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| 2/18/2018 3:00:00 PM

"Tenemos que ser inteligentes para sobrevivir como especie"

Con motivo del lanzamiento del documental sobre su vida, el científico Rodolfo Llinás visitó Bogotá y habló con SEMANA sobre la relación entre neurociencia y filosofía, la inteligencia artificial y los retos que tiene la humanidad.

Entrevista a Rodolfo Llinás: la neurociencia revolucionó la filosofía "Tenemos que ser inteligentes para sobrevivir como especie"

A sus 83 años Rodolfo Llinás se ha convertido en uno de los científicos colombianos más importantes del mundo. Su interesante vida ha servido de base para una biografía escrita por el periodista colombiano Pablo Fabián Correa y en los últimos días Señal Colombia, en asocio con Colciencias, y con la realización de Cábala Producciones, lanzó el documental Llinás, el cerebro y el universo que se trasmitirá los domingos 18 y 25 de febrero, a las nueve de la noche. En una hora los televidentes podrán descubrir las facetas de hermano, esposo y padre, así como lo que él piensa sobre el universo, el amor y la humanidad. Aprovechando su visita a Bogota SEMANA habló con él sobre su trabajo, sus posiciones filosóficas y sobre los retos que tiene la humanidad.


SEMANA: ¿Por qué decidió dedicarse a estudiar el proceso de consignación y de formación de la conciencia, temas que tradicionalmente eran del ámbito de la filosofía?
Rodolfo Llinás: Porque definitivamente lo que sucede en la mente es algo increíble. Es apasionante tratar de saber cómo uno siente, forma un punto de vista, o tiene memoria. Cuando yo me preguntaba ese tipo de cosas me respondían “eso es un misterio”, “eso significa tener espíritu”, pero volvía a analizar el tema y esas explicaciones no las entendía. Desde pequeño traté de entender cómo es esta vaina de que fuéramos una especie diferente. Siempre me llamó la atención por qué somos distintos si nos parecemos mucho a los demás animales. Cuando hablaba con mi abuelo le preguntaba en qué radicaba la diferencia con un pájaro si este tiene un pico, dos ojos, dos alas, en vez de brazos, y dos patas con las que camina. Así nació mi pasión por el tema.

SEMANA: La biología siempre trató de entender el cerebro, y la filosofía se dedicó a explicar cómo el ser humano formaba su conciencia o su yo. Si ambas ramas del conocimiento tenían el mismo objeto de estudio ¿Por qué cada una andaba por su lado?
R.L.: El problema es histórico. Los fisiólogos siempre han hablado de órganos y funciones entendibles, podían dar cuenta del funcionamiento del corazón pero de procesos complejos como la formación de conocimiento y dejaron estas cuestiones en manos de la filosofía. A su vez los filósofos comenzaron a entender a la mente como una entidad no biológica. Ahí comenzó la separación. Pero la situación lentamente cambió a medida que los biólogos comenzaron a entender mejor la mente como una entidad biológica, ahora ambas ramas del conocimiento se han empezado a acercar por lo que la biología le puede dar a filosofía.

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SEMANA: Según lo que usted explica, el problema de la conciencia y el conocimiento no es filosófico…
R.L.: Exacto, el problema de la mente no es filosófico, es fisiológico. En el fondo la mente tiene que ver con procesos palpables, con canales de calcio, con células, con membranas.

SEMANA: ¿En el tema del conocimiento, la filosofía no es importante?
R.L.: Para la biología, el punto filosófico es importante porque lleva milenios pensando cuáles son los grandes problemas de la humanidad entre esos el conocimiento. Lo que ahora ocurre entre la neurociencia y la filosofía es un inevitable y bonito matrimonio. Fíjese yo me casé con una filósofa de la mente.

SEMANA: ¿Qué ha resultado de ese matrimonio?
R.L.: Creo que cada vez más los filósofos han entendido que respecto al conocimiento no se pueden hacer teorías especulativas sin tener en cuenta las bases biológicas. Hoy ellos conocen muy bien el problema de los 40 Hz, de los canales de calcio o de sodio y de la interacción de las neuronas. En cuanto al conocimiento los filósofos pueden seguir argumentado fenómenos de contenido pero no de mecanismo.

SEMANA: ¿La neurociencia revolucionó la filosofía?
R.L.: Sí, no tenga le menor duda de eso.

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SEMANA: ¿Cuáles son sus aportes a la neurociencia?
R.L.: Nosotros no solo replanteamos la forma de estudiar la neurociencia sino la naturaleza de la neurociencia.

SEMANA: ¿Cómo así?
R.L.: La neurociencia nació mal. Surgió de las ideas reflexológicas, por decir un ejemplo, la luz entra la ojo, del ojo al cerebro, del cerebro al tálamo y del tálamo a la corteza y allí uno ve. El sistema nervioso era simplemente un sistema para recoger información que el cerebro procesa de una manera milagrosa. Nosotros descubrimos que las neuronas no son células que esperan la información sino que tienen actividad intrínseca. Dimos el salto de una posición reflexológica a una de propiedades intrínsecas del sistema nervioso.

SEMANA: ¿Qué significó ese salto?
R.L.: Comenzamos a comprender cuestiones como por qué cuando soñamos logramos ver sin utilizar los ojos.

SEMANA: ¿Es posible replicar una conciencia artificial?
R.L.: Imposible, porque tiene que ser comible. Puede parecer chistoso pero para que un individuo tenga conciencia importa de lo que está hecho. La conciencia es un estado funcional como el corazón pero más complejo molecularmente. Requiere canales de calcio y de sodio, necesita membranas y mitocondrias. No es un simple sistema que recoge información. En mi laboratorio tengo computadores y robots con tecnología digital y análoga que simulan el cerebro y son capaces de moverse pero no tienen conciencia. Es tan complicado el problema de la simulación que recrear las propiedades de un lente en un computador es dificilísimo.

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SEMANA: ¿Cuál es el gran reto que tiene la humanidad?
R.L.: Por primera vez tenemos que ser inteligentes para sobrevivir como especie. Durante toda la historia de la humanidad nos hemos matado los unos a otros sin que pongamos en peligro nuestra existencia. Pero ahora sí estamos frente a un gran problema ¿Cuántas armas termonucleares se necesitan para acabar con la humanidad? Creo que en este momento podemos responder esa pregunta y que se haga realidad. Que no se cumpla ese destino depende si actuamos inteligentemente.

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