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Mauricio vivió con el sistema ECMO durante siete meses, un aparato que oxigena la sangre. Su esposa y sus hijos, que también tuvieron covid, lo han apoyado durante todo este drama.
Mauricio vivió con el sistema ECMO durante siete meses, un aparato que oxigena la sangre. Su esposa y sus hijos, que también tuvieron covid, lo han apoyado durante todo este drama. - Foto: archivo personal

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La conmovedora historia de Mauricio Rodríguez, un joven que recibió trasplante de pulmón tras superar el covid

La conmovedora historia de cómo un joven abogado bumangués se convirtió en uno de los primeros en recibir un trasplante de pulmón poscovid en el país.

Mauricio Rodríguez, su esposa y sus dos hijos se contagiaron de covid en junio del año pasado durante un viaje a la costa atlántica. No estaban vacunados porque en ese momento no les había llegado su turno. De todos, el más afectado fue él, un abogado de 28 años oriundo de Bucaramanga que terminó a los pocos días del diagnóstico en una unidad de cuidado intensivo (uci) con enfermedad severa por covid.

Los pulmones de Mauricio estaban tan comprometidos que no respondieron a ningún tratamiento. Ante eso, sus médicos lo conectaron a un sistema de oxigenación por membrana extracorpórea o Ecmo.

Se trata de una solución temporal que consiste en que una máquina realice la función de oxigenación de la sangre. Así, los médicos les dan tiempo a los pulmones de descansar y recuperarse. Mes y medio después, Mauricio despertó de la sedación: estaba vivo, ya no tenía covid y sus órganos vitales se habían salvado. Pero la enfermedad le había dejado el pulmón casi inservible, con una fibrosis pulmonar que le impedía cumplir sus funciones a cabalidad. Los médicos decidieron mantenerlo conectado al Ecmo y vigilarlo en el hospital para ver si había mejoría.

Seis meses después, le anunciaron que los pulmones no respondían y, como no podía vivir conectado a esta máquina toda la vida, su única opción era un trasplante. La cirugía se hizo el 6 de febrero de este año, pero por prudencia de los médicos solo se conoció a comienzos de esta semana, cuando Mauricio ya estaba caminando sin necesidad de la máquina. Fue una gran noticia porque era el segundo trasplante de pulmones en un paciente poscovid y el primero que se hacía en Bogotá, en la Fundación Cardioinfantil con la colaboración de la Fundación Neumológica.

“La pandemia ha sido tan intensa que en el mundo más o menos el 7 por ciento de todos los trasplantes de pulmón que se están haciendo hoy son para pacientes con secuelas de covid”, dijo Fabio Varón, jefe de cuidados intensivos de la Cardioinfantil. Aunque el grupo ya ha hecho 49 trasplantes de pulmón, la cirugía implica ciertos riesgos adicionales en un paciente poscovid.

Mauricio Rodríguez celebra la nueva oportunidad que le está dando la vida. - Foto: archivo personal

En primer lugar, Mauricio llevaba ya casi siete meses conectado a la máquina Ecmo y, además, la fibrosis era muy extensa, y en esas condiciones el órgano es muy difícil de extraer porque se torna rígido como una piedra. “La fibrosis es una cicatriz que impide el funcionamiento adecuado del órgano”, explica Varón. Esa cicatriz irreversible puede ser pequeña o extensa, como en el caso de Mauricio. Por eso, no todos los pacientes con fibrosis pulmonar tienen necesidad de un trasplante, sino solo aquellos cuyo daño es muy grande. “Es posible que en el país tengamos que incorporar en las listas de espera a muchos pacientes de los que han tenido estas secuelas por covid”, señala el experto.

La razón es que del gran número de pacientes que han estado en uci muchos han sobrevivido, pero con secuelas importantes. Algunos están en evaluación de trasplante, otros en proceso de rehabilitación. “No sabemos aún cuáles lograrán salir adelante y cuáles van a trasplante pulmonar”, dice. Por la complejidad del caso, la cirugía duró desde la seis de la mañana hasta las tres de la tarde y en ella intervino un grupo quirúrgico encabezado por el doctor Luis Jaime Téllez.

Al principio, Mauricio tenía miedo. Había llegado a Bogotá a comienzos de año y tras muchos exámenes había sido considerado candidato para trasplante. Enseguida ingresó a la lista de espera de órganos de manera prioritaria por haber ya estado seis meses conectado a la Ecmo.

“Es decir, que los primeros pulmones que se ajustaran a la caja torácica eran para mí”, dice Mauricio. Por esos días sintió mucha ansiedad. “Pensé que me iba a tocar una temporada larga y ya estaba cansado de vivir en el hospital, y más aún conectado a una máquina que podía fallar en cualquier momento. Numerosos pacientes de los cubículos de al lado fallecieron de paro cardiaco por estar mucho en la máquina Ecmo”, agrega.

Pero esa espera, que puede tomar meses o años, para él fue solo de tres semanas. “El 5 de febrero me informaron que había un posible rescate de pulmón por un donante que había quedado en situación de muerte cerebral”, dice. Aunque el donante no tenía compatibilidad de tipo de sangre, los médicos decidieron proceder con la cirugía. Ese obstáculo luego lo superaron con medicamentos inmunosupresores y con un procedimiento que se conoce como plasmaféresis, que consiste en retirar el plasma de la sangre del paciente y cambiarlo por otro para mitigar el efecto de la incompatibilidad.

Durante los siete meses que estuvo conectado a esta máquina, Mauricio tuvo una vida muy limitada. El aparato es muy grande y cada vez que necesitaba hacer sus ejercicios de rehabilitación o caminar debía tener a su lado a un grupo de paramédicos que le ayudaran a moverlo de un lado a otro. “Mi vida pendía de un hilo porque la máquina depende de mucho cuidado médico y puede fallar. Además de limitado, me sentía al límite. Las personas que estamos conectadas a estas máquinas sufrimos de episodios de ansiedad o de delirio. Yo presenté dos: me sentía encerrado, como si me apretaran, pero no podía moverme, era como sufrir de claustrofobia. Me faltaba el aire. Y era una situación muy difícil de controlar porque era todo muy mental”.

Mauricio Rodríguez y el médico Fabio Varón, jefe de cuidados intensivos de la Cardioinfantil, donde se hizo el trasplante.
Mauricio Rodríguez y el médico Fabio Varón, jefe de cuidados intensivos de la Cardioinfantil, donde se hizo el trasplante. - Foto: Esteban Vega La-Rotta

Cuando despertó de la cirugía de trasplante ya no estaba conectado a esa máquina y en ese momento la sensación de libertad lo embargó. Lo desentubaron a los cinco días y hoy, después de casi 15 días de ese procedimiento, solo tiene una cánula normal de oxígeno. “A la semana ya pude volver a caminar sin agitarme, pude ducharme. Me levanto solo y camino y me devuelvo sin limitación alguna”, dice.

Si sigue así, en dos semanas y media será dado de alta y solo tendrá que seguir haciendo la rehabilitación, algo que puede realizar desde su casa. Tendrá que tomar medicamentos inmunosupresores de por vida para bajar la reacción del sistema inmunológico y prevenir que rechace el órgano extraño. “Tengo defensas bajitas y me debo cuidar el doble”.

Por su condición aún no está vacunado. Los médicos están analizando cuándo y con qué vacuna, pero creen que en unos meses podrá hacerlo. Independientemente de la pandemia, debe tener muchos cuidados, como no asistir a eventos masivos. “Aun si pasa la pandemia seguiré en cuidado constante. Y mis familiares también”.Piensa mucho en el donante, esa persona que al fallecer le brindó la oportunidad de vivir. Aunque no sabe su nombre, pues por ley la identidad de los implicados en un trasplante es un secreto, le escribirá una carta a su familia.

“Tengo mucho agradecimiento porque aún existe el tabú de que los órganos no se pueden extraer y ellos lo permitieron; con Dios, porque el órgano apareció muy rápido, y con todos los médicos, porque una vez se extrae el pulmón es viable para trasplante solo por seis a ocho horas. Entonces todo el equipo tuvo que obrar rápido y estar listo para el procedimiento en poco tiempo”, dice. Según Juan Gabriel Cendales, director de la Fundación Cardioinfantil, “los trasplantes requieren de un equipo multidisciplinario no solo compuesto de cirujanos y anestesiólogos, sino de enfermeras especializadas e instrumentadoras, entre otros”.

“Son sentimientos encontrados”, dice Mauricio. Porque sabe que la familia que donó el órgano esa noche del 5 de febrero lloró por la muerte de un ser querido, mientras que en la suya todos lloraron de felicidad porque él había recibido una segunda oportunidad de vivir.