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Avena: ¿quiénes no pueden consumirla?

Es un cereal rico en vitaminas y minerales que ayudan al buen funcionamiento de la salud del cuerpo.


La avena es el cereal más completo que se conoce porque es fuente de nutrientes y múltiples vitaminas que benefician el organismo. De acuerdo con el portal de salud Tua Saúde, la avena puede regular los niveles de azúcar de la sangre y fortalecer el sistema inmunológico, por ejemplo.

Entre las ventajas que se encuentran tras su ingesta, puede contribuir en la pérdida de peso, que al ser un alimento rico en fibra produce saciedad reduciendo el apetito. Además, al tener un efecto antioxidante puede ayudar en el flujo sanguíneo, contrarrestando problemas como la tensión alta.

En otra publicación escrita por Elisa Morales y publicado por Mejor con Salud, titulada Los beneficios de la avena y una receta para el desayuno, se asegura que la avena es uno de los cereales más integrales que hay, porque está compuesta de más de siete aminoácidos, como: la lisina, la leucina, la metionina, y la fenilalanina.

Este cereal no solo se compone de fibra, sino de vitaminas y minerales como el hierro, el magnesio y el zinc, por lo que tiene más efectos positivos sobre la salud del cuerpo.

¿Quiénes no pueden consumir avena?

Es bien sabido que la avena es un alimento libre de gluten; sin embargo, a ciencia cierta no está clara esta información, pero algunos de sus componentes pueden tener los mismos efectos que esta proteína.

Por ende, quienes la deben evitar son aquellos que no son tolerantes al gluten -una proteína del centeno, el trigo y la cebada-. Tal y como lo señala la Clínica Mayo, los pacientes con diabetes tipo I o colon irritable no deben consumirla.

Además, antes de la ingesta de cualquier alimento se recomienda leer la etiqueta del mismo para observar si alguno de sus compuestos es el gluten. Algunos productos vienen marcados con la frase free gluten, siempre y cuando se hayan sometido a un proceso de eliminación del mismo, precisa la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA).

Entre tanto, se recomienda siempre consultar con un nutricionista sobre si se debe o no consumir avena de acuerdo a la enfermedad preexistente que se tenga.

El gluten es una proteína aglutinada, cuya función es ayudar a que las masas esponjen y evitar que el pan se desarme
El gluten es una proteína aglutinada, cuya función es ayudar a que las masas esponjen y evitar que el pan se desarme - Foto: Getty Images

¿Qué es la enfermedad celíaca?

En su portal, MedlinePlus, la Biblioteca de Medicina de los Estados Unidos, asegura que la enfermedad celíaca es aquella en la que cierto grupo de personas no puede consumir gluten, ya que afecta su intestino delgado.

Es importante saber que esta afección se debe a un problema del sistema inmune, el mismo que protege el organismo de infecciones o agentes extraños que los pueden dañar.

Continuando, los síntomas más comunes de la enfermedad celíaca son: la diarrea y el dolor intenso abdominal. Sin embargo, no se pueden generalizar estos signos porque varían según el organismo, siendo los cambios de humor y la irritabilidad otras características de esta afección.

La entidad asegura que esta enfermedad tiene un factor genético y su tratamiento consiste en una dieta integral que no tenga gluten, misma que es recomendada para los pacientes con diabetes tipo 1.

Por último, es relevante para cualquier condición de salud mantener un plan alimenticio rico en frutas y verduras, guiado por un nutricionista.

“Una dieta saludable ayuda a protegernos de la malnutrición en todas sus formas, así como de las enfermedades no transmisibles, entre ellas la diabetes, las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares y el cáncer”, asegura en su página web la Organización Mundial para la Salud (OMS).

Tanto la diabetes de tipo 1 como de tipo 2, pueden causar problemas graves en la salud.
Tanto la diabetes de tipo 1 como de tipo 2, pueden causar problemas graves en la salud. - Foto: Getty Images

Cabe recordar que la diabetes es una enfermedad que consiste en la no producción de insulina del páncreas y la resistencia de las células del cuerpo a ella, que se clasifica en dos: el tipo 1 y el tipo 2, siendo los niños y los adultos mayores los más propensos a padecerla, respectivamente.