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Los investigadores analizaron 300 muestras de ADN de mamut. - Foto: Archivo

genética

Tras la huella del mamut lanudo

Una investigación mostró detalles de la vida del mamut y que factores habrían incidido en su desaparición.

El mayor referente que los humanos hoy tienen del mamut es el personaje del dibujo animado de “La era de hielo”. Pues todo parece que tal como lo hacia este caracter animado en la cinta, el mamut lanudo podía andar el equivalente de dos vueltas a la tierra en apenas 28 años de vida. Esta información hace parte de los hallazgos hechos por investigadores canadienses que rastrearon los pasos de uno de estos grandes caminadores. Y son precisamente hallazgos como este, consignados hoy en a prestigiosa revista Science, los que podría ayudar a aclarar las hipótesis sobre la extinción del animal, cuyos dientes eran mayores que un puño humano.

Según Clement Bataille, profesor asistente en la Universidad de Ottawa y uno de los principales autores del estudio se sabía que los mamuts recorrían distancias muy largos pero no estaba claro por qué. “ya que un animal tan grande usa mucha energía para desplazarse”, indicó a la AFP.

Pero al seguir la huella de uno de ellos, los investigadores lograron descifrar el misterio y quedaron asombrados con los resultados: los mamuts estudiados probablemente caminaron alrededor de 70.000 kilómetros, y no se quedaron únicamente en las planicies de Alaska, como era esperado. “Vemos que recorrieron todo Alaska, un inmenso territorio”, precisó Bataille. “Fue realmente una sorpresa”, señala sobre su investigación.

De acuerdo con las autoridades rusas, al año se comercializan de forma ilegal unas 100 toneladas de restos óseos de mamut. Foto: Getty Images - Foto: GETTY IMAGES

Lectura de un colmillo

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores seleccionaron los colmillos de un mamut lanudo macho que vivió al final del último periodo glaciar. El animal, llamado Kik en honor a un río local, vivió cerca del momento en que se extinguió la especie, hace unos 13.000 años.

Uno de sus colmillos fue cortado en dos para hacer una lectura de lo que se conoce como “reporte isotópico de estroncio”. El estroncio es un elemento químico similar a la piedra caliza y está presente en el suelo. Se transmite a la vegetación y, cuando se come, se deposita en los huesos, los dientes o los colmillos. Los isótopos son diferentes formas de este elemento.

Los colmillos crecen a lo largo de la vida del animal, y su punta representa los primeros años, mientras que la base muestra los últimos. Como los isótopos son diferentes en función de la geología, Bataille desarrolló un mapa isotópico de la región. Y, al compararlo con los datos del colmillo, fue posible rastrear dónde estuvo el mamut y en qué momento.

En aquella época, había glaciares que cubrían toda la cadena de montañas de Brooks en el norte y de Alaska en el sur. En el centro se encontraban las planicies del río Yukon. El animal volvía regularmente a las mismas áreas, donde podía quedarse por varios años. Pero sus movimientos también cambiaron fuertemente en función de su edad, antes de que muriera de hambre. Los investigadores encontraron signos de amamantamiento durante sus primeros dos años de vida.

“Lo que fue realmente sorprendente fue que después de su adolescencia comienzan a ser mucho más importantes las variaciones isotópicas”, señaló Bataille. El mamut, según esto, recorrió “en la vida tres o cuatro inmensos trayectos de 500, 600 y hasta 700 kilómetros en pocos meses”.

Para explicarlo, los científicos dicen que el macho pudo ser un solitario que se movía de manada en manada para reproducirse. O pudo haber enfrentado sequías o duros inviernos que lo forzaron a buscar nuevas áreas para alimentarse.

¿Revivirlos?

Bien sea por diversidad genética o por escasez de recursos, es “claro que esta especie necesitó un área muy amplia” para vivir, dijo Bataille. Pero en la época de la transición entre la Edad de Hielo y un periodo interglaciar, cuando se extinguieron, “el área se redujo porque crecieron más bosques” y “los humanos ejercieron una fuerte presión en el sur de Alaska, adonde los mamuts probablemente dejaron de venir”.

Entender los factores que llevaron a su extinción podría ayudar a proteger otras especies de megafaunas actualmente amenazadas, como caribús y elefantes. Con el cambio climático y los humanos restringiendo grandes especies en parques y reservas, “¿queremos que nuestros hijos vean en 1.000 años a los elefantes como nosotros vemos los mamuts hoy?”, pregunta Bataille.

El proyecto Revive & Restore busca traer de vuelta a varios animales prehistóricos como el mamut lanudo, el tigre de Tasmania, el gran alce irlandés y la paloma migratoria.

Lo pregunta porque el genetista de la Universidad de Harvard George Church, ha dicho que quiere clonar a un mamut y ya ha logrado replicar 14 genes del mamut e insertarlos en el ADN de un elefante asiático, el pariente más cercano de este animal extinto hace más de 3.000 años. Esto gracias a la técnica Crispr, mediante la cual es posible reproducir copias exactas de los genes encontrados y transferirlos a la especie actual. Esta técnica reciente permitiría clonar en el futuro no solo a este animal sino a otros de la prehistoria.

Aunque algunos expertos están en desacuerdo con este tipo de procedimientos porque van contra la naturaleza, Church está convencido de que podría ser importante para el ecosistema porque la tundra tiene tres veces más carbono atrapado en el hielo que todos los bosques del mundo. Por esa razón, llevar animales a esa zona geográfica podría evitar que el dióxido sea expulsado a la atmósfera y así protegerla.

Con información de Agence France-Presse