Mascotas como los perros y gatos pueden sufrir ante la pérdida de un ser querido, sea de su misma especie o de un humano, debido a que crean fuertes vínculos emocionales con quienes conviven.
Si bien no experimentan el duelo exactamente igual que los humanos, sí perciben la ausencia, los cambios en la rutina y el ambiente emocional del hogar, lo que puede generarles, entre otras cosas, estrés, ansiedad y tristeza.
Los especialistas indican que las mascotas son animales muy sensibles a los hábitos diarios y a la compañía constante. Cuando un integrante de la familia fallece o deja de estar presente, pueden manifestar cambios en su comportamiento.
Los expertos señalan que caninos y felinos desarrollan apego emocional gracias a la convivencia, el afecto y la sensación de seguridad que reciben de sus cuidadores.
El portal Experto Animal incia que en el caso del perro es posible que deje de jugar, duerma más de lo habitual o pierda el interés por la comida, mientras que el gato puede aislarse, mostrarse irritable o cambiar sus rutinas.
Estas conductas comportamentales suelen interpretarse como simples alteraciones pasajeras. Sin embargo, los especialistas indican que los animales también experimentan algo parecido al duelo, por lo que es clave prestarles atención para ayudarles a sobrellevar esos procesos de pérdida.
Al respecto la American Veterinary Medical Association indica que muchos animales domésticos muestran respuestas conductuales tras la pérdida de un compañero, especialmente si convivían estrechamente.
En este sentido, Experto Animal refiere el Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals el cual señala que los perros y gatos pueden mostrar signos compatibles con un proceso de duelo, aunque insiste en que se trata de respuestas al cambio y a la ausencia más que a una comprensión consciente de la muerte.
Otros efectos
Los efectos por la pérdida de un ser querido en estos animales de compañía pueden reflejarse también en la salud física. Así las cosas, cuando un perro pierde interés por el paseo o el juego, su nivel de actividad disminuye, lo que puede derivar en sedentarismo, con consecuencias como aumento de peso o pérdida de masa muscular.
En los gatos, la apatía puede traducirse en menor exploración del entorno, lo que afecta a su bienestar general. Los expertos aseguran que la falta de actividad y el estrés prolongado pueden contribuir a problemas digestivos, debilitamiento del sistema inmunitario y trastornos del comportamiento.
De igual forma, los perros y gatos pueden afrontar otras consecuencias menos visibles como es el caso de las alteraciones del sueño. Los perros pueden mostrarse inquietos durante la noche o dormir en lugares inusuales, mientras que los gatos tienden a cambiar sus ciclos de actividad.