La pintura, a lo largo de la historia, se ha configurado como un poderoso producto comunicativo que va reflejando las tendencias de cada época y también las distintas prácticas que se perpetúan de generación en generación.

Este es el pintor que adornó con sus obras algunas de las principales iglesias de Bogotá

El arte ha mutado. Hoy en día, la necesidad de representar la realidad tal cual se presenta va menguando en comparación con otras épocas, cuando la pintura reinaba como un vehículo de memoria gráfica.

Retrato de monja coronada. Foto: Banco de la República API

La capacidad de congelar un momento de manera instantánea mediante la fotografía ha empujado a la pintura a migrar hacia otro tipo de representaciones.

Desde hace siglos existe un género de pintura sumamente particular que tiene una especial importancia dentro de la historia del arte: las monjas coronadas.

La relación que hay entre la Iglesia y el arte es innegable, pues hablar de arte colonial negando la religión es un asunto inverosímil. Es allí donde aquellos apasionados por el tema no solo tienen que aprender de técnica pictórica, sino también de historia eclesiástica.

El Banco de la República de Colombia posee, quizá, una de las colecciones de monjas coronadas más importantes de Hispanoamérica: 46 retratos en total.

Los retratos de monjas coronadas corresponden a religiosas fallecidas. Ahora bien, esto toma especial relevancia cuando se profundiza más en el significado de este momento, pues el más importante de la vida de una monja es el día en que muere.

¿Por qué es tan importante la muerte para las monjas?

Las monjas de clausura son mujeres que decidieron dedicar su vida a la oración al interior de un convento. Ellas no se casan terrenalmente, sino con Cristo y, por tanto, la muerte significa que van a encontrarse con su “Divino Esposo”.

Juana de la concepción, monja coronada, Museos Banco de la República. Foto: Banco de la República API

La composición de estas pinturas es muy similar: muestran el cuerpo de la mujer fallecida con una corona de flores en la cabeza, vistiendo el hábito característico de la orden a la que pertenece.

En algunas de estas obras se ubica una cartela con el nombre religioso de la mujer, la edad que tenía al momento de su muerte y los años que duró como religiosa; la extensión de estas cartelas puede ser variable, pues, en ocasiones, se incluyen otros aspectos relevantes que incrementan su longitud.

Detalle cartela monja coronada. Foto: Banco de la República API

Es importante mencionar en este punto que el nombre religioso no es el mismo nombre de pila, pues, por tradición, estas mujeres, al entrar al convento, toman un nombre diferente al que les fue dado al momento de bautizarlas.

Aunque muchas personas sientan repulsión al ver la muerte, en estos casos esta no es sinónimo de tristeza, sino de alegría, al dejar para la posteridad el recuerdo de una mujer que entregó su vida a la oración, demostrando así su amor por Cristo.

La ostentosa casa que perteneció a uno de los hombres más ricos del siglo XIX en Colombia

Hoy en día en los conventos ya no se realizan retratos pintados de las monjas coronadas, en algunos casos se ha optado por hacer un retrato fotográfico de este momento tan especial de las religiosas fallecidas con su corona, siguiendo de ese modo una tradición de siglos.

El Banco de la República, en el año 2016, realizó una importante exposición titulada “Muerte Barroca” con algunas pinturas de monjas coronadas.