal Militar como se van a esclarecer de mejor forma los hechos sucedidos; hasta donde tengo entendido, morir por la patria no es delito. Esto no quiere decir que no sea válido que si la conducción militar falla, debe ser investigada para establecer responsabilidades, preservando el derecho a la defensa y al debido proceso.
A la conducción militar le cabe una gran responsabilidad en la derrota de los violentos, como también en satisfacer la exigencia y demandas de seguridad. El escrutinio público de sus resultados en un Estado de Derecho debe estar en el orden del día, pero acompañado de mucha prudencia, objetividad y justicia en su proceder.
Me pregunto qué estarán pensando los cabecillas de estos grupos armados ilegales tras ejecutar sus acciones terroristas. Tal vez estarán muertos de la risa, felices de ver la parafernalia que se monta para encontrar chivos expiatorios. No hay duda de que las Farc se aprovechan de factores de oportunidad presentes en cualquier ambiente operacional, y sus acciones armadas están generando un significativo impacto político-mediático sobre la opinión pública.
Valdría preguntarnos nuevamente: ¿Quién es el culpable? No debe caber la menor duda de que los grandes culpables son los actores antidemocráticos que, como las Farc, agreden no sólo a la democracia sino al pueblo colombiano. Las Fuerzas Armadas cumplen una misión constitucional con mucha entrega y sacrificio, y en estos momentos no les pueden faltar la comprensión, gratitud y respaldo de su pueblo.
(*) Mayor General (r), consultor internacional. Correo: eduardoh@cable.net.co