| Foto: Pavla Fenwick

MEDIOAMBIENTE

¿Por qué el árbol 'más solitario' de la tierra dice mucho sobre la época en que vivimos?

Este gigantesco ejemplar situado en la isla Campbell en el Océano Antártico no tiene a ningún otro árbol en 200 kilómetros a la redonda. Las huellas de radioactividad en su madera indicarían el comienzo del impacto acelerado del humano sobre el planeta.

Alianza BBC
22 de febrero de 2018

Hace mucho tiempo que se le llama "el árbol más solitario del planeta".

Es un ejemplar de Picea sitchensis, de la familia pícea de Sitka, y más allá de ser un árbol gigantesco sin ningún amigo a su alrededor, dice mucho sobre la época en la que vivimos.

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Situado en la isla Campbell en el Océano Antártico, en su madera hay una clara huella de radioactividad de las pruebas de bombas atómicas de las décadas de 1950 y 1960.

Para los científicos, esto podría ser la marca que han estado buscando para definir el inicio del Antropoceno, también llamada "edad de los humanos": una nueva propuesta para definir la era geológica en la que las actividades humanas han tenido más repercusiones en el planeta.

La definición de esa época busca darle dimensión a la llamada "gran aceleración" del impacto humano en el planeta, el momento en la línea del tiempo en el que se volvió intenso y global.

Esto se produce después de la Segunda Guerra Mundial y se ve, por ejemplo, en la gran explosión en la producción de plásticos.

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Chris Turney, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia, y sus colegas dicen que este árbol pícea de Sitka capta este cambio de forma única en sus anillos de crecimiento.

"Estamos poniendo esto como un serio contendiente para marcar el inicio del Antropoceno. Tiene que ser algo que refleje una señal global", dijo el profesor Turney a la BBC.

"El problema con los registros del hemisferio norte es que reflejan ampliamente en dónde ha ocurrido la mayor actividad humana. Pero este árbol de Navidad registra la naturaleza histórica de esa actividad, y no podemos pensar en ningún lugar más remoto que el Océano Antártico", indicó.

Un gran testigo

Este árbol, similar al abeto, en realidad no debería estar en la isla Campbell, que está a unos 600 kilómetros de la punta sur de Nueva Zelanda.

Su hábitat natural se encuentra en las latitudes del norte del Pacífico, pero un solo ejemplar fue plantado en esta isla subantártica alrededor de 1905, posiblemente como el inicio de una reforestación.

El árbol más próximo se encuentra en las islas Auckland, a unos 200 kilómetros al noroeste.

El profesor Turney y sus colegas hicieron una perforación el en árbol, que tiene anillos de crecimiento anchos y muy bien delineados.

Los examinaron y encontraron un gran aumento en la cantidad de carbono-14 —un isótopo radioactivo del carbono— en una parte de un anillo que corresponde al último semestre de 1965.

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Este pico es una firma inequívoca de la atmósfera de pruebas nucleares que se produjeron después de la Segunda Guerra Mundial.

El isótopo radioactivo de las bombas se incorporó al árbol mediante la fotosíntesis, según el análisis de los expertos.

Mark Maslin, del University College de Londres y coautor del estudio que lo analizó, dice que la adición de elementos químicos se produjo justo después de la prohibición de pruebas nucleares en la atmósfera (1963).

Sin embargo, en el árbol quedaron esas huellas de las consecuencias de detonaciones anteriores que se realizaron en todo el mundo y que contaminaron la biósfera del planeta.

"Si se quiere representar el Antropoceno con el inicio de la Gran Aceleración, entonces este es el registro perfecto para definirlo", dijo.

"Y lo que es realmente interesante es que plantamos (como humanidad) un árbol en donde no debería estar, pero nos ha dado este hermoso registro de lo que le hemos hecho al planeta", continuó.

Una nueva era

La comunidad geológica internacional está evaluando la forma de actualizar la línea de tiempo oficial de la historia de la Tierra, llamada Carta Cronoestratigráfica.

El grupo de trabajo encargado de dirigir la discusión recientemente llegó a la conclusión de que la actual época —llamada Holoceno y que abarca los últimos 11.700 años— no puede incluir los inmensos cambios que tienen lugar en la Tierra como resultado de la actividad humana.

El panel está buscando un marcador que defina el inicio del Antropoceno propuesta.

Técnicamente se conoce como "Sección estratotipo y punto de límite global" (GSSP, por sus siglas en inglés), pero comúnmente es llamado "clavo de oro", o golden spike en inglés.

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Para el inicio del Holoceno, el GSSP es una sección de hielo perforado de la capa de hielo de Groenlandia. La química del hidrógeno registra un aumento en el calentamiento a medida que salimos de la última edad de hielo.

El famoso Cretácico-Paleógeno de los dinosaurios tiene su límite hace 66 millones de años, cuando un asteroide impactó con la Tierra y desencadenó la extinción de los grandes seres.

El pico es un afloramiento de roca en Túnez, el cual contiene una fuerte huella del elemento iridio que se generó por el impacto de la roca espacial.

Lo que será clave para cualquier "clavo de oro" elegido para representar el límite Holoceno-Antropoceno es que sea algo de larga duración: que los geólogos en un millón de años sean capaces de apuntar y decir: "Ahí está. Es el comienzo de la época del Antropoceno".

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"El radiocarbono perdura en cantidades medibles en el orden de 50.000 a 60.000 años. Después de eso, otros radioisótopos asociados con las pruebas de la bomba, como el plutonio, todavía estarán en el medio natural, preservando esa marca", explica el profesor Turney.

"Tenemos registros de la madera de abeto recogidos en la Universidad de Nueva Gales del Sur en Sídney y en Invercargill, en Nueva Zelanda, en un museo y una galería de arte, por lo que la gente puede ir a visitar y poner su dedo en el momento actual que estamos sugiriendo como inicio del Antropoceno".

El profesor Turney y sus colegas han publicado su estudio en la revista especializada Scientific Reports.