El 22 de diciembre de 1921, hace 100 años, se aprobó por la cámara de representantes de Colombia el tratado de 1914 entre Colombia y los Estados Unidos, denominado “Urrutia-Thomson”, después de un angustioso y dilatado proceso de más de veinte años.
Aunque desde su concertación hasta su aprobación fue un episodio fundamental de la historia de Colombia, nadie se acuerda de eso. Somos inmediatistas, lo único que tiene vigencia ahora son las peroratas de los aspirantes a los cargos públicos.
En el tratado, no solamente se reconoció la separación de Panamá y se acordaron los límites terrestres con la nueva república, sino que los Estados Unidos otorgaron a Colombia una indemnización de 25 millones de dólares. Una cantidad enorme en ese entonces, que preservó la economía y proyectó la vida del país hacia el futuro.
Un ilustre colombiano, Marco Fidel Suarez, renunció a su cargo como presidente para salvar el tratado. Sin duda, ahora se lo tildaría de tonto o de Quijote.
En 1909, Rafael Reyes también había renunciado a la presidencia, entre otras cosas, por la cerrada oposición y rechazo que mereció otro tratado, el Cortes-Root, también con los Estados Unidos, que en términos generales seguía los lineamientos del futuro tratado Urrutia-Thomson de 1914.
Naturalmente, el trasfondo de todo fue la separación de Panamá de 1903, impulsada y ejecutada por los Estados Unidos a raíz de la no aprobación por el congreso colombiano del tratado Herrán-Hay, de ese mismo año.
Aunque durante años en Colombia se consideró la separación como un acto de traición de los panameños, estos nunca lo consideraron así. Por el contrario, afirman que, si no se hubieran separado, Panamá sería ahora como el Chocó. Realmente, las similitudes geográficas entre el departamento colombiano sobre el que parecería que cayeron “las siete plagas de Egipto” y Panamá son notables.
Aducen igualmente los panameños que la provincia de Panamá solo era recordada por Colombia para reclutar efectivos para las frecuentes guerras civiles que azolaban al país. Entre tanto, el ferrocarril de Panamá, una empresa norteamericana, constituía la única fuente de trabajo en la región.
Le dejamos como herencia a Panamá el conflicto territorial con Costa Rica. Se derivó de la interpretación del Laudo Arbitral del presidente Loubet de Francia de 1900, entre Colombia y Costa Rica, que reconoció la soberanía colombiana sobre la Costa Mosquitia y el archipiélago de San Andrés.
Las diferencias entre Costa Rica y Panamá, luego de múltiples enfrentamientos, solo se solucionarían por el tratado Calderón Guardia-Arias Madrid en 1941, después de haber pasado por la Guerra del Coto veinte años atrás.
Todo se olvida. ¿Será para bien?
