Pedirle a la inteligencia artificial que redacte un correo, resuma un documento o ayude a resolver un problema puede ahorrar tiempo. Sin embargo, surge una pregunta: ¿qué ocurre cuando una persona empieza a delegar tantas tareas que deja de ejercitar habilidades que antes utilizaba por su cuenta?

Martha Castellanos, vicerrectora académica nacional de la Fundación Universitaria del Área Andina (Areandina), advierte sobre este comportamiento y lo que denomina “reemplazo cognitivo”, una expresión que utiliza para describir la tendencia a dejar en manos de estas herramientas actividades que requieren análisis, criterio y sensibilidad humana.
“Por supuesto, afecta al 100%”, respondió Castellanos al ser consultada sobre si confiar demasiado en la inteligencia artificial puede afectar el pensamiento crítico. La académica explicó que la preocupación aparece cuando las personas dejan de hacer por sí mismas tareas que requieren comprender información y tomar decisiones.
El riesgo de acostumbrarse a delegar el pensamiento
Para ilustrar su punto, Castellanos recordó que antes de la popularización de los teléfonos celulares muchas personas memorizaban los números de sus familiares y amigos. Ahora, buena parte de esa información queda guardada en los dispositivos y ya no necesita recordarse.
A su juicio, podría ocurrir algo parecido si se acostumbra a la inteligencia artificial a resolver actividades que requieren pensar, interpretar o responder con empatía.
“Yo ya no necesito tener el conocimiento de analizar un texto, yo ya no necesito tener la competencia de responderle empáticamente a un colega. Eso que lo haga la inteligencia artificial que ahorita tengo mucho trabajo”, afirmó la directiva.

La advertencia no se limita a los estudiantes que recurren a estas herramientas para elaborar trabajos sin consultar las fuentes originales. También incluye a quienes las utilizan para responder mensajes o enfrentar situaciones complejas en las que comprender las circunstancias de otra persona resulta fundamental.
Castellanos considera que, si esta práctica se vuelve habitual, las personas podrían perder autonomía al momento de evaluar problemas y decidir cómo actuar. Se trata de una preocupación planteada por la académica, no de una demostración de que utilizar inteligencia artificial necesariamente deteriore las capacidades cognitivas.
Hay decisiones que no deberían quedar en manos de la IA
La directiva también señaló que estas herramientas pueden servir para explorar alternativas, pero no deberían reemplazar el juicio humano, especialmente cuando están en juego la vida o los derechos de una persona.
“Yo le puedo pedir ideas de ayúdame a resolver esto, tú cómo lo ves, pero la decisión la debo tomar yo”, sostuvo Castellanos.

En su opinión, una herramienta puede ofrecer una respuesta sin comprender todos los detalles personales y sociales de un caso. Por eso, considera indispensable que las personas evalúen las sugerencias recibidas antes de actuar.
La recomendación no consiste en dejar de utilizar la inteligencia artificial, sino en evitar que la comodidad sustituya el análisis propio. Pedir ayuda para organizar ideas puede ser útil; entregar por completo la responsabilidad de comprender, evaluar y decidir es el hábito que la académica invita a cuestionar.
