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El rol del sector financiero frente a la pandemia

De cara a superar la crisis y reactivar la economía, el país tiene una de sus mayores fortalezas en un sector financiero rentable y compuesto por grandes conglomerados.


A pesar de la profunda crisis económica provocada por la pandemia en el país, el sector financiero ha sabido responder con suficiencia y ha demostrado su fortaleza.

No solo lo ha hecho al prestar los servicios bancarios y mantener la disponibilidad de los canales de pago en medio de las medidas de aislamiento; también al brindar prórrogas y periodos de gracia a sus clientes, al canalizar los programas de ayuda del Gobierno y al garantizar el flujo de crédito a la economía, mientras protege el ahorro del público.

A pesar de las críticas y el palo que han recibido los bancos, hasta el 15 de julio habían otorgado periodos de gracia a más de 11,6 millones de personas naturales y jurídicas, por un saldo de cartera de 221,9 billones de pesos. La oferta de crédito muestra una menor dinámica ante el deterioro de la economía, pero la cartera de crédito crece a un ritmo real del 7,8 por ciento.

Sin duda, este comportamiento marca una gran diferencia frente a 2008 o a la gran crisis hipotecaria del país a finales de los años noventa. Y será clave para la recuperación de la economía hacia el futuro, pues claramente no hay una crisis financiera.

Los bancos están hoy mejor preparados para enfrentar las circunstancias actuales en términos de capital, liquidez y gestión de riesgos. Por tanto, el sistema “no es parte del problema, sino de la solución”, como afirma el superintendente financiero, Jorge Castaño. El funcionario cree que este será un año muy difícil, pero los esfuerzos de capitalización hechos en el pasado y cambios como la Ley de Conglomerados le permiten al sector una mayor capacidad para resistir el choque y mantener abierta la llave del crédito.

“Estamos aplanando la curva de probabilidad de una crisis financiera. En el corto plazo vamos a trabajar mucho en que las entidades puedan hacer una transición ordenada en los descongelamientos de los periodos de gracia y en la redefinición de esos créditos existentes. Creemos que sí habrá espacio de originación de nuevos créditos, pero a una velocidad muy pequeña”, asegura el superintendente financiero.

Eso sí, será un año exigente. Ante la profundidad de la crisis, es claro que, al igual que ocurre en otras actividades, este año no traerá utilidades para el sector. Algunas entidades tendrán pérdidas y baja rentabilidad, pero lo clave es que no sean de un nivel que golpee en exceso la estabilidad del sector.

La Superintendencia Financiera estima que el margen de solvencia, que hoy está en niveles del 14,9 por ciento, podría disminuir de 250 a 300 puntos básicos aproximadamente. Aún con ello quedaría muy por encima del estándar mínimo del 9 por ciento.

Además, una vez se descongelen los créditos se podría presentar un fuerte deterioro de la cartera, que pasaría del 9 por ciento actual a casi el 23 por ciento, según el ente de control. Esto incrementará el gasto en provisiones en más de 9 billones de pesos.

Pero el sector cuenta con unos colchones acumulados a lo largo del tiempo, como la provisión contracíclica, por 4 billones de pesos; las utilidades acumuladas, por 3 billones, y otros elementos adicionales, que le permitirán llegar a enero de 2021 con margen de maniobra.

El reto es lograr que el sistema financiero, a finales del año, mantenga condiciones de estabilidad en su solvencia. Por eso hay que encontrar un buen balance entre cómo constituir esas provisiones sin afectar los nuevos créditos. Ese primer semestre será una verdadera prueba sobre la capacidad de gestión del riesgo y el sector financiero tiene un rezago en la crisis.

Jorge Castaño, Superintendente Financiero

El reto es lograr que el sistema financiero, a finales del año, mantenga condiciones de estabilidad y solvencia: Superintendente Financiero, Jorge Castaño

De ahí también la importancia de contar con grandes grupos y entidades financieras, con una mejor calidad y cantidad de capital. El patrimonio de los principales grupos financieros alcanzó, a finales de 2019, los 116 billones de pesos, 8,8 más que en 2018. Eso muestra los altos niveles de capital, patrimonio e inversiones que exige la actividad financiera.

Sin duda, la estructura de los conglomerados financieros es una de las principales fortalezas de la banca local y de la economía. Y será uno de los principales bastiones de la recuperación.

Los 13 conglomerados del país manejan activos por más de 909 billones de pesos, 6,6 por ciento más que el año anterior, cifra equivalente a 86 por ciento del PIB. En lo corrido del año, el sector ha protagonizado movidas como la compra de Multibank en Panamá por el Grupo Aval o la compra de una fiduciaria en el país, que hizo el Grupo Sura.

Esta coyuntura debería recordar la importancia de que el sector financiero genere utilidades, pues estas permiten destinar más recursos para préstamos y fortalecer la banca digital. Esta ha exigido hacer inversiones enormes, pero ha resultado una herramienta útil para los usuarios en momentos como el actual.

En los ejercicios de estrés que realiza la Superfinanciera, ninguna de las entidades entra por debajo del límite de solvencia. Por eso no se ve una alerta de riesgo sistémico específica en los próximos dos años. Solo si se prolongaran las condiciones adversas, algunas entidades podrían comenzar a tener problemas. Sin duda, todo dependerá de la profundidad y duración de la crisis y de la velocidad de recuperación.

El Gobierno es consciente de que la reactivación no puede recaer solamente en el crédito bancario. Por esto ha comenzado a trabajar en temas de desarrollo del mercado de valores. Buscará seguir flexibilizando y modernizando el régimen de inversionistas institucionales como los fondos de pensiones. Esto con el fin de que puedan desarrollar mecanismos para invertir en otros riesgos, más sectores y empresas y en temas como la financiación colaborativa. También será clave reforzar la inversión en otras bolsas de la Alianza del Pacífico.

La Superfinanciera y las entidades del sector también trabajan en incentivar inversiones más amigables con el medioambiente, finanzas verdes y con mayor respeto por las comunidades donde operan, así como en temas de diversidad e inclusión.

El sector financiero no solo quiere aumentar su fortaleza ante una crisis como la causada por la pandemia, sino salir más fortalecido para contribuir a un futuro más digital, equitativo y sostenible.

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