OPINIÓN

Juan Espinal

Recobro mejorado: una victoria temprana

La realidad energética exige decisiones rápidas, ambiciosas y, sobre todo, técnicas.
28 de agosto de 2026 a las 10:00 a. m.

Ante la pérdida de autosuficiencia en gas natural y la disminución de las reservas de hidrocarburos, Colombia tiene una alternativa que puede generar resultados en menor tiempo: acelerar la incorporación de reservas y aumentar la producción mediante proyectos de recobro mejorado (EOR) en campos que ya conocemos.

El recobro mejorado no reemplaza la exploración, la asignación de nuevas áreas ni el desarrollo de los yacimientos no convencionales. Colombia necesita avanzar simultáneamente en todos esos frentes. Pero el EOR sí puede representar una victoria temprana: aprovechar mejor el petróleo y el gas que ya sabemos que existen en nuestro subsuelo.

La realidad energética exige decisiones rápidas, ambiciosas y, sobre todo, técnicas. Al cierre de 2025, según las cifras del Informe de Recursos y Reservas de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), Colombia contaba con 2.020 millones de barriles de reservas probadas de petróleo, equivalentes a 7,4 años de producción. En gas natural, las reservas probadas ascendían a 1.717 gigapiés cúbicos, con una vida media de apenas 5,9 años.

Son cifras que deberían encender las alarmas.

La discusión sectorial y la propuesta del nuevo Gobierno han planteado la meta de llevar la producción de hidrocarburos a aproximadamente 1,3 millones de barriles diarios, frente a una producción actual cercana a los 732.000 barriles por día. Para aproximarnos a semejante objetivo, Colombia no puede apostarle a una sola alternativa.

Debemos recuperar la exploración, desarrollar los descubrimientos existentes, facilitar la asignación de nuevas áreas, aumentar la producción de gas y evaluar responsablemente todas las tecnologías disponibles. Sin embargo, estos caminos requieren tiempos de maduración geológica, contractual, ambiental, social, financiera y de infraestructura.

Por eso, necesitamos también alternativas capaces de producir resultados más rápidamente. Ahí aparece la victoria temprana: el recobro mejorado.

Su principal ventaja estratégica es que no parte de cero. Estos proyectos se desarrollan en yacimientos ya conocidos y, generalmente, en campos donde existen pozos, infraestructura, facilidades de producción, información geológica, operadores y años de experiencia sobre el comportamiento del subsuelo. En muchos casos también existen contratos con la ANH, instrumentos ambientales y un relacionamiento previamente construido con autoridades territoriales y comunidades.

Esto no significa saltarse las obligaciones contractuales, ambientales, sociales o étnicas, ni garantiza automáticamente la incorporación de nuevas reservas. Significa algo mucho más sencillo: podemos reducir considerablemente el tiempo entre identificar una oportunidad y obtener producción adicional, siempre que cada proyecto demuestre su viabilidad técnica, económica, ambiental y operacional.

¿Cómo funciona?

El petróleo original en sitio, conocido técnicamente como OOIP, corresponde al volumen de petróleo que originalmente se encuentra dentro de un yacimiento. En una primera etapa, se aprovecha la propia energía de la formación para llevar los hidrocarburos hasta la superficie. Posteriormente, pueden utilizarse mecanismos como la inyección de agua o gas para mantener la presión y desplazar más petróleo hacia los pozos productores.

Pero incluso después de estos procesos queda una enorme cantidad de petróleo atrapada en la roca.

Ahí entra el recobro mejorado. Mediante diferentes tecnologías se modifican las condiciones de interacción entre la roca y los fluidos del yacimiento para movilizar hidrocarburos que los métodos convencionales no lograron recuperar. Existen técnicas de inyección de gases, procesos químicos, métodos térmicos y otras tecnologías avanzadas.

En términos sencillos, y muy de nuestra tierra, se trata de “raspar la olla”, aprovechar mejor un recurso que ya encontramos, conocemos y estamos produciendo, pero del cual todavía estamos dejando una enorme cantidad en el subsuelo.

La dimensión de la oportunidad se entiende mejor al observar el factor de recobro. En Colombia se encuentra alrededor del 19,3 %, mientras que en campos y países con desarrollos más avanzados pueden alcanzarse factores considerablemente superiores, dependiendo de las características particulares de cada yacimiento.

Cada punto adicional importa. Aumentar el factor de recobro en nuestros campos maduros puede significar nuevos barriles incorporados a las reservas, mayor producción, más regalías, más impuestos, más empleo y una mayor seguridad energética para Colombia, sin tener que comenzar siempre desde cero.

Pero para convertir ese potencial en producción necesitamos una decisión adicional: reducir y simplificar los tiempos de evaluación y aprobación de los proyectos de recobro mejorado, sin sacrificar el rigor técnico ni disminuir las exigencias ambientales.

La eficiencia administrativa también es seguridad energética.

Un proyecto puede ser técnicamente viable y ambientalmente responsable, pero perder su oportunidad económica por permanecer atrapado durante años entre procedimientos y autorizaciones. Los tiempos de la administración pública deben entender también los tiempos de los yacimientos, sus curvas de declinación, las ventanas operacionales y las condiciones del mercado.

Por eso, debemos construir una ruta que permita evaluar y decidir sobre los proyectos EOR con mayor agilidad, basada en información técnica, responsabilidades claramente definidas y términos razonables para las autoridades competentes. Agilizar no significa flexibilizar irresponsablemente; significa que el Estado sea capaz de tomar buenas decisiones a tiempo.

El recobro mejorado no es una solución mágica. Tampoco sustituye la exploración, los nuevos contratos, el desarrollo de descubrimientos ni la discusión que Colombia debe dar sobre los yacimientos no convencionales. Sería un error volver a enfrentar unas alternativas contra otras.

Necesitamos todas.

Colombia debe explorar más, producir más gas, desarrollar los descubrimientos existentes, recuperar la confianza de los inversionistas, aprovechar responsablemente los yacimientos no convencionales y, al mismo tiempo, extraer con mayor eficiencia los hidrocarburos de los campos que ya tenemos.

Se trata de una decisión de eficiencia y soberanía: producir mejor donde ya conocemos el subsuelo, utilizando información, ciencia, tecnología, pilotos rigurosos y decisiones administrativas oportunas.

Si Colombia quiere recuperar sus reservas, aumentar la producción y volver a construir seguridad y autosuficiencia energética, tendrá que desplegar todas las herramientas disponibles.

Y entre todas ellas, el recobro mejorado puede ser nuestra victoria temprana.