Mucho se habló en Colombia, desde diferentes trincheras, de que el aumento del salario mínimo decretado por el Gobierno de Gustavo Petro (23 % en una sola tanda en 2026) causaría presiones inflacionarias como las que ahora enfrenta el país, con un indicador por encima del 6 % y pronósticos de que continúe aumentando en lo que resta del año.
Por ello, al concluir la reunión de la junta del Banco de la República este viernes 31 de julio, en la que el equipo encargado de la política monetaria del país decidió, por mayoría, mantener sin cambios las tasas de interés, el ministro de Hacienda, Germán Ávila, respondió a los interrogantes sobre la posición que había mantenido el equipo de gobierno del que hace parte hasta el 6 de agosto.
Durante los últimos meses, Ávila abogaba por una reducción de tasas de interés que permitiera reanimar la economía, pero la mayoría de los integrantes de la junta del Emisor sacaban la carta de la inflación, lo que llevó —inclusive— a un enfrentamiento entre el representante del Ejecutivo en la junta.
Las tensiones en las reuniones del equipo directivo del Banco Central de Colombia aumentaban cada vez que había una decisión contraria a la que defendía Ávila. Por ello, al término de su última reunión en este grupo decisorio, fue interrogado acerca de si tenía una reflexión final frente a la relación entre los altos aumentos del salario mínimo y los efectos que provocaba.
En respuesta, Ávila no dudó en afirmar que, por el contrario, lo volverían a hacer. Incluso manifestó que es algo que los llena de orgullo, pues están seguros de que “es el camino adecuado”.
En su argumentación, afirmó que esa es la única manera de reactivar la economía: mejorar los ingresos y las condiciones de vida de la población más vulnerable.
“Las veces que sea necesario”
Por ello, enfatizó: “Si tuviéramos que volver a subir el salario mínimo en los porcentajes que se hizo, lo volveríamos a hacer sin titubear, y todas las veces que fuera necesario”, aseguró.
Momentos antes, el ministro había expresado que, en términos reales, con los aumentos aplicados, el salario mínimo está un 30 % por encima del que se tenía cuando el gobierno de Gustavo Petro llegó al poder.