El comportamiento de los gatos ha fascinado a la humanidad por siglos, especialmente su capacidad casi “mágica” para reorientarse en el aire y aterrizar sobre sus cuatro patas. Recientemente, un equipo de investigadores de la Universidad de Yamaguchi, en Japón, liderado por el experto Yasuo Higurashi, ha aportado nuevos datos científicos que desentrañan este misterio de la naturaleza, señalando a la columna torácica como la pieza fundamental de este rompecabezas anatómico.

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Sin embargo, no fue sino hasta finales de la década de 1960 cuando se aceptó que el gato no rompe las leyes de la física, sino que las utiliza a su favor mediante un movimiento determinado. El estudio japonés profundiza en esta teoría al analizar no solo el movimiento, sino la estructura interna que lo hace posible.

La investigación del equipo de Higurashi se centró en comparar dos secciones críticas de la espalda felina. Tras analizar ejemplares donados para la investigación científica, los resultados fueron contundentes.

“La región torácica es aproximadamente tres veces más flexible que la lumbar y presenta una rigidez significativamente menor”, detalla el informe.

Este descubrimiento revela la existencia de una “zona neutra” de unos 47 grados en la parte superior de la columna, un rango de movimiento que permite el giro sin resistencia. En contraste, la zona lumbar carece de esta libertad, actuando como un anclaje que estabiliza la segunda fase del aterrizaje. Esta diferencia permite que el gato dividir su cuerpo: primero rota la cabeza y los hombros, y milisegundos después, el resto del torso.

Para validar estos hallazgos anatómicos, los científicos registraron caídas controladas de gatos vivos desde una altura de un metro, utilizando cámaras de alta velocidad y marcadores de movimiento. El análisis reveló que el desfase temporal entre la rotación de la parte delantera y la trasera es de apenas 72 a 94 milisegundos.

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Este proceso, conocido como el modelo de “recogimiento y giro”, implica que el felino encoge sus patas delanteras para reducir su inercia y girar rápidamente, mientras extiende las traseras para frenar la rotación del resto del cuerpo, logrando así una precisión milimétrica antes del impacto.

Un hallazgo inesperado durante las pruebas fue la preferencia lateral de los animales. En la mayoría de las repeticiones, los gatos tendieron a girar hacia la derecha.

Más allá de la curiosidad que despierta en los dueños de mascotas, este estudio tiene aplicaciones prácticas de alto nivel. La comprensión de la flexibilidad vertebral felina podría mejorar los tratamientos veterinarios para lesiones de columna y, en el campo de la ingeniería, servir de base para el diseño de robots de rescate con mayor capacidad de maniobra en terrenos irregulares o caídas accidentales.