Según algunos cálculos, están presentes en 100 ciudades del mundo incluidas Bogotá,París, Copenhague y Washington. En todas, tomaron a las autoridades por sorpresa y hoy buscan regularlas. | Foto: foto: getty images / foto: león darío peláez - semana / foto: afp

TENDENCIA

El boom de las patinetas eléctricas: ¿una tendencia peligrosa?

Son divertidas, fáciles de usar y se han convertido en una solución de movilidad. Pero en la medida en que crece su número de adeptos, muchos cuestionan sus beneficios, sobre todo por los accidentes.

20 de julio de 2019

Ya es común ver ejecutivos, estudiantes y trabajadores mientras recorren en patineta las calles y ciclorrutas de Bogotá. También resulta habitual verlas tiradas en los andenes a la espera de un usuario. Esas imágenes no solo suceden en Colombia, a donde llegaron hace casi un año, sino en Washington, San Francisco, París, Copenhague y otras 100 metrópolis en el mundo que las han adoptado para movilizarse de manera más rápida.

A Colombia primero llegó Grin, una iniciativa mexicana que creó su propio modelo basado en una idea de Santa Mónica, California, como una alternativa de movilidad para Latinoamérica. Pero pronto le llegó competencia. Hoy, por lo menos otras cuatro empresas ofrecen un servicio similar: Lime, Cosmic, Movo y Muvo, la única colombiana. Solo en Bogotá Grin cuenta con 2.000 patinetas eléctricas, pero entre todas las empresas podría haber entre 4 y 5.000 en las calles de la capital.

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Tienen dos ruedas, un manubrio en el que están el acelerador y el freno, y un motor de 300 vatios de potencia que permite andar a 25 kilómetros por hora, más de lo que podría avanzar un carro en un trancón. La carga dura 40 kilómetros y cuando se termina las empresas dueñas de estas las recogen para recargarlas. Tienen luces al frente y una de neón para visibilidad nocturna.

La gente las deja en la calle, una comodidad para el usuario, pero también fuente de quejas por invasión del espacio público.

Su éxito radica en su facilidad de uso. Solo hay que bajar una aplicación y asociarla a una tarjeta de crédito. La app cuenta con un mapa en el cual aparecen las patinetas más cercanas. Estas no se pueden mover por toda la ciudad sino por ciertos sectores o polígonos de rutas. Grin empezó con uno que iba de la calle 67 a la 157 entre Séptima y Autopista Norte, pero lo han ido ampliado. Muvo opera en Usaquén y Chapinero. Activar una cuesta 1.500 y el precio de cada minuto está entre 250 y 300 pesos.

Al finalizar la ruta no hay que buscar parqueo. La gente las deja en la calle, una comodidad para el usuario, pero también fuente de quejas por invasión del espacio público. Además de que economizan tiempo son amigables con el medioambiente porque no usan combustibles fósiles. Villate dice que en sus operaciones en América Latina han logrado ahorrar 3.000 toneladas de C02, gracias a su uso.

En un día, una sola empresa puede registrar 9.000 tramos realizados con estas patinetas eléctricas. Se han convertido en una solución de transporte en trayectos cortos. 

Este diseño las hace muy atractivas para ir a sectores que los usuarios denominan ‘triángulo de las Bermudas’, “sitios a los que no se puede ir en carro porque si uno entra no sale”, dice uno de ellos. Eso sí, no sirven para largos trayectos. Según María Villate, gerente de asuntos corporativos y públicos de Grin, los estudios muestran que la gente saca el carro para distancias muy cortas y con la patineta buscan desincentivar esa costumbre. Por eso las llaman alternativas de conexión de última milla.

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“Es para el pedacito que me hace falta para llegar a un lugar. Desde Cedritos al aeropuerto no sería cómodo y saldría costoso. Esto es para trayectos cortos”, dice Daniel Otero, de Muvo.

Estos vehículos hacen parte de la llamada micromovilidad, que está cambiando la manera como la gente se moviliza en el mundo, así como el aspecto de las calles. “Esta industria de la micromovilidad incluye también a las bicicletas eléctricas y estamos convencidos de que va a evolucionar para quedarse”, dice Enrique Cuéllar, gerente de Lime en Colombia.

 Los primeros informes señalan que la accidentalidad es muy similar a la de las bicicletas: dos heridos diarios.

Solo Grin hace 9.000 viajes diarios y Muvo, que tiene 70.000 usuarios entre patinetas y bicicletas eléctricas, realiza 750 viajes diarios de 13 minutos y 2 kilómetros en promedio. Según la firma Boston Consulting Group el mercado global para estas patinetas compartidas será entre 40.000 millones y 50.000 millones de dólares para 2025.

¿Por qué las patinetas electricas pueden ser peligrosas?

La youtuber Emily Hartridge murió atropellada por un camión mientras andaba en su patineta. La pianista Isabelle Vanbrabant fue atropellada por una patineta y no podrá volver a tocar piano.

Pero la seguridad está proyectando una sombra en este pujante negocio. En la medida en que más usuarios las usan, la accidentalidad ha aumentado. En el caso más reciente y sonado, Emily Hartridge, youtuber y presentadora de televisión de 35 años, murió arrollada por un camión cuando manejaba una patineta en el suroeste de Londres. Esa noticia desató una ola de protestas y se conocieron más casos de heridos.

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En París, por ejemplo, el caso de la pianista de la ópera Isabelle Vanbrabant le dio la vuelta al mundo porque según sus médicos no podrá volver a tocar. A ella la embistió una de las 20.000 patinetas de esa ciudad, lo que demuestra la necesidad de regular esa actividad. Un reporte de Consumer Reports, en Estados Unidos, señala que desde que están de moda, 8 personas han muerto y 1.500 han resultado heridas en ese país.

En Copenhague, donde llevan apenas seis meses, el Gobierno las estudia con lupa. Los primeros informes señalan que la accidentalidad es muy similar a la de las bicicletas: dos heridos diarios. Pero en Bogotá, esa cifra no se conoce puesto que los informes de accidentalidad de la Secretaría de Movilidad aún no incluyen a las patinetas.

Un médico de la Clínica del Country dice que se presentan a diario casos, algunos de cierta gravedad como el de Sara López, quien ya había decidido que ese vehículo sería su forma de transporte para reuniones y diligencias en Bogotá. Pero hace dos meses, cuando iba por la carrera 15 con calle 85, perdió el control de su patineta al pisar una alcantarilla en mal estado.

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“Salí corriendo y la fuerza de la velocidad a la que iba (24 kilómetros por hora) hizo que me cayera contra el andén. Esa noche al orinar salieron coágulos de sangre. Luego de los exámenes me dijeron que tenía una lesión en el hígado grado dos. Por fortuna no estaba perforado”.

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Los emprendedores dicen que estas críticas son propias de negocios disruptivos como el de las patinetas. “Hace un año y cuatro meses no existían patinetas en el mundo”, dice Cuéllar, y agrega que una vez más aquí se ve que la tecnología va más rápido que la ley. Todos los empresarios consideran que se deben regular y que aprender del negocio incluye rediseñar la patineta para hacerla más segura y mejor adaptada al terreno. Todos estos emprendimientos hacen campañas de educación en las que regalan cascos cuyo uso no es obligatorio, aunque sí aconsejable.

Hay que ampliar y mejorar la infraestructura de las ciclorrutas, educar a los usuarios y tener unas reglas claras del negocio, pero parece un hecho que las patinetas eléctricas no desaparecerán.

La Secretaría de Movilidad también promueve que los usuarios transiten por las ciclorrutas. Pero, aunque la ciudad cuenta con más de 500 kilómetros de estas vías aún no todas están conectadas y muchos tramos requieren andar por la calle junto con el tráfico, lo que disminuye la seguridad. “No queremos que vayan por andenes ni en contravía, pero es un tema de cultura ciudadana que compete a todos, no solo a los patinadores”, dice Cuéllar.

La secretaría ya ha tomado medidas como limitar su velocidad a 20 kilómetros por hora y están diseñando unos cajones para que los usuarios las estacionen. Mientras tanto lo harán en las calles y no en los andenes para no invadir el espacio público. Pero parece un hecho que las patinetas eléctricas no desaparecerán.

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“La accidentalidad no debe ser motivo para que se dañe una iniciativa de estas”, dice Otero. Según él y los otros emprendedores hay que ampliar y mejorar la infraestructura de las ciclorrutas, educar a los usuarios y no usuarios de este sistema y tener unas reglas claras del negocio. Porque la gente sí necesita este tipo de soluciones ante los problemas de tráfico en ciudades cada vez más densas.

“Tenemos cifras récord todos los días. En la última semana registramos 9.000 viajes diarios y eso evidencia que somos una solución para la ciudad y que los usuarios confían en nosotros”, concluye Villate.