Home

Política

Artículo

Abuso sexual hombres
Abuso sexual hombres - Foto: Getty Images

política

Hay congresistas que también acosan y abusan sexualmente de los hombres. Las víctimas se destapan en SEMANA

SEMANA conoció el testimonio de una persona que conoce casos en detalle que comprometen a dos representantes a la Cámara y a un exrepresentante.

El abuso sexual en el Congreso no se centra exclusivamente en las mujeres. SEMANA conoció casos de congresistas que acosan y abusan sexualmente de hombres. Una fuente se contactó con este medio y relató historias que comprometen a tres congresistas.

“El abuso sexual de de los hombres no se cuenta. No se habla de ese tema. Es inusual conseguir hombres acosados por hombres y que se atrevan a contarlo”, señaló la fuente, quien relató el modus operandi en el Congreso de la República.

“Funciona por presión de contratos de prestación en el Congreso y con entidades de otras ramas del poder. Generalmente, al Congreso llega mucha gente pidiendo que le den trabajo. Ahí, los congresistas hablan con ellos en privado. Algunos lo hacen sutilmente; otros, de manera más directa. Les dicen que si se acuestan con ellos, les ayudan a conseguir el contrato”, contó la fuente.

Abuso sexual hombres
Abuso sexual hombres - Foto: Getty Images

“El contrato es un mecanismo de presión a cambio de sexo. Cuando el contrato se acaba, en las entidades siempre le dicen al contratista que tiene que hablar con su padrino, y le toca volver a hablar con el congresista para que le renueven el contrato”, sostuvo.

Por lo general, según su relato, los acosos y abusos se dan generalmente a hombres jóvenes.

La fuente dio conocer el caso de un representante a la Cámara que habría acosado sexualmente a un joven a cambio de ingresar a su UTL. Según su versión, el congresista le dijo que si se acostaba con él, le ayudaba a conseguir un contrato. Todo ese acercamiento se habría hecho por WhatsApp.

Congreso de la República de Colombia
Congreso de la República de Colombia Bogotá, 18 de agosto del 2022 Foto Guillermo Torres Reina / Semana - Foto: GUILLERMO TORRES REINA

El joven no accedió y le contó su historia a un conocido. Esa persona le dio la mano y lo ayudó a encontrar trabajo en otra entidad del Estado.

De igual manera, el mismo congresista habría abordado a un joven en Barranquilla, menor de edad, a quien acosó sexualmente a cambio de dinero.

“Su asesor jurídico debe acostarse con él para mantener el cargo que tiene. Yo vi fotos y videos que no debí ver”, contó la fuente.

Abuso sexual hombres
Abuso sexual hombres - Foto: Getty Images

El mismo representante a la Cámara también habría abusado sexualmente de un estudiante que estaba pidiendo trabajo. “Le dijo que, si se acostaba con él, le daba trabajo. Accedió, pero no quiso contratarlo, le hizo trampa”, contó. En otra ocasión, en otra ciudad, habría forzado a un menor de edad y le habría dado un beso.

Un exrepresentante solía invitar a los jóvenes de provincia a que visitaran Bogotá y fueran al Congreso y en ocasiones los contactaba por Instagram. “Usa esa estrategia, les da una vuelta por el Capitolio, luego los invita a cenar en lujosos restaurantes del norte de Bogotá, y luego se los lleva para un hotel”, contó la fuente.

Así mismo, está el caso de un representante a la Cámara que acosa a sus víctimas y las invita a viajar con él a Cartagena.

“Es una red horrible ahí en el Congreso, todo el mundo lo sabe”, contó la fuente.

Explosivos testimonios de mujeres en SEMANA: denuncian por abuso sexual a un senador todopoderoso, tres excongresistas costeños, dos activos y uno preso, y dos representantes

Una verdadera tormenta se desató en el país luego de las denuncias del exsenador Gustavo Bolívar, quien, en entrevista con SEMANA, habló de la existencia de una presunta red de trata de mujeres y de esclavitud sexual en el Congreso. Desde entonces, esta redacción ha escuchado a decenas de víctimas que hoy están aterrorizadas. Los dramáticos testimonios son una prueba irrefutable de que, efectivamente, algunas mujeres son sometidas a abuso y acoso sexual en el Capitolio por senadores, representantes y otros funcionarios. Sin embargo, la justicia en Colombia ha sido para los victimarios y difícilmente para las víctimas.

Por esa razón, SEMANA publica los dolorosos relatos, absteniéndose de revelar los nombres de los congresistas y de las mujeres que valientemente se atrevieron a contar lo que han sufrido. De esta manera, se busca evitar la revictimización y una persecución jurídica en su contra. Las mujeres tienen miedo de afrontar represalias. Los abusadores, increíblemente, siguen al acecho y tienen el control. Pero, además, las víctimas quieren proteger a sus familias, a sus parejas, a sus hijos y, por supuesto, sus empleos. También le temen al escarnio público y a la discriminación. Incluso, una de ellas, al terminar su entrevista con SEMANA, con la voz entrecortada, simplemente dijo: “Ese señor me puede hacer mucho daño, va a saber que soy yo, mi familia no está de acuerdo con que denuncie, mejor me retracto y espero a estar lista”.

- Foto: guillermo torres-semana / getty images

Lo más indignante de esta historia de horror es que los nombres de los abusadores son vox populi en los pasillos del Congreso. Muchos de los relatos coinciden de manera escalofriante en el modus operandi y evidencian un claro patrón de comportamiento de algunos congresistas que la sociedad colombiana debería rechazar y la justicia tendría que investigar.

En las denuncias, las mujeres dejan en evidencia a un todopoderoso senador; tres excongresistas costeños, dos de ellos activos en la vida pública y otro preso; un representante a la Cámara de Cambio Radical y un exrepresentante a la Cámara de La U. Además, muchas hablan de un funcionario que lleva muchos años en el Congreso y es un depredador sexual. (*Nombres cambiados por petición de las denunciantes).

- Foto: getty images

Ximena*

Los congresistas costeños son muy pasados y vulgares. Con la mirada lo desvisten a uno, nos miran la cola, los senos (…), es horrible. Denunciar a un congresista es un suicidio laboral, la mayoría de los senadores eran morbosos. Empecé a trabajar con un senador, que ya no está, por contrato de prestación de servicios. Fue una persona muy amable al principio, era un señor mayor e incluso siempre hablaba de su familia. Al principio fue un contrato de dos meses, después uno más; cuando terminaba salía por otro mes y así duré casi un año. En ese tiempo nunca hizo nada, pero cuando me dieron uno por tres meses me empezó a invitar a salir, pero cosas muy normales como almuerzos en el centro o a tomar café. Como siempre fue tan señor, nunca le vi problema, no puedo decir que era un amigo, pero siempre fue muy amable y accedí. El problema empezó cuando estaba por acabarse ese contrato de tres meses. Faltando como 15 días me citó en el Centro Internacional y me dijo que la cosa estaba complicada para seguir. A mí se me derrumbó todo porque quedarme sin trabajo significaba dejar de ayudar a mi familia, pues les enviaba dinero. Yo ganaba como seis millones, vivía en arriendo en una habitación y me alcanzaba la plata.

Uno de sus escoltas se acercó y el senador me pidió que le diera mi celular porque teníamos que hablar un tema muy delicado. Pensé que me iba a pedir plata o algo así porque también dicen que en el Congreso hay quienes cobran por ayudar en contratos y por eso se lo di. Me soltó la bomba y me dijo: “Llegó el momento de que seas agradecida conmigo”. Sentí un frío grande; soy morena, pero creo que quedé blanca (risas) porque no sabía qué me estaba diciendo. Le pregunté cómo podría agradecerle y de una me dijo que siendo cariñosa con él, me dio un pico en la boca. Yo estaba en shock y le dije que me sentía incómoda y que me quería ir.

A los dos días me llamó a la oficina de él en el edificio nuevo del Congreso, estaba solo y me preguntó qué había pensado. Le dije que necesitaba trabajar y que me ayudara, él me dijo que claro, pero que yo tenía que ser agradecida “portándome bien con él”. Me dio un discurso como de diez minutos recordándome que si me quedaba sin trabajo debía regresar a mi pueblo; no sé cómo logró enredarme la cabeza, pero el cuento termina en que se pasó al frente de mí y se bajó el pantalón y me dijo que le hiciera sexo oral. Caí como una pendeja (…), le hice sexo oral por seguir con mi trabajo. En efecto, me renovaron por un mes y seguía lo mismo, prácticamente éramos “novios” y el asunto pasó a relaciones sexuales. Hoy pienso que fui una estúpida, pero nadie sabe las necesidades de la gente y lo hice por eso.

Pensé en denunciarlo; sin embargo, él era muy cuidadoso. Nada por chat, nada por teléfono y todo era personal. El escolta siempre se quedaba con mis cosas. Ser mujer es muy difícil, muchas dirán que soy una puta, pero nadie sabe lo que la necesidad genera. De eso aprendí y lo peor es que será un secreto por muchos años.

Marcela*

Soy funcionaria de planta, llevo más de 20 años en el Congreso. En todo ese tiempo he visto cómo los congresistas salen con niñas jóvenes que trabajan en el Congreso, las acosan, usan su influencia para tener lo que quieren y cómo ofrecen puestos a cambio de sexo. Esto lo sabe todo el mundo, pero nadie dice nada porque pelear contra un congresista es complicado. Tuve un jefe que salía con muchachitas, les prometía cosas, se acostaba con ellas y no les salía con nada. Es decir, además de acosarlas, las engañaba. En el Congreso hay gais, lesbianas, acoso sexual, droga y de todo. Dicen que es la casa de la democracia, pero podría ser la casa de los delitos, porque hasta roban y ustedes los periodistas han sacado varios escándalos.

María*

El acoso que sufrí fue de la fórmula a la Cámara de mi jefe, que es senador. Desde que llegué a trabajar me invitaba a salir, pero siempre le dije que no. Me invitaba a viajar, a comer, a eventos y muchas cosas. Varias veces me dijo que yo podía ser presentadora y que tenía los contactos para ponerme en eventos y tener grandes contratos. Fue muy incómodo porque si le decía a mi jefe, no me creería porque era su amigo, pero a pesar de que siempre le dije que no, me insistía demasiado. Me hablaba de ir a fincas, hoteles, viajes, conciertos y eso es acoso. Un hombre le puede decir lo que sea a uno, pero si uno dice no, pues deben respetar.

Mayerly*

Llevo años en el Congreso. Hay congresistas respetuosos, pero otros a los que no les importa nada. A veces uno pide ayuda para renovar el contrato y una vez uno de ellos me dijo que sí, pero que fuéramos a comer. Le dije que no podía y desde ahí empezó a escribirme todos los días para salir, es un señor de más de 60 años y entendí que si quería su ayuda tenía que salir con él. Nunca más le pedí el favor, pero me lo gané. Eso pasó hace un año y todavía me sigue invitando a salir.

Astrid*

El acoso sexual es cuento viejo en el Congreso, siempre ha existido y hay casos conocidos en los que congresistas buscan niñas jóvenes. En mi caso, soporté el acoso de mi jefe, era una cosa absurda porque incluso tuve que ir al psicólogo. El problema era tanto que ya tenía que irme a trabajar toda tapada para que no me mirara, porque una vez que tenía una camisa me dijo que si me gustaban los brasieres de encaje para regalarme uno. Eso me pareció tenaz y, por eso, yo andaba como una monja para evitar que me mirara. Jamás pasó nada, pero él sabía que yo era casada y él también lo era, pero sin importarle me invitaba a toda hora a salir. Nunca pudo afectarme porque soy funcionaria de planta y ahí se fregó, pero sí es cierto que muchos acosan laboral y sexualmente a las mujeres, y como en mi caso, hasta problemas psicológicos quedan.

Yuri*

Hace dos años era la editora política de un importante medio de comunicación, por lo que iba tres días a la semana al Congreso. Uno allá tiene contacto con todos y se habla bastante para conseguir noticias. Un congresista, que ya no está actualmente, empezó a escribirme mucho, me sentía acosada. Me veía en el Congreso y se me lanzaba de una. El saludo era de abrazo y me decía “mamasota”. El acoso empezó en forma cuando me invitó a salir. Él no era de Bogotá y me decía que fuéramos a cenar y después a su apartamento en el centro. Obvio a todo dije que no, él no se molestaba y seguía insistiendo.

Un día en los pasillos del Congreso y de frente me dijo que me quería martillar. Me pareció horrible eso y lo mandé para la mierda, le dije que me respetara y que se estaba equivocando.

Quedó pálido porque creo que nunca pensó que esa sería mi reacción, desde ahí no volvió a molestar, pero si le hace eso a una periodista, no me imagino lo que podría hacer con las funcionarias del Congreso.

Juliana*

Un funcionario del Congreso que fue mi jefe me acosaba. Empezó siendo atento, después me decía cosas como que estaba bonita o cosas por el estilo, que uno soporta porque a toda mujer le gusta que le digan que está bonita, pero cuando ya el tema se vuelve constante uno empieza a sentirse mal. Después, la situación pasó al contacto físico; por ejemplo, pasaba un papel para que firmara y me tocaba la mano o el brazo y me decía que no me pusiera nerviosa. Uno maneja esas situaciones, pero la incomodidad es muy grande, porque si uno le dice a alguien dirían que estaba loca o que estaba exagerando.

Con el paso del tiempo, el trabajo se incrementó, me ponía más cosas de las que debía hacer y nada le gustaba. Además, me decía que recordara que mi contrato estaba por acabar y que no estaba haciendo las cosas bien.

Sentirse mirada y observada todo el tiempo es lo más horrible que puede pasar, sobre todo cuando son tipos mayores, casados y con hijos.

Todo estalló el día en que después de una reunión, en la que le expuse unas cosas de trabajo, al pararme, me agarró la cola durísimo. Giré con un mal genio horrible y me mandó la mano a los senos. Como grité que me respetara y que no fuera abusivo, seguramente paró porque había gente cerca. Tuve ganas de pegarle una cachetada, pero me contuve. Después de eso, tuve un mes en que trabajaba más de 12 horas al día y nunca me renovaron el contrato. Nunca me dijo nada, pero creo que fue porque no me dejé tocar.

Claudia*

Fui víctima de acoso sexual por un representante a la Cámara; posteriormente, de parte de otro representante, pero también fui testigo de varios casos, ya es como un modus operandi de los congresistas. Inicié con un contrato de prestación de servicios con un monto muy bajo, creo que es de los contratos de perfil más bajo en el Congreso, ilusionada con que mis condiciones laborales avanzaran a medida que demostrara mis capacidades y habilidades, pero resultó que este congresista ya tenía su hecho pensado y posteriormente me ofreció mejorar mis condiciones laborales a cambio de que tuviera una relación con él.

Eso sucedió cerca de la estatua de Rafael Núñez. Ese día estaba muy cerca de una representante (hoy senadora de la coalición de Gobierno) y yo estaba hablando con él, porque ya veníamos hablando de un tema, y pues yo llevaba una blusa escotada y él no le vio reparo en meterme la mano.

Yo lo esquivé y pues me dio mucha vergüenza ese hecho. Miré hacia el lado y estaba la congresista mirando la escena, no recibí apoyo de ella, sino todo lo contrario, me miró más como si yo estuviese buscando el momento, que si hubiese sido lo contrario. Las mujeres coinciden en que a diario deben soportar miradas morbosas y comentarios grotescos de los congresistas, que las observan como si fueran mercancía.