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Diabetes en perros y gatos: ¿cómo controlarla?

Esta enfermedad se puede presentar cuando los animales superan los siete años edad y enfrentan factores de riesgo como la obesidad o la falta de ejercicio.


La diabetes mellitus es una enfermedad del sistema endocrino que va en aumento en perros y gatos por diversos factores de riesgo, como la obesidad o la falta de actividad física.

Igual que sucede con los humanos, las mascotas también pueden padecer este trastorno relacionado con la hormona de la insulina. Esta enfermedad puede ser de tipo 1, que se presenta cuando falta la insulina. Esta es la más frecuente en los perros debido a que el páncreas, encargado de la producción de la misma, no funciona como debería hacerlo.

En la diabetes tipo 2, hay insulina, pero su funcionamiento es insuficiente, un tema que está relacionado directamente con la obesidad, según indica el portal Vital Care, de México.

Tanto los canes como los felinos son susceptibles de padecer estos trastornos, aunque existen diferencias relacionadas con la presentación clínica, el diagnóstico o el tratamiento de la enfermedad.

Según Vital Care, “se calcula que uno de cada 500 perros y uno de cada 200 gatos son diabéticos. Asimismo, se estima que la diabetes canina aparece entre los siete y nueve años, siendo las hembras sin esterilizar las más proclives a sufrirla”.

Algunas de las razas caninas que son más propensas a desarrollar esta enfermedad son samoyedo, schnauzer miniatura, pug o carlino, beagle, teckel o dachshunds y golden retriever.

Para el caso de los gatos, la diabetes suele aparecer entre los siete y ocho años y, de acuerdo con los expertos, hay una mayor incidencia entre los machos castrados de todas las razas.

Perro Shiba Inu subastado en China
Los perros son más proclives a sufrir de diabetes que los gatos. - Foto: Alyn Stafford/Getty Images

Síntomas

Algunos signos de que estos animales pueden estar padeciendo la enfermedad se reflejan en un exagerado incremento en el consumo de agua, orina más abundante de lo habitual, cansancio, pérdida de peso y apetito desmesurado.

Con el paso del tiempo y si la enfermedad no se controla de manera adecuada, algunos perros y gatos pueden desarrollar cataratas oculares, aunque en el caso de los felinos este riesgo es menor.

Otro de los síntomas es el aumento del apetito, el cual se produce porque la glucosa de la sangre no puede entrar en los espacios intercelulares, lo que lleva a que el organismo no cubra las necesidades de azúcar.

“Esto se traduce en un aumento del apetito y en algunas ocasiones, conlleva una pérdida de peso por aumento del catabolismo (degradación de los nutrientes endógenos) en un intento de conseguir los recursos energéticos a partir del propio organismo”, precisa el portal Affinity-petcare.

Tratamiento

Una vez estas mascotas son diagnosticas con esta enfermedad, es importante iniciar le tratamiento que les permita estabilizarse y llevar una vida normal.

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Cuando un gato tiene diabetes puede manifestarla por cansancio y fatiga, al igual que exceso en el consumo de agua. - Foto: AP

En caso de que no puedan sintetizar la insulina, es necesario aplicarla tal y como sucede con los humanos. Sin embargo, no es suficiente solo con los medicamentos, sino que también es necesario acompañarlos de una alimentación saludable que incluya alimentos ricos en fibra, pues esto ayuda a retrasar la absorción de glucosa en el intestino y que las mascotas realicen actividad física.

Recomendaciones

Según los expertos, quienes conviven con un perro o gato diagnosticado de diabetes, deben tener mucho cuidado con el manejo de la hipoglucemia o la baja de azúcar en la sangre, pues se puede generar por una sobredosis de insulina.

La hipoglucemia puede ser leve, moderada o grave. Cuando es leve el animal mostrará hambre excesiva, escalofríos y debilidad y fatiga; en la moderada puede haber desorientación, trastornos de la visión, aturdimiento, falta de coordinación en sus movimientos, inquietud y ladridos inusuales y si alcanza un nivel de gravedad las mascotas pueden presentar convulsiones, inconsciencia y caídas. Por esta razón, es fundamental atender al perro o gato en la primera fase para evitar que el trastorno progrese.