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Un estudio publicado en la revista Nature confirmó el fenómeno: sí hubo envejecimiento acelerado y la responsable de ello fue la pandemia. - Foto: istock

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Comprobado: la pandemia envejeció a la población

Dos años después de la emergencia sanitaria por el coronavirus, se empiezan a ver los efectos en mente y cuerpo. Un estudio confirmó que la experiencia sí añadió años de más a todo el mundo.

En 2019, Cristina, una empresaria de 50 años, se sentía con mucha energía para trabajar y llevar una vida social. Llegó la pandemia y toda esa disposición se derrumbó por culpa de los encierros que impidieron a la gente salir a la calle. Hoy, ella se siente mucho más cansada para llevar el tren de vida de antes. Y cuando se mira al espejo, ve que los dos años que han pasado entre 2020 y 2022 le sacaron más arrugas que las debidas.

Muchos se sienten igual a ella, pero hasta ahora sus testimonios eran considerados simples anécdotas. Sin embargo, esta semana, un estudio publicado en la revista Nature confirmó el fenómeno: sí hubo envejecimiento acelerado y la responsable de ello fue la pandemia. Específicamente, el trabajo señala que el aislamiento preventivo envejeció a las personas antes de tiempo.

Según Emily Sohn, autora del trabajo, “en la medida en que la pandemia continúe, vamos a sentir que envejecemos más rápido que antes”, escribe la experta. Eso para ella no es tan raro como parece. El envejecimiento acelerado se da por varios factores: “Exposición a enfermedades infecciosas, el estrés crónico y la soledad afectan el proceso de envejecimiento, y como resultado de eso empeora las condiciones de salud, lo que acaba por acortar la vida”, añade.

La investigación se realizó mediante un sondeo en el cual un tercio de las personas interrogadas manifestaron tener un declive en su salud mental y física. Las más afectadas fueron las mujeres, que además ganaron peso en la pandemia.

Este resultado fue apoyado por otros expertos que no estuvieron involucrados en el trabajo. “La gente no solo se siente envejeciendo más rápido, sino que está más vieja. Es un hecho científicamente comprobado”, señala Sunitha Posina, médica internista en Stony Brook, Nueva York. “No hay duda de que la pandemia ha añadido años a mi piel y a mi cabello”, afirma la dermatóloga Mona Gohara, profesora en la Facultad de Medicina de Yale.

Young woman with photo of aged eye over her own
El estrés interrumpe el ciclo del sueño y si la gente duerme menos hay menor posibilidad de que el organismo se repare a sí mismo. - Foto: Getty Images

Aunque el gran culpable es la pandemia, todos señalan al estrés como causa final de este proceso de deterioro, pues dicho estado aumenta la producción de la hormona cortisol, que está involucrada en una serie de procesos. “El cortisol promueve la inflamación y eso no solo crea problemas en la piel, sino que acelera el envejecimiento en general”, dice Gohara.

Además de eso, el estrés interrumpe el ciclo del sueño y si la gente duerme menos hay menor posibilidad de que el organismo se repare a sí mismo. “Al haber menos melatonina, una sustancia que tiene propiedades antioxidantes, la piel envejece y el colágeno no se renueva. El resultado son más líneas de expresión y arrugas, ojos cansados y pérdida de volumen de la piel”.

La doctora Posina dice que cuando el cortisol se acumula por días, semanas o meses impacta casi todos los aspectos de la vida, incluso las decisiones sobre la alimentación.

Las personas también se quejan de que los huesos ‘chirrean’, lo que igualmente es parte de los efectos de dos años de pandemia. Según Posina, si siente que se envejecieron sus rodillas, probablemente fue así porque la gente redujo la cantidad de movimiento en los dos últimos años. También señala como problemático haber pasado dos años frente a las pantallas en el teletrabajo porque la luz ultravioleta que ellas emiten causa inflamación y acelera la destrucción del colágeno y la elastina.

Por fortuna hay soluciones para parar ese deterioro. Entre las medidas reparadoras está comer más vegetales para reducir la inflamación, volver a hacer ejercicio, dormir bien e incluso regresar al trabajo para reconectarse con la gente. Posina lo resume en volver a actividades que balancean los niveles de estrés: enfocarse en comer mejor, meditar, hacer yoga y caminatas.