La quinta temporada de The Crown narra la crisis vivida por la corona británica tras la separación de Diana y Carlos de Inglaterra. ¿Cómo afectan al bienestar de las familias la separación y las heridas que se producen?
La quinta temporada de The Crown narra la crisis vivida por la corona británica tras la separación de Diana y Carlos de Inglaterra. ¿Cómo afectan al bienestar de las familias la separación y las heridas que se producen? - Foto: ©2021 Netflix, Inc.

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¿Tiene una familia igual de tóxica a la de los Windsor? Aprenda cómo sanar las heridas familiares

La quinta temporada de The Crown reabre viejas heridas de una de las familias más poderosas, entre otras, el divorcio y la muerte de Lady Di. ¿Qué hacer cuando las heridas familiares causan traumas y vacíos?

Tras una larga espera, la quinta temporada de la popular serie The Crown llegó con diez capítulos nuevos para reabrir ante el mundo viejas heridas de la corona británica, una de las familias más poderosas del mundo, que en un siglo de monarquía ha estado envuelta en escándalos y traiciones.

La historia de televisión que sigue la vida de la fallecida Isabel II y sus herederos narró, en sus anteriores temporadas, varios momentos críticos, entre ellos, la abdicación de Eduardo VIII luego de enamorarse de una divorciada, el matrimonio por conveniencia del entonces príncipe Carlos con Diana de Gales y el triángulo amoroso del que hizo parte Camilla Parker, actualmente reina consorte.

Ahora, la quinta temporada se ubica en los años noventa y reabre otras heridas que aún duelen en la monarquía: la muerte de Lady Di en París, al lado de su novio Dodi Al-Fayed, y su sonado divorcio con Carlos de Inglaterra, que incluso propició una controvertida entrevista de Diana de Gales con la BBC.

Denominada por los ingleses como ‘la entrevista del siglo’, la princesa habló sin tapujos de la corona y su matrimonio. Y fue cuando, por primera vez, aseguró que “eran tres personas” en su relación, al referirse a Camilla Parker Bowles, situación que será recreada en esta temporada.

Pero, tal como los Windsor, todas las familias cargan consigo heridas que terminan en traumas, carencias y vacíos. Así lo cree Hernando José Castillo, psicoterapeuta familiar, para quien las familias arrastran heridas por la crianza de una madre tóxica, un padre ausente, la represión o los malos tratos.

“Situaciones que, si no se tratan desde edades tempranas, pueden determinar actitudes en la adultez como falta de autoestima, necesidad de hacer daño a otros o dificultades para encarar futuras relaciones”, dice el especialista.Cuando se trata de abandono familiar, por ejemplo, es una herida que repercute en áreas personales y emocionales.

“Propicia experiencias traumáticas en pareja, maltrato verbal o físico a los hijos y una sensación de no sentirse suficiente, ni merecedor de un buen trabajo, ni con la capacidad de producir una economía estable”, sostiene Castillo. Además, genera que “dones, talentos e ideas se bloqueen por la falta de validación que se necesita permanentemente”.

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Expertos consideran que tal como los Windsor, todas las familias cargan consigo heridas que terminan en traumas, carencias y vacíos. - Foto: Instagram:@thecrownnetflix

El abandono familiar también genera falta de autoestima y una “desvalorización” que puede traducirse en que la persona se sienta “inservible para sí misma, para la familia y para la sociedad”.Otra situación muy frecuente que, según Castillo, genera graves afectaciones en el seno familiar es la crianza bajo entornos de represión.

Esto ocasiona, por un lado, falta de éxito con las parejas sentimentales, por lo que se repiten patrones de abuso y terminan en separaciones, infidelidades y abandono. Asimismo, una mala relación con los hijos, en las que se propician situaciones de maltrato.

También redunda en problemas económicos, en los que la persona no es capaz de usar bien el dinero y, cuando lo tiene, lo gasta de manera compulsiva. Con el tiempo, la persona desarrolla una mala relación con la comida, que desencadena problemas de alimentación y de peso.Pero, quizás la más grave, es que se crece con baja autoestima, de ahí que se tengan dificultades para conectar con las necesidades personales y poner límites en las relaciones interpersonales.

Para el psicoterapeuta, la mejor manera de encarar las heridas familiares pasa por “reconocer que la vida que cada uno ha construido es un reflejo de la relación que se tuvo con los padres o cuidadores en la niñez y, si aquella no fue la mejor vida, es necesario sanar para poder avanzar”.

Hay que tener en cuenta, asegura este terapeuta, que no hay por qué sentir culpa por terminar involucrado en esa situación. “Son momentos que se viven en la niñez en los que no se cuentan con las herramientas emocionales para poner límites, en los que se siente una suerte de peso de lealtad hacia los papás. Y todo se transforma, al crecer, en patrones, creencias y pensamientos con los que se construye la personalidad”.

E insiste en que, si no se identifica a tiempo que ha sido víctima de abuso familiar, “la persona crece todo el tiempo con la mira puesta en el pasado y se mantiene en una identidad del dolor. Y esto se convierte en evasión, rabia y frustración permanentes”.