Este viernes 31 de julio se reunirá la Junta Directiva del Banco de la República para definir qué hará con las tasas de referencia en el marco de su política monetaria.
La reunión tiene varias particularidades: una, será la última en el Gobierno Petro, relación que estuvo marcada por tensiones y hasta amenazas del mandatario de que su ministro de Hacienda no asistiera, lo que habría limitado las acciones de este organismo por la importancia de la figura ministerial: preside la junta y, según los estatutos, sin su presencia no se puede tomar ninguna decisión. Esto llevó a demandas ante los tribunales y el Consejo de Estado, en una medida preventiva, mientras decide de fondo, suspendió provisionalmente la norma que exigía la presencia obligatoria del ministro de Hacienda.

La segunda, que se definirá el nivel de la tasa de interés con el que arrancará su mandato Abelardo De La Espriella.
Y la tercera, que podría marcar las decisiones futuras de la junta en materia de tasas, que ya está en su máximo nivel de los últimos años.
De acuerdo con la encuesta de Anif sobre las tasas de julio, la mayoría de los analistas anticipa un nuevo incremento de la tasa de intervención. El 66,7 % anticipa un aumento de 50 puntos básicos, que ubicaría la tasa en 12,50 %. Este ajuste respondería, en parte, al repunte de la inflación local en junio (6,14 % anual).
Bancolombia, en su análisis, plantea dos contextos. El primero, que espera que la autoridad monetaria incremente la tasa de interés en 75 puntos básicos, hasta el 12,75 %, en respuesta a un panorama inflacionario que mantendrá su deterioro durante el segundo semestre de este año.

Afirma el estudio que la combinación de presiones inflacionarias persistentes y expectativas aún desalineadas con la meta justifica que la Junta complete el proceso de endurecimiento iniciado a comienzos del año antes de transitar hacia una nueva etapa de conducción de la política monetaria, en la que la tasa se mantendría estable durante varios trimestres, previo al inicio de un ciclo de recortes.
En otras palabras, para Bancolombia, la reunión del 31 de julio podría definir el nivel terminal del ciclo de alzas de tasas y anticipar el inicio de una nueva fase de conducción de la política monetaria, en la que la tasa se mantendría estable durante varios trimestres, antes del inicio de un ciclo de recortes.

“Con esta decisión, la Junta se aproximaría al cierre del proceso de endurecimiento iniciado en enero y establecería el nivel con el que enfrentaría la fase más compleja del proceso de convergencia de la inflación. Nuestro escenario contempla que la inflación continuará acelerándose durante el segundo semestre del año como resultado de la persistencia de los mecanismos de indexación, la solidez de la demanda interna, el ajuste de algunas tarifas reguladas y los choques de oferta sobre los alimentos”, añade el análisis.
A su vez, las expectativas de inflación para el cierre de año se ubican en el 6,52%, muy por encima de la meta del 3%, lo que evidencia el carácter gradual del proceso de convergencia. “En este contexto, la decisión de julio responde a un balance de riesgos que continúa siendo desafiante para la política monetaria”.
El análisis se pregunta: ¿Por qué el 12,75% sería un nivel de tasa suficiente? “Aunque el balance de riesgos para la inflación aún justifica un nuevo incremento de la tasa de interés, consideramos que el aumento de julio podría corresponder al tramo final del ciclo de endurecimiento del Banco de la República. Durante los últimos meses, la Junta ha acumulado un endurecimiento monetario de 275 puntos básicos desde enero, que ha llevado la tasa de interés a un nivel contractivo”.
Sin embargo, también advierte que, aunque la inflación aumente durante los próximos meses, no implicaría necesariamente nuevos incrementos de la tasa.

“La política monetaria opera con rezagos y una parte importante del ajuste implementado aún no se ha transmitido plenamente sobre las condiciones financieras, el crédito, el consumo y la inversión. Por ello, los efectos del endurecimiento monetario seguirán acumulándose incluso si la tasa permanece estable. Además, a medida que la inflación se modere durante 2027 —hasta el 5,2%—, el nivel de la tasa de interés real aumentaría de forma gradual, lo que reforzaría el carácter contractivo de la política monetaria aun cuando la tasa nominal no registre nuevos incrementos”, afirma el informe.
Explica que, hasta ahora, el énfasis de la Junta Directiva ha estado en la determinación del nivel de tasa necesario para responder al deterioro del panorama inflacionario. “Una vez alcanzado ese nivel, el principal desafío dejaría de ser cuánto más aumentar la tasa y pasaría a ser cuánto tiempo deberá mantenerse una postura monetaria suficientemente restrictiva para garantizar que la inflación retorne hacia la meta”.
Bancolombia calcula que la tasa se mantendría estable en el 12,75% hasta el primer semestre de 2027, ya que la convergencia de la inflación será gradual y los componentes más persistentes de la canasta tardarán más tiempo en moderarse.
Aun cuando el ciclo de aumentos concluya en julio, la trayectoria posterior de la política monetaria permanecería condicionada por la evolución de la inflación. “La Junta no iniciaría un proceso de flexibilización únicamente porque la inflación haya comenzado a disminuir. Sería necesaria evidencia suficiente de que el proceso de desinflación es sostenible y compatible con el retorno de la inflación hacia la meta en el horizonte de política”, señala el estudio de Bancolombia.
En particular, agrega, sería determinante observar una reducción sostenida de las presiones sobre los componentes más persistentes del índice de precios al consumidor. Estos elementos permitirían evaluar si la moderación de los precios responde a un cambio estructural en la dinámica inflacionaria o, por el contrario, a factores transitorios. “Solo bajo ese escenario la Junta contaría con el espacio necesario para dar inicio a un ciclo gradual de reducciones de la tasa”.

Entre los principales riesgos al alza que destaca el informe de Bancolombia se encuentran una mayor persistencia de la inflación básica, un incremento significativo del salario mínimo para 2027, la materialización de choques de oferta asociados al fenómeno de El Niño y una convergencia más lenta de las expectativas de inflación.
Cualquiera de estos factores podría retrasar el inicio de la flexibilización monetaria más allá de junio de 2027. En dirección contraria, una desaceleración más rápida de la inflación podría abrir espacio para que el ciclo de reducciones comience antes de lo previsto.
“En síntesis, la reunión del 31 de julio no solo sería relevante por la eventual definición del final del ciclo de incrementos de tasa. Su verdadera importancia radicaría en la definición del punto de partida de una nueva fase de conducción de la política monetaria. La fase más exigente comenzaría precisamente a partir de esta decisión, cuando la Junta considere que ya no son necesarios nuevos aumentos”, anticipa el análisis.
